domingo, 31 de enero de 2016

Presentación de La sentencia

CASA DE CULTURA
DON BENITO

Presentación del poemario póstumo de
Santiago Castelo
La sentencia
XXV Premio de Poesía Jaime Gil de Biedma


Intervienen:

Carlos García Mera
Juan Ricardo Montaña García
Antonio Reseco González
Manuel Simón Viola

Viernes, 5 de febrero, 20,30 de la tarde

lunes, 25 de enero de 2016

Manuel Vilas en Don Benito


   El pasado viernes, Manuel Vilas (Barbastro, 1962) visitó el aula Guadiana de Don Benito para hablar de su obra poética (el cuadernillo entregado a los alumnos, elaborado por el propio autor, contenía textos de varios poemarios suyos) a alumnos de bachiller de tres centros de la zona: el IESCuatro Caminos, el IES Donoso Cortés y el Colegio Claret. A la lectura siguió un coloquio en que el escritor contestó a numerosas preguntas de los chicos (¿cuándo se sintió por primera vez un escritor profesional?, ¿por qué aparecen tantos coches en sus poemas?, ¿cuál de los géneros que cultiva prefiere?...). Por la noche, Manuel Vilas tuvo un encuentro en la Casa de Cultura de Don Benito, de distinto enfoque y tono, abierto al público en general. La fotografía del acto es de Antonio María Flórez.

La sentencia


LA SENTENCIA

Santiago Castelo
Madrid, Visor, 2015, 72 págs.
XXV Premio de Poesía Jaime Gil de Biedma

   Juan Ricardo Montaña, uno de los mejores amigos de José Miguel Santiago Castelo (Granja de Torrehermosa, 1948-Madrid, 2015), me hizo llegar hace unos días una ejemplar de La sentencia, último libro de versos escrito por el poeta pacense, un diario estremecedor de la enfermedad que acabaría con su vida en una clínica madrileña (la misma en que moriría su madre como recuerda en uno de los poemas), desde el momento en que recibe la noticia de su enfermedad (con la “sentencia” que da título a la primera composición y a todo el libro). Los poemas (con una notable variedad métrica característica de todos sus poemarios: verso libre, romancillos, décimas, sonetos…) siguen el curso de la enfermedad, recogen mejoras ilusorias y recaídas, regresan a los destellos luminosos del recuerdo o se entregan a la confianza de una religiosidad serena. Reproducimos uno de estos poemas compuesto desde la perspectiva de quien se sabe ya en la “otra orilla” (título de la última composición del libro).

PROFECÍA

Viviré en los encinares
cuando sólo sea memoria,
cuando me borre la historia
y mis versos sean cantares…
Por encinas y olivares
irá vagando mi alma
y al atardecer en calma
de la clara primavera
oiréis mi nombre en la era
y en el rumor de la palma.

martes, 19 de enero de 2016

Manuel Vilas en el Aula Guadiana


AULA GUADIANA

LECTURA DE MANUEL VILAS

CASA DE CULTURA DE DON BENITO

Viernes, 22, 8,30 de la tarde

   Manuel Vilas (Barbastro, 1962) es poeta y narrador. Entre sus libros de poesía destacan El cielo (2000), Resurrección (XV Premio Jaime Gil de Biedma; 2005), Calor (VI Premio Fray Luis de León; 2008), Gran Vilas (XXXIII Premio Ciudad de Melilla; 2012) y El hundimiento (XVII Premio de Poesía Generación del 27; 2015). Es autor de las novelas Magia (2004), España (2009), que fue elegida por la revista Quimera como una de las diez novelas más importantes en español de la primera década del siglo XXI, Aire nuestro (2009), que obtuvo el Premio de la Librería Cálamo, Los inmortales (2012), El luminoso regalo (2013) y Setecientos millones de rinocerontes (2015). Es autor, asimismo, de un libro de relatos, Zeta (2002, reeditado en 2014), de un diario ficticio, Dos años felices (1996) y de los ensayos La vida sin destino (1994), La región intermedia (1999) y MV Reloaded (2011). Además, ha recopilado sus estados de Facebook en el libro Listen to me (2013). En marzo de 2015 ganó el X Premio Llanes de Viajes. Su obra figura en las principales antologías tanto de poesía como de narrativa. Escribe habitualmente en el Heraldo de Aragón, en ABC Cultural y El Mundo.

viernes, 8 de enero de 2016

Aire por aire


AIRE POR AIRE
A Santiago Castelo

Juan Ricardo Montaña (Ed.)
Don Benito, Vberitas, 2015, 69 págs.

   Entre los numerosos y merecidos homenajes que vienen dedicándose a la memoria de José Miguel Santiago Castelo es preciso mencionar el del colectivo dombenitense Vberitas, coordinado por Juan Ricardo Montaña, que ha reunido en un volumen textos de numerosos amigos del poeta (precisamente, la amistad es uno de los temas recurrentes en la trayectoria de Castelo, desde Tierra en la carne hasta La sentencia, su último libros de poemas). En él han colaborado José Luis Bernal Salgado, Pureza Canelo, Manuel Cerrato Quintero, Carmen Fernández-Daza Álvarez, Jesús Mª García Calderón, Carlos García Mera, Teresa Guzmán Carmona, Luis Ledo, Jesús Lillo Criado, Marisa de Llanos Pérez, Carlos Medrano, Pilar Molinos, Juan Ricardo Montaña García, Manuel Núñez García, Antonio Reseco Álvarez, Basilio Sánchez, Álvaro Valverde y José Antonio Zambrano. Reproducimos el texto con que se cierra el volumen (un libro realizado con el esmero y la pulcritud con que Juan Ricardo elabora todos su proyectos), una evocación del poeta situada en el cementerio de Granja de Torrehermosa, donde el poeta se sabía dueño de “un huerto / sembrado de cruces / y un ciprés de sombra / y melancolía…”

VUELTA CASA

Una luz rabiosa hiere la cal del camposanto entre plantas soñolientas. Hace calor. En el recinto reina una paz infinita y hay un alegre trinar de colorines. De vez en cuando se hace el silencio. En el cielo limpio y azul de Extremadura, otros azules del Caribe y del mediterráneo han venido a este concierto de alas multicolores. No es un cementerio triste, sino solemne. Todos están, de nuevo en la casa, esperando a que llegaras para cerrar la puerta. Yo descanso mi pena sobre la baranda, infinita como tu grandeza. Tengo detrás tu cuerpo, la cal, el trino y los cipreses. Delante el pueblo. Entre mi pena y la torre hay un mar de espigas doradas que demoraron la siega para esperarte. Tú lo dijiste, ¿recuerdas?: “vendré por las amapolas, por el trigo, cada tarde…”. Sobre sus ramas, las encinas centenarias lloran atardeceres púrpuras.

En el malecón de La Habana, un danzón de espuma y sal.

Este mayo se nos va en un domingo de primavera herida, ya para siempre. Descansa en paz, mi querido amigo.

En Granja de Torrehermosa, a 31 de mayo de 2005
Juan Ricardo Montaña García