domingo, 27 de noviembre de 2016

El héroe de nuestro tiempo


BIBLIOTECA FELIPE TRIGO
Volumen I El héroe de nuestro tiempo
En camisa rosa, En la carrera, El médico rural

Badajoz, Departamento de Publicaciones de la Diputación Provincial, 2016, 850 págs.
Edición de Luis Sáez Delgado

   De rotundo acierto hay que calificar la idea del Departamento de Publicaciones de la Diputación de Badajoz de publicar en el centenario de la muerte de Felipe Trigo (Villanueva de la Serena, 1864) una “Obra selecta” del autor agrupada en cuatro volúmenes: I El héroe de nuestro tiempo (En camisa rosa, En la carrera y El médico rural), II Rigurosa etiqueta (Sor Demonio y La clave), III Del momento futuro (Las Evas del paraíso, La Altísima y Novelas cortas) y IV Fragmentos de un viaje (Cuentos, El amor en la vida y en los libros y Selección de textos de viaje y ensayo).
   El otro acierto ha sido encomendar esta vasta tarea al profesor Luis Sáez Delgado, que ha dado numerosas muestras de su valía profesional en cargos como director de instituto, coordinador del plan de Fomento de la Lectura en Extremadura o Director de la Editora Regional entre 2008 y 2011, pero también de su lucidez como lector y estudioso en ensayos como “Muchos años después” (en Reflexiones sobre la novela), “La república nómada. Viaje y viajeros en la literatura contemporánea de Extremadura” (en Invitación al viaje), “La novela extremeña hacia el futuro” (en Extremadura-Portugal. Escribiendo el siglo XXI) y en libros como Animales melancólicos. La invención literaria de la identidad, Un duelo privado. Notas sobre el exilio como literatura de viajes y Literatura en Extremadura, siglo XX, en colaboración, este último, con el profesor Miguel Ángel Lama.
   Bajo el epígrafe de “El héroe de nuestro tiempo”, el volumen que ve ahora la luz incluye, como decimos, tres títulos que han corrido distinta suerte editorial: En la carrera. Un buen chico estudiante en Madrid (Pueyo, 1909) y El médico rural (Renacimiento, 1912) son consideradas de modo unánime obras “mayores” en la trayectoria de Trigo, quien las imaginó, junto con un tercer título que no llegó a escribir (El médico militar), como integrantes de una trilogía titulada El ángel caído. La publicación de En camisa rosa (Biblioteca Hispania, 1916) coincidió con la muerte del escritor, lo que debió ensombrecer su acogida, y es el único volumen de un grupo de seis narraciones que llevaría por título Sonatas del diablo.
   A pesar de los planes de Trigo y de la diferencia de fechas de composición y publicación, la ordenación de estos tres títulos en un solo volumen resulta, pensando en los intereses del lector, de todo punto natural. Siguiendo la perspectiva de un protagonista-testigo (Antonio en la primera novela y Esteban en las restantes) iremos descubriendo el proceso de “formación” de un “héroe de nuestro tiempo” en distintos tramos de su vida: niñez y adolescencia (En camisa rosa), años de formación universitaria (En la carrera) y primeros años de ejercicio profesional (El médico rural) y en las tres narraciones adivinamos un marcado sustrato autobiográfico (más o menos manipulado estéticamente: la procedencia de los materiales narrativos es, al fin y al cabo, irrelevante).
   De la interesante Introducción que abre el volumen (con un estudio sobre el conjunto de su obra y unas sagaces “notas previas” a cada novela) reproducimos un fragmento que subraya esa simbiosis entre un hombre de letras y el tiempo convulso que le ha tocado vivir (y que ha sabido contar).

   “Yo hablo en nombre de la vida no es solo el lema con que Felipe Trigo encabeza su obra, es también la declaración que culmina un siglo orientado a la vida: la biología, la medicina o la filosofía parecían haber descubierto el sentido amoroso de todo lo viviente, la lujuria de los átomos. Ha hecho falta toda la fuerza del XX, todo el dolor de las trincheras y de la deshumanización del arte para desacreditar esa ilusión de las ciencias experimentales que se llamó la vida, disecada y estudiada, diseccionada y novelada sin tregua.
   La obra de Felipe Trigo cubre ese espacio en que la batalla del XIX aparenta estar definitivamente perdida, una derrota que lleva a elegir el momento de su muerte como si le hubiesen aconsejado cerrar su vida en ese justo instante, y no adentrarse por el corto siglo XX, el que comienza tras la I Guerra Mundial; hoy, la memoria del centenario de la Gran Guerra entre las naciones más civilizadas de Occidente se confunde con el de uno de los escritores que con más entusiasmo defendió una Europa civilidad y pacífica, la que contemplaba desde un globo aerostático en su novela Alma en los labios. Imposible una imagen tan Belle Époque” [p. 11]

jueves, 24 de noviembre de 2016

La disección de la rosa


LA DISECCIÓN DE LA ROSA

Eduardo Moga
Mérida, Editora Regional de Extremadura, Col Perspectivas, 2015, 470 págs.
Prólogo de Aurelio Major

   En otra entrada de este blog ya dimos cuenta de la trayectoria poética de Eduardo Moga (Barcelona, 1962) recogida recientemente en una antología, El corazón, la nada. Antología (1994-2014)pero la labor del escritor se ha abierto a otros ámbitos como la traducció (Ramón Llull, Frank O’Hara, Évariste Parny, Charles Bukowski, Carl Sandburg, Richard Aldington, Tess Gallager, Arthur Rimbaud, Billy Collins, William Faulkner, Milton Rokead, Wal Whitman, la edición (fue codirector de la colección de poesía de DVD Ediciones desde 2003 hasta 2012) o la crítica literaria que ejercido en revistas como Letras Libres, Cuadernos Hispanoamericanos, Revista de Occidente, Ínsula, Turia o Quimera.
   La disección de la rosa, publicado en 2015 por la Editora Regional de Extremadura y presentado recientemente en Badajoz por Manuel Pecellín Lancharro, secretario de la Academia de Extremadura, y Joaquín González Manzanares, presidente de la UBEX, reúne los trabajos publicados en las citadas revistas durante aproximadamente un decenio. En esta recopilación predominan las reseñas sobre libros de poesía, tanto españoles como hispanoamericanos, aparecen autores que intuimos predilectos en más de una ocasión (Antonio Gamoneda, María Zambrano, Pere Gimferrer), incorpora ensayos extensos (sobre Pérez Walias, González Ruano, Mateo Rello) y abundan los nombres de poetas extremeños (Álvaro Valverde, Álex Chico, Basilio Sánchez, José Antonio Llera, Javier Pérez Walias, Mario Martín Gijón, Julio César Galán). Si como recuerda el prologuista en una cita de Whitman “el poeta es el hombre ecuánime”, Moga, también como lector, muestra esa cualidad repetidamente, como sucede cuando enjuicia la labor poética de González Ruano en quien reconoce a un individuo infame pero también a un escritor fiel a una vocación poética Nos hallamos en este caso que queremos citar como ejemplo de ecuanimidad ante una aproximación honesta a una obra elaborada durante la vertiginosa sucesión de los ismos, atraída tanto por la experimentación como por la tradición clásica, que ni logró remontar el vuelo en su momento ni se salvará en el futuro (como, por otra parte, la mayoría de trayectorias poéticas), pero que merece ser recordada, al margen de las marrullerías delictivas de su autor.
   Como ejemplo de la atención que dirige a los poetas extremeños, reproducimos un fragmento de la reseña (“Amo esta sequedad”, Letras Libres, nº 86, noviembre de 2008) que dedicó a Desde fuera (2008), de Álvaro Valverde.

Desde fuera mantiene, en todo momento, un subido tono existencial. Es aguda la percepción del paso del tiempo, de lo ido, y de su peso espectral en el presente. La memoria, en su lucha incesante contra el olvido, alivia apenas la certeza de que somos lo que perdemos, de que nuestra personalidad es solo un cúmulo de recuerdos y extravíos. La muerte acude, desde los primeros versos, como inevitable corolario de la preocupación existencial, aunque Valverde la analiza con inusual intensidad en la sección “Entonces la muerte”, que contiene algunos de los poemas más conmovedores del libro, como el segundo, que plasma el flujo de la vida y, sobre todo, el flujo de la muerte: el poeta describe la vela de su padre enfermo, en una cama de hospital, recuerda la que este guardó al suyo, y anticipa la que sus hijos le guardarán a él, en la misma silla, sujetándole muy fuerte la mano” [p. 383]



miércoles, 16 de noviembre de 2016

Un error histórico


La pasión de escribil


LA PASIÓN DE ESCRIBIL
Relato de tres viajes a Hispanoamérica

Sevilla, La isla de Siltolá, Col. Levante, 303 págs.

   Eduardo Moga (Barcelona, 1963) es autor de una dilatada trayectoria poética que arranca con Ángel mortal (1994) y La luz oída («Premio Adonáis», 1996) y ha sido recogida en una antología reciente El corazón, la nada (Antología poética 1994-2014). Pero Moga es también un notable prosista que ha cultivado el libro de viajes en títulos como La pasión de escribil (2013), una selección de entradas de su bitácora, Corónicas de Ingalaterra, con el título de Corónicas de Ingalaterra. Un año en Londres (con algunas estancias en España) (2015), y los ensayos De asuntos literarios (2004), Lecturas nómadas (2007), La poesía de Basilio Fernández: el esplendor y la amargura (2011) y La disección de la rosa (2015). Ha codirigido la colección de poesía de DVD ediciones desde 2003 hasta 2012. Mantiene el blog Corónicas de Españia. En la actualidad, es director de la Editora Regional de Extremadura y coordinador del Plan de Fomento de la Lectura.
   La pasión de escribil [sic], una expresión oída casualmente a una hablante hispana, relata, como indica el subtítulo del libro, tres viajes a Hispanoamérica (Venezuela, República Dominicana y México) invitado a lecturas poéticas. Reproducimos un fragmento del texto prologal (“Haciendo las maletas”), un espléndido poema en prosa sobre la condición del viaje que no es representativo del tono general del libro, en el que con un registro de crónica viajera traza “una irónica fotografía de la sociedad literaria de hoy y un ácido recuento interior, en el que confluyen la fascinación por los lugares que se conocen y el horror que esos mismos lugares inspiran, la ternura y la sátira, la soledad de uno y la historia de todos. Y ello narrado con la prosa exigente, pero llena de naturalidad, de un poeta esencial” [Texto de contraportada]

Haciendo las maletas

   Viajar supone acrecentar la vida, o alumbrarla de nuevo: como la poesía, el viaje vulnera el pacto que hemos establecido con las cosas, por costumbre, conveniencia o desidia, y nos devuelve siquiera sea transitoriamente, el sentimiento primigenio de existir. Por el viaje, los cuchillos son más cortantes que nunca, el sol sale como un gran cráter de oro, que jamás nos había parecido tan amarillo, y se pone como una gran sangría estelar, inconcebible de sombras y púrpuras; los transeúntes pasan con una movilidad desconcertante, hecha de brazos que bracean, y cabezas que cabecean, y caras turbulentas de ojos y tristeza; y los árboles pasan, también, con las raíces estremecidas, meneando el pelo y sacudiéndose los pájaros. Todo se afirma en lo que es, como si rebrotara después de un largo estiaje, como si, despojado de la espectralidad de lo cotidiano, naciese a la materia, ensangrentada, significante. La repetición de la caricia anula el placer de la caricia. Y su renacimiento solo puede provenir de  los sentidos: en los viajes, las cosas, aun las más ásperas, nos acarician, el mundo nos ausculta, el aire nos huele, nos duele. Los viajes son una experiencia táctil: alcanzamos el conocimiento por la piel, y ese aprendizaje nos descubre también a nosotros: somos más quienes somos –o lo averiguamos, al fin- cuando los objetos dejan de ser amables, cuando nos niegan su solidaridad, cuando sus signos han de ser descifrados. Para comprenderlos, debe haber un yo que comprenda: es necesario hacerse cuando está todo por hacer. El viaje disipa  la niebla de  lo evidente. El viaje nos permite dialogar con quien se esconde en nosotros” [pp. 11-12]

Trienios


TRIENIOS
Diario y bestiario de un funcionario

Jorge Márquez
Mérida, De la Luna libros, 2016, 281 págs.
Presentación (“Bienvenidos a la jungla”) de Wesley J. Weaver III

   Director del Festival de Teatro Clásico de Mérida entre 2000 y 2005, Jorge Márquez (Sevilla, 1958) es un articulista, dramaturgo y narrador con más de veinte obras teatrales como Coraggio, mia signora (premio Constitución de 1992), Títeres de la luna, Hazme de la noche un cuento, La tuerta suerte de Perico Galápago (premio “SGAE” de 1994) o Cuchillos de papel (premio “Lope de Vega” de 2010). Como narrador, Márquez es autor de El claro de los trece perros (premio “Ciudad de Salamanca”, 1996), Las parcas (Editora Regional de Extremadura, 2000), que reúne tres narraciones cortas tituladas “Cloto (La taberna)”,”Láquesis (La brújula)” y “Átopos (La habitación de hotel”, y Los agachados (Sevilla, Algaida, 2003). Ahora, la editora emeritense De la Luna libros publica su tercera novela, Trienios, cuya trama alterna bloques narrativos diferenciados por el tipo de letra, un “diario” de un ordenanza que ha perdido a la mujer que ama y un “bestiario” protagonizado por numerosos tipos humanos que tienen en común su trabajo en la administración (maestros, ordenanzas, técnicos de mantenimiento, jefes de recursos humanos, directores de departamentos de publicaciones…) durante un amplio tramo cronológico que abarca los años de la República, el Franquismo, la Transición y las décadas de Democracia. El resultado es un reflejo a veces ácido, en ocasiones amable, de la vida cotidiana de ese mundo cerrado, reacio a la transparencia, en que todo (contratación de personal, ascensos, despidos…) se somete al clientelismo, al parentesco, a la arbitrariedad, a la concesiones interesadas (“Si das de comer a quien te critica, no podrá hablar mal de ti cuando mastica”) de un poder burocratizado que exhibe parecidas lacras sea cual sea la forma de gobierno.
   Reproducimos un fragmento en que un auxiliar administrativo recién llegado y un técnico de mantenimiento discuten frente a una fotocopiadora atascada (una secuencia, por cierto, fácilmente representable).

        “-A ti te han mandado hacer fotocopias y a mí me han mandado reparar la fotocopiadora –exhibe un papel arrugado en la mano izquierda, una orden escrita-. Será porque la fotocopiadora necesita ser reparada, digo yo. O sea, que está averiada. Y si la fotocopiadora está averiada, es imposible que tú estés haciendo fotocopias. Entonces, si no estás haciendo fotocopias, ¿me puedes decir qué coño estás haciendo con la fotocopiadora?
-Pues… fotocopias –responde Nicolás con cara de tonto-. Bueno –se lanza antes de que el técnico vuelva a enredarle en el laberinto de su ilógica funcionaria-, el caso es que estaba averiada pero poco; tenía un folio atascado, se lo he sacado y funciona […]
-No, no. Qué va –dice. No es posible que funcione. Vamos a ver, ¿tú quién eres?
-Nicolas  Lagarcha -le tiende la mano-, auxiliar administrativo. Me he incorporado hoy.
-Muy bien, Nicolás Lagarcha Auxiliar Administrativo –responde el técnico ignorando la oferta de saludo-. No sé si decirte encantado de conocerte, fíjate, por lo que me estás contando. Así que has abierto tú la fotocopiadora.
-Sí, pero porque…
-Y que la has arreglado –le interrumpe, ya sin preguntar.
-Bueno, es que era…
-Y me has dicho que te llamas Nicolás Lagarcha Auxiliar Administrativo; o sea que eres auxiliar administrativo, Nicolás Lagarcha, la misma palabra lo dice.
-Sí…
-Muy bien. ¿Y tú sabes cómo me llamo yo? –no tiene intención de dejarle contestar-. Pues yo me llamo Eladio Presilla Técnico de Mantenimiento, ¿Sabes por qué? Pues porque soy técnico de mantenimiento, la misma palabra lo dice; lo cual no me impide ir a tu mesa y hacer tu trabajo de auxiliar administrativo; así tú te tocas los huevos, y cuando venga tu jefe y te pregunte por qué te estás tocando los huevos en vez de trabajar, le dices que Eladio Presilla Técnico de Mantenimiento ya ha hecho tu trabajo. ¿Y sabes qué pasa entonces? Pues que tu jefe dirá que si hay otro que hace tu trabajo para qué coño te necesita a ti, y te mandará a la puta calle. ¿Entiendes la metáfora?”. [pp. 254-255]

domingo, 13 de noviembre de 2016

Rollos y picotas de Extremadura



ROLLOS Y PICOTAS DE EXTREMADURA

Marino González Montero
Mérida, De la Luna libros, 2016, 500 págs.

   Marino González Montero (Almaraz, Cáceres, 1963) es profesor de secundaria  en Mérida. Fundador de la revista de creación La Luna de Mérida, ha sido finalista en el Premio Setenil al mejor libro de relatos publicado en 2004 con su libro En dos tiempos. También ha publicado Tangos extremeños  y los libros de cuentos Sedah Street, Diarios Miedos y Sed, así como los poemarios Incógnita del tiempo y la velocidad y Un estanque de carpas amarillas. Es coautor del libro Puentes de Extremadura y de la edición ilustrada de La vida del Lazarillo de Tormes. Como autor teatral ha publicado The Tempest, una versión libre de la obra de Shakespeare, y ha realizado distintas versiones de textos grecolatinos como Cásina, El Persa o Truculentus, de Plauto, y El Eunuco, de Terencio. También es autor de la versión libre del poema épico-dramático La bella Magalona.

El impostor


   Hace algunos meses vinieron a verme al colegio en que trabajo dos antiguos compañeros de internado (coincidimos durante varios años en el Colegio Covadonga de Mérida; mucho después supe que pertenecía a una siniestra institución católica denominada “Asociación Nacional de Propagandistas”). 
   Habían pasado más de veinte años desde nuestra separación.
   Fue una reunión cordial en torno a unos cafés, pero pronto sentí, mientras compartíamos recuerdos comunes, la incómoda sensación de que hablaban de mí como si yo fuera el único de los tres que había triunfado en la vida (uno fue director de una sucursal bancaria hasta que un problema de salud lo obligó a jubilarse, el otro regentaba un bar de su propiedad). Me sentí como cuando en una conversación se inmiscuye un malentendido que uno se resiste a aclarar con la certeza, sin embargo, de que cuanto más se postergue su esclarecimiento más incomodidad va a ocasionar. Pero entonces pensé: si ellos creen que has triunfado, ¿quién eres tú para sacarlos de su error? Luego me dije: si ellos piensan que has triunfado, ¿no es posible que, de algún modo oblicuo y difícil de precisar, lleven razón? Al fin y al cabo, ¿qué significa “triunfar en la vida” más allá de que los demás crean que lo has logrado?
      Demoré la despedida para darles la oportunidad de que me admiraran otro par de minutos y volví al colegio con la impresión de que acababa de dar un paso más en mi triunfante carrera de impostor (ahora bien, me pregunté, ¿no será la impostura una virtud de los triunfadores?).

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Eduardo Moga en Don Benito





   El pasado viernes, Eduardo Moga (Barcelona, 1962) abrió la actividad del Aula Literaria Guadiana del curso académico 2016-2017 con una intervención en el Colegio Claret de Don Benito a la que asistieron alumnos de este centro y de los IES Donoso Cortés y Cuatro Caminos. Con un enfoque marcadamente pedagógico, apropiado al público que le escuchaba, Moga habló de la singularidad del discurso poético en nuestros días (frente a otros registros: científico, periodístico…) y recitó composiciones de varios libros suyos, en que se alternaban poemas en prosa con composiciones en estrofas clásicas y verso libre. Por la tarde, en una espléndida sala del Museo Etnográfico de la ciudad, con la presencia de la Concejal de Cultura, el escritor intervino ante un público atento, entre el que no faltaron varios escritores (Juan Ricardo Montaña, Yolanda Regidor, Teresa Guzmán Carmona, Antonio María Flórez, Elías Moro, Diego González…) con el que mantuvo un animado coloquio.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

La forma de las ruinas


LA FORMA DE LAS RUINAS

Juan Gabriel Vásquez
Madrid, Alfaguara, 2015, 549 págs.

   La forma de las ruinas es la quinta y, por ahora, última novela de Juan Gabriel Vásquez (Bogotá, 1973), con la que quedó finalista del premio nacional de narrativa colombiana del presente año, un género que muestra en estos momentos una notabilísima altura literaria (la novela premiada fue Después y antes de Dios, de Octavio Escobar, publicada por Pre Textos en 2014 y ganadora del premio “Ciudad de Barbastro” de ese mismo año). En 2001, Juan Gabriel Vásquez publicó su primera obra narrativa, un libro de relatos titulado Los amantes de Todos los Santos, al que siguieron las novelas Los informantes (2004), Historia secreta de Costaguana (2007, premio Qwerty en Barcelona y premio Fundación Libros & Letras de Bogotá), El ruido de las cosas al caer (premio Alfaguara 2011, English Pen Award 2012, premio Gregor con Ressori 2013, IMPAC Dublin Literary Award 2014) y Las reputaciones (premio Real Academia Española 2014 y premio Arzobispo Juan de San Clemente 2014).
   Escrita desde la situación real del escritor, más o menos manipulada literariamente, La forma de las ruinas se propone reconstruir las circunstancias en que se produjo el asesinato de Jorge Eléicer Gaitán, candidato disidente del partido liberal, ocurrido el 8 de abril de 1948 en Bogotá. Las protestas populares y la durísima represión supusieron el inicio de un periodo histórico conocido como “La Violencia”. Tanto este magnicidio como otro anterior recordado en la novela (el de Rafael Uribe Uribe, en octubre de 1914, también candidato del partido liberal) fueron atribuidos a asesinos (dos en el caso de Uribe) que actuaron por propia iniciativa y sin ningún apoyo. La revisión de este par de casos deja muchas dudas sobre la versión “oficial” de los hechos (como también sucede con la versión oficial del asesinato del Kennedy o el frustrado golpe de estado dado en España en febrero de 1981). La novela (género definido por Balzac como la “historia privada de las naciones”) se sitúa así en un plano similar a obras como Anatomía de un instante de Javier Cercas (a quien se alude veladamente en el texto que hemos seleccionado), erigiendo un discurso enfrentando al que el “poder”, con todos sus instrumentos de manipulación (políticos, judiciales, periodísticos) impone en todas partes.

   “El 9 de abril es un vacío es en la historia colombiana, sí, pero es otras cosas además: un acto solitario que mandó a todo un pueblo a una guerra sangrienta; una neurosis colectiva que nos ha servido para desconfiar de nosotros mismos durante más de medio siglo. En el tiempo transcurrido desde el crimen los colombianos hemos intentado, sin éxito, comprender lo que ocurrió ese viernes de 1948, y muchos lo han convertido en un entretenimiento más o menos serio y han consumido así su tiempo y sus energías. También hay norteamericanos -yo conozco a varios- que se pasan la vida entera hablando del asesinato de Kennedy, de sus detalles y sus pormenores más recónditos, gente que sabe de qué marca eran los zapatos de Jackie el día del crimen, gente que puede recitar frases enteras del informe Warren. Y sí: también hay españoles -no conozco a muchos, pero sí a uno, y con él me basta- que no dejan nunca de hablar del fallido golpe del 23 de febrero de 1981 en el Congreso de Diputados en Madrid, y que podrían encontrar con los ojos cerrados los huecos de los tiros en las paredes del hemiciclo. Hay gente igual en todo el mundo, me imagino yo, gente que responde así a las conspiraciones de sus países: convirtiéndolas en un relato que se cuenta y se vuelve a contar, como las fábulas de niños, y también en un lugar de la memoria o la imaginación, un lugar virtual al que vamos para hacer turismo, revivir nostalgias o tratar de encontrar algo que se nos ha perdido” [pp. 25-26]

martes, 1 de noviembre de 2016