martes, 27 de febrero de 2018

Omar Pimienta en Don Benito


  Junto con José Viñals (Corralito, Argentina, 1930) y Octavio Escobar Giraldo (Manizales, Colombia, 1962), Omar Pimienta (Tijuana, México, 1978) es el tercer escritor hispanoamericano que visita el Aula Guadiana. La Concejal de Cultura, Natalia María Blanco Gómez ha presentado a los medios esta mañana el acto abierto al público que tendrá lugar en el Museo Etnográfico de Don Benito a las 19,30 de la tarde. Al día siguiente, en el salón de actos del IES Donoso Cortés hablará de su obra a alumnos de bachiller de este centro, del IES Cuatro Caminos y del Colegio Claret. Omar Pimienta en licenciado en Estudios Latinoamericanos por la Universidad Estatal de San Diego (California), escritor y artista interdisciplinario que vive y trabaja en la frontera de Tijuana/San Diego. Tres de sus poemarios han visto la luz en España, uno en Valencia (Escribo desde aquí. Pre-Textos, 2009), otro en Villanueva de la Serena (Primera persona: Ella. Littera Libros, 2009) y otro en Cáceres (El álbum de las rejas. Ediciones Liliputienses, 2016).

Félix G.Modroño en Don Benito (II)





   Por la noche, Anabel Cidoncha, presidenta de la Asociación de Antiguos Alumnos del Colegio Claret, abrió el acto en que Félix G. Modroño intervino ante un público formado en su mayor parte por compañeros de su promoción de bachiller, en una charla informal, sin texto escrito ni guiones, que repasó su vida (el título de la intervención de la mañana fue “La vida en los libros”) y su transformación paulatina en materia literaria, desde el abandono de un trabajo estable en el sector bancario hasta su dedicación exclusiva a la escritura. Reacio al carácter engolado y protocolario con que estos encuentros suelen desarrollarse, el escritor adoptó un tono informal propio de una reunión de amigos. Las fotografías fueron tomadas por Manuel Toscano y Antonio María Flórez.

sábado, 24 de febrero de 2018

Vivir enfrente


VIVIR ENFRENTE
(Nueve conversaciones)

Alex Chico
Mérida, Editora Regional, Col. Entrevistas, 2018, 233 págs.
Ilustraciones de Javiera Gaete Fontirroig

   Alex Chico (Plasencia, 1980) es licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Salamanca y DEA en Literatura Española por  la Universidad de Granada. Profesor de Lengua y Literatura en un instituto de Barcelona, ha ejercido la crítica literaria en diversos medios (Revista Kafka, Quimera, Falsirena, Revista de Letras…) y ha publicado las plaquettes Escritura, Nuevo alzado de la ruina y Las esquinas del mar. En 2008 la Editora Regional de Extremadura publicó La tristeza del eco, un poemario al que siguieron Dimensión de la frontera (Las Isla de Siltolá, 2011), Un lugar para nadie (De la luna libros, 2013), y Habitación (La Isla del Siltolá, 2014). En 2016 la editorial chilena Andesgraund publicó una antología de su obra poética desde 2008 a 2014 con el título Espacio en blanco. Es autor, asimismo, de un ensayo ficción, Un hombre espera (Libros en su tinta, 2015) y el cuaderno de notas Sesenta y cinco momentos en la vida de un escritor de posdatas (La Isla de Siltolá, 2016).
   Vivir enfrente, que ahora publica la Editora Regional de Extremadura en una nueva colección titulada “Entrevistas” reúne nueve extensas conversaciones concebidas como “un intercambio de signos, de percepciones […] la posibilidad de ser otro, de vivir enfrente, aunque sea por un tiempo muy breve”, que en su momento vieron la luz en la revista digital Kafka y en Quimera, como afirma el autor en un texto preliminar (“Fórmula cortesía”). Los autores entrevistados son Gonzalo hidalgo Bayal, Esther Tusquets, Javier Cercas, Álvaro Valverde, Sergio Gaspar, Carme Riera, José Manuel Caballero Bonald, Jodi Doce y Raúl Zurita. Reproducimos una de las preguntas en que, en un efecto de bucle, el entrevistador, vuelve la mirada sobre el propio hecho de entrevistar a un escritor.

   “Recuerdo un comentario que hiciste sobre Dossier, el libro que dedicó Gerard de Cortance a Paul Auster. “Trata en vano de que Auster desentrañe las claves ocultas de su obra, sin que parezca caer en la cuenta de que es la persona menos indicada para hacerlo, porque es evidente que si conociera esas claves nunca hubiera escrito sus novelas”. ¿Es útil entrevistar a un escritor?

   Si el entrevistador es bueno, puede ser útil. Yo leo las entrevistas con escritores. Lo que pasa es que hay que hacerlo con prudencia. Creo que es un error pensar que el escritor tiene todas las claves de su obra y que lo que él dice respecto a ella va a misa. Interpretar la obra de un escritor, a la luz de lo que él dice, algunos americanos lo llaman falacia intencional. Eso no significa que las opiniones de un escritor no tengan interés. Tienen un enorme interés. Para mí, son las que más interés tienen, sobre otros escritores, sobre sí mismo… Pero siempre tomándolas con prudencia, sin tomarlas como si fueran la Biblia. Cervantes dice que El Quijote pretende acaba con los libros de caballería y hay gente que lo toma al  pie de la letra. Pues no, señor, porque no es así. Cervantes dice que Persiles es su mejor libro y tampoco es así. A lo mejor lo decía con fines propagandísticos, a lo mejor lo decía porque se engañaba… Es interesante saber que Cervantes decía eso”. [p. 78].


viernes, 23 de febrero de 2018

Félix G. Modroño en Don Benito





   Presidida por Anabel Cidoncha, la Asociación de Antiguos Alumnos del Colegio Claret ha invitado a Félix G. Modroño (Bilbao, 1965) a una charla abierta al público en general que se celebrará hoy 23 de febrero en el hotel Vegas Altas a las 20,30 de la tarde. Por la mañana, el escritor ha visitado el Centro para conversar con los alumnos de primero de Bachiller con una intervención titulada “La vida en los libros”. Tras recordar su paso por el Colegio en donde cursó los dos últimos años de bachiller, el escritor ha hablado de su vocación literaria (que acabó imponiéndose a un trabajo bien remunerado en la empresa privada), de varias peripecias editoriales y de las claves biográficas que subyacen en novelas suyas como Muerte dulce (2009) o La ciudad de los ojos tristes (2012), su novela más conocida.

jueves, 22 de febrero de 2018

Omar Pimienta en el Aula Guadiana



   El próximo día 1 de marzo visitará Don Benito Omar Pimienta en el curso de las actividades del Aula Guadiana. El escritor mexicano intervendrá en un acto abierto al público en el Museo Etnográfico a las 19,30 de la tarde. Al día siguiente, en el salón de actos del IES Donoso Cortés hablará de su obra a alumnos de bachiller de este centro, del IES Cuatro Caminos y del Colegio Claret.
   Omar Pimienta. Tijuana, B.C., México (1978). Escritor y artista interdisciplinario que vive y trabaja en la frontera de Tijuana/San Diego. Su práctica artística aborda cuestionamientos de identidad, trans-nacionalidad, poéticas de emergencia, espacio y memoria. Actualmente estudia su doctorado en Literatura en la Universidad de California en San Diego, recibió su maestría en Artes Visuales por la misma Universidad en 2010 y su licenciatura en Estudios Latinoamericanos por la Universidad Estatal de San Diego en  2006. Ha presentado su trabajo en México, Colombia, Chile, Estados Unidos, Dinamarca, Alemania, Polonia, España y Marruecos. Ha publicado cuatro libros de poesía: Primera Persona Ella, La Libertad: Ciudad de Paso, Escribo desde aquí (ganador del X premio Emilio Prados del Centro Cultural Generación del 27 Málaga España, 2009) y su más reciente libro El álbum de las rejas. Su experiencia en la negociación de fronteras, en quedar perpetuamente atrapados en/entre códigos sociales y formales, es un impulso constante para su práctica interdisciplinaria.

viernes, 16 de febrero de 2018

Ordesa


ORDESA

Manuel Vilas
Madrid, Alfaguara, 2018, 387 págs.

   Manuel Vilas (Barbastro, 1962) es un poeta cuyos libros han sido distinguidos con premios tan reconocidos como el XV “Jaime Gil de Biedma”, el VI “Fray Luis de León o el XVII premio internacional de poesía “Generación del 27” (su Poesía completa vio la luz en 2016 en Visor). Como narrador, ha publicado dos libros de relatos (Zeta, 2014, y Setecientos millones de rinocerontes, 2015) y cuatro novelas: España (Punto de lectura, 2012), Aire nuestro (Alfaguara, 2009), Los inmortales (Alfaguara, 2012), y El luminoso regalo (Alfaguara, 2013).
   Ahora, la editorial Alfaguara publica Ordesa, una novela que se propone reconstruir mediante el ejercicio de la memoria la vida de una familia de clase media en una España que trata de salir del atraso y la pobreza, pero también es una crónica, lúcida y cruel, de unos destinos humanos abocados a la enfermedad y a la muerte, a las rupturas y a la soledad, escrita por un narrador que con un tono en ocasiones desgarrador y a ratos intensamente poético siente la necesidad de sobreponerse a todo un repertorio de desapariciones dolorosas.
   Reproducimos un fragmento y un poema inserto en un “Epílogo: la familia y  la Historia”.


     15

   “Mi madre veía la mano del diablo en su adversidad cotidiana. Muchas veces decía: “El diablo está en esta casa”, cuando buscaba algo y no lo encontraba. Y concluía gritando: “Imposible que el diablo no esté en esta casa”. Y buscaba algo que tenía delante, pero que no sabía ver. Yo he heredado el mismo principio de demencia. Busco cosas que están delante de mí, como un libro o una carta o un cuchillo o una toalla o unos calcetines o un papel de un banco y no las sé ver. Mi madre estaba convencida de que el demonio le escondía las cosas, que el demonio era el culpable de los pequeños contratiempos. Ella vivía todos esos accidentes domésticos con intensidad de loca. Y yo soy ella ahora, y el demonio no es otra cosa que una degeneración neuronal hereditaria que toca el nervio óptico y se transforma en oleadas de conexiones químicas apagadas o titubeantes, y en ese deterioro eléctrico de la transmisión de la realidad se incuban las bacterias de la psicosis, y la forma orgánica de la voluntad se pudre en una masa de órdenes ajenas al mundo social y me convierto en un museo de sequedad, de silencio, de soledad, de suicidio, de sordera y de sufrimiento.
   Para mi madre y para mí, la vida no tenía o no tiene argumento.
   No está pasando nada” [p. 58].

    Papá

No bebas ya más, papá, por favor.
Tu hígado está muerto y tus ojos aún son azules.
He venido a buscarte. Mamá no lo sabe.
En el bar ya no te fían.
Iban a llamar a la policía,
pero me han avisado a mí antes,
por compasión.

Papá, por favor, reacciona, papá.
Hace meses que no vas a trabajar.
La gente no te quiere, ya no te quiere nadie.
Muérete lejos de nosotros, papá.
Nunca estuvimos orgullosos de ti, papá.
Por favor, muérete muy lejos de nosotros.
Nos lo debes.
Siempre estabas de mal humor.
Casi no te recordamos, pero nos llaman del bar.
Vete lejos, nos lo debes.
Es el único favor que te pido.
[Epílogo, p. 382].


Diccionario de símbolos


DICCIONARIO DE SÍMBOLOS

Jesús Aguado
Mérida, Editora Regional, Col. Perspectivas, 2017, 357 págs.
Prólogo del autor

   Nacido en Madrid en 1965, Jesús Aguado es poeta, traductor de poesía hindú y antólogo, cuya trayectoria como creador comienza con Primeros poemas del naufragio aparecido en 1984, fecha a partir de la cual sus libros aparecen periódicamente (Los amores imposibles recibió el premio Hiperión de 1990) hasta los recientes La luna se mueve sola (La isla de Siltolá, 2015), Carta al padre (Vandalia, 2016) y Paseo (Luces de gálibo, 2017)
   Diccionario de símbolos recoge, ordenados alfabéticamente, textos aparecidos en su mayoría en el diario La Opinión de Málaga que ya habían visto la luz en dos obras anteriores, Diccionario de símbolos (Ed. Paréntesis) y Verbos (ZUT Ediciones). Con varias supresiones y textos añadidos, la obra, organizada al modo del conocido Diccionario de símbolos de Juan Eduardo Cirlot, se compone de textos de muy distinto perfil: breves narraciones, poéticas, notas para conferencias o presentaciones, reflexiones ensayísticas, poemas en prosa… para construir “un espacio  donde poner un poco de orden (el alfabético es tan válido como cualquier otro) en el desorden consustancial de la existencia, y un refugio donde descansar del vendaval de los días y las cosas, y una oportunidad para reflexionar con calma sobre lo que es (y lo que uno es)”. [Texto de contraportada].
   Reproducimos una de las entradas, titulada “Nubes”, de este Cirrus Vertebratus de honor por la Asociación Española de Contempladores de Nubes.

NUBES

   “Las nubes dibujan formas en el cielo y uno se ensimisma en ellas. Quién no lo ha hecho alguna vez. Un gato de bigotes de luz, una hoja que baila sobre su eje, la cara de su abuelo, una casa con un  pozo al lado. Las nubes pasan sobre nosotros y, si nos tomamos el tiempo de sentirlas y de seguirlas con la mirada, nuestra cabeza se fuga hacia lo alto. Estamos, entonces, en las nubes y nos hacemos, a poco que renunciemos a esa experiencia mágica, pura nube nosotros mismos. Nos distraemos, nos ponemos a imaginar, nos dejamos llevar por los vientos dominantes, nos incendiamos con los mil y un colores de la paleta y de la sensibilidad. Y también tenemos, desde esa posición elevada y libre, mejor perspectiva sobre los paisajes que somos, un conocimiento más completo de las tierras que habitamos. Las tierras del corazón y la de la mente, las de nuestros sueños y nuestras ideas, las del alma y las del cuerpo. Estar en las nubes es vagar por los cielos interiores confiando en que este viaje, dure lo que dure, nos abra los ojos y nos enseñe a ser lo que somos sin temer cambios, vértigos o tormentas. Estar en las nubes, además, es irse probando formas (el gato, la hoja, la cara, la casa) para disfrutar y aprender de ellas, y para no quedar confinados y rehenes de una sola. Las nubes pasan, nosotros pasamos: somos hermanos en esto y en ese algodonoso, lento y dulce deseo de infinito (visitar todos  los espacios, ser todas las cosas) que se parece tanto a la felicidad”. [pp. 237-238].

lunes, 12 de febrero de 2018

Tres cuentos de Macondo y un discurso



TRES CUENTOS DE MANCONDO Y UN DISCURSO

Gabriel García Márquez
Bogotá, Secretaría de Cultura / Instituto de las Artes Plásticas, Col. Libro al viento, 2015, 75 págs.

   Con ocasión del primer aniversario de la muerte de Gabriel García Márquez en Ciudad de México en abril de 2014, la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte y el Instituto Distrital de las Artes Plásticas publicaron en la colección “Libros al viento” (con ejemplares distribuidos de modo gratuito en estaciones, parques, hospitales, comedores comunitarios y cárceles), un volumen con texto preliminar de Antonio García Ángel (“Prefiguraciones macondianas”), tres cuentos del escritor (“Monólogo de Isabel viendo llover en Macondo”, “La  siesta del martes” y “Los funerales de la Mamá Grande”) y el discurso de aceptación del premio Nobel leído por el escritor en Oslo el 10 de diciembre de 1982.
   “Monólogo de Isabel viendo llover en Macondo”, en su origen un capítulo de La hojarasca (1955), es el primer texto del escritor en que se menciona Macondo. Apareció en 1952 la revista El Heraldo de Barranquilla bajo el título “El invierno” y, por su contenido, prefigura el diluvio de cuatro años, once meses y dos días que en Cien años de soledad asola el pueblo de los Buendía. “La siesta del martes” y “Los funerales de la Mamá Grande” vieron la luz en el volumen de este último título, y también se relacionan con la novela más conocida del escritor, en el primer caso por  la referencia a la United Fruit Company que ya se ha instalado en Macondo (“el tren salió del trepidante corredor de rocas bermejas, penetró en las plantaciones de banano, simétricas e interminables”), el segundo, “con sus resonancias míticas, su profusión narrativa y el tono hiperbólico de los acontecimiento” [Preliminar, p. 10]
   Reproducimos el fragmento inicial del tercer texto, el discurso de aceptación del Nobel, que el poeta tituló “La soledad de América latina”.

   “Antonio Pigafetta, un navegante florentino que acompañó a Magallanes en el primer viaje alrededor del mundo, escribió a su paso por nuestra América meridional una crónica rigurosa que sin embargo parece una aventura de la imaginación. Contó que había visto cerdos con el ombligo en el lomo, y unos pájaros sin patas cuyas hembras empollaban en las espaldas del macho, y otros como alcatraces sin lengua cuyos picos parecían una cuchara. Contó que había visto un engendro animal con cabeza y orejas de mula, cuerpo de camello, patas de ciervo y relincho de caballo. Contó que al primer nativo que encontraron en la Patagonia le pusieron enfrente un espejo, y que aquel gigante enardecido perdió el uso de la razón por el pavor de su propia imagen.
   Este libro breve y fascinante, en el cual ya se vislumbran los gérmenes de nuestras novelas de hoy, no es ni mucho menos el testimonio más asombroso de nuestra realidad de aquellos tiempos. Los cronistas de Indias nos legaron otros incontables. Eldorado, nuestro país ilusorio tan codiciado, figuró en mapas numerosos durante largos años, cambiando de lugar y de forma según la fantasía de los cartógrafos. En busca de la fuente de la Eterna Juventud, el mítico Alvar Núñez Cabeza de Vaca exploró durante ocho años el norte de México, en una expedición venática cuyos miembros se comieron unos a otros y sólo llegaron cinco de los 600 que la emprendieron. Uno de los tantos misterios que nunca fueron descifrados, es el de las once mil mulas cargadas con cien libras de oro cada una, que un día salieron del Cuzco para pagar el rescate de Atahualpa y nunca llegaron a su destino. Más tarde, durante la colonia, se vendían en Cartagena de Indias unas gallinas criadas en tierras de aluvión, en cuyas mollejas se encontraban piedrecitas de oro. Este delirio áureo de nuestros fundadores nos persiguió hasta hace poco tiempo. Apenas en el siglo pasado la misión alemana de estudiar la construcción de un ferrocarril interoceánico en el istmo de Panamá, concluyó que el proyecto era viable con la condición de que los rieles no se hicieran de hierro, que era un metal escaso en la región, sino que se hicieran de oro”.

domingo, 11 de febrero de 2018

Área de descanso


ÁREA DE DESCANSO
Diario de lecturas (2013-2017)

Javier Morales
Mérida, Editora Regional de Extremadura, Col. Perspectivas, 2017, 360 págs.
Prólogo de Rafa Ruiz y Manuel Cuellar
  
   Nacido en Plasencia en 1968, Javier Morales estudió Periodismo y Derecho en Madrid. Profesor de escritura creativa, ha trabajado como periodista en numerosos medios y colabora con las principales publicaciones del país. Hasta el momento, ha publicado tres libros de relatos, La despedida (Editora Regional, 2008), Lisboa (Editora Regional, 2011) y Ocho cuentos y medio (Baile del Sol, 2014). Asimismo es autor de las novelas Pequeñas biografías por encargo (Huerga y Fierro, 2012) y Trabajar cansa (Tenerife, 2016). 
   Ahora, la Editora Regional de Extremadura publica Área de Descanso. Diario de lecturas 2013-2017, que recoge artículos aparecidos en la columna  del mismo nombre (Área de Descanso) que mantiene en El Asombrario, revista cultural asociada al diario Público. El resultado es un nutrido conjunto de reseñas de lecturas sobre numerosos autores, con preferencia por los narradores jóvenes, en las “que de alguna forma se cuela siempre la vida y la actualidad más inmediata”. (“Un diario de lecturas”). No faltan referencias a autores de la región (Álvaro Valverde, José Antonio Gabriel y Galán, Alex Chico, Luis Landero, Gonzalo Hidalgo Bayal, Juan Ramón Santos, Julián Rodríguez, Elías Moro…).
   Reproducimos un fragmento dedicado a una de las novelas de Susana Martín Gijón (Sevilla, 1981), Vino y pólvora  (Anantes, 2016).

   “En Vino y pólvora, como se le pide a una buena novela policíaca, la trama está bien amarrada. La autora nos la va desvelando poco a poco, sabe crear  la tensión necesaria para que sigamos leyendo. ¿Quién será el asesino del magnate extremeño? ¿Qué ha pasado con la niña? Pero estas preguntas tan solo son un anzuelo, porque lo que le interesa a Susana Martín Gijón, creo, es otra cosa. Y esa otra cosa es mostrarnos el mundo en que vivimos. La autora posa su mirada en las zonas de sombra de nuestra sociedad, en las personas más vulnerables, en los inmigrantes, las mujeres maltratadas, los niños, y nos alerta de la corrupción, el poder y el servilismo.
   A pesar de la dura realidad que retrata, se trata de una novela optimista, en la que Martín Gijón nos reta a saber más sobre nosotros mismos, sobre el mundo que nos rodea. La solución a la injusticia  pasa por afrontar pequeñas causas, como hace Annika en su trabajo como policía, en el que ha tenido que combatir tabúes y prejuicios, y en el que no falta un jefe que antepone todo con tal de salvar el culo”. [5 de mayo de 2016].


sábado, 10 de febrero de 2018

Su clara luz recibe



SU CLARA LUZ RECIBE
Estudios sobre Juan Meléndez Valdés

Miguel Ángel Lama
Mérida, Editora Regional, Col. Estudio, 2017, 133 págs.

   Profesor titular de Literatura Española en la Universidad de Extremadura, Miguel Ángel Lama (Zafra, 1962) ha publicado estudios y ediciones sobre autores españoles del siglo XVIII, como Vicente García de la Huerta, Nicolás y Leandro de Moratín o José Cadalso, de quien editó su poesía (Ocios de mi juventud. Ed. Cátedra, col. Letras Hispánicas, 2013). Fundó y dirigió la revista de Filología Laurel y fue durante más de quince años director del Servicio de Publicaciones de la Universidad de Extremadura. Formó parte del consejo de redacción de las publicaciones periódicas fundadas por Ángel Campos, Espacio/Espaço Escrito y Hablar/Falar de Poesia y, en la actualidad, de Suroeste. Revista de Literaturas Ibéricas, dirigida por Antonio Sáez. Es asimismo el director de la revista Cuadernos Dieciochistas, de la Sociedad Española de Estudios del siglo XVIII, que publica Ediciones de la Universidad de Salamanca.
   Es autor del dietario El trabajo gustoso (ERE, 2002) y ha publicado en la misma Editora Regional la edición de Poesías, de Vicente García de la Huerta (1997), la Obra periodística y literaria de Antonio Otero Seco (2008, en colaboración con Francisco Espinosa Maestre) y el volumen dedicado a la poesía de Literatura en Extremadura 1984-2009 (2010).
   Ahora, la Editora Regional de Extremadura publica con ocasión del segundo centenario de la muerte de Meléndez Valdés (Ribera del Fresno, 1754-1817) Su clara luz recibe del profesor Miguel Ángel Lama, que reúne seis estudios sobre el escritor extremeño: “El poeta, el magistrado”, “Juan Meléndez Valdés. El discurso de apertura de la Real Audiencia de Extremadura”, “Las poesías de Meléndez Valdés. Su ordenación”, “La oda XXXIX de Meléndez Valdés”, “La primera edición expurgada de una letrilla de Juan Meléndez Valdés” y “Meléndez Valdés en José de Espronceda”.
   Profesor de Humanidades de la Universidad de Salamanca, magistrado en diversos destinos, autor de una obra literaria en diversos géneros y mejor poeta español de la centuria, fiscal del Consejo Real, Consejero de Estado, caballero de la Orden Real de España, miembro de la Real Academia de la Lengua… Meléndez Valdés conoce como otros ilustrados el camino del exilio tras el regreso al trono de Fernando VII y la huida de España de José I. Una de las dos Españas acababa de cerrar violentamente una oportunidad histórica  (“Sus puñales vimos, / y España en tal duelo, / cual madre, a otro suelo / nos hizo partir”). Reproducimos el relato del exilio.

   “Tras su paso por varias localidades francesas (Bayona, Dax, la actual Vic-Fézensac, Condom, Toulouse) que sirvieron de primer refugio a los españoles exiliados en los meses siguientes a su salida de España, Meléndez Valdés, con la salud muy quebrantada, recaló en Montpellier en 1814, luego pasó a Nîmes, en donde residirá casi todo el año siguiente, hasta octubre, cuando tuvo que ir al depósito de los refugiados de Aléx, donde solicitó traslado de nuevo a Montpellier a finales de 1815. E los sesenta y tres años, el 24 de mayo de 1817, moría Meléndez de un ataque de apoplejía, tras este desastrado periplo que sirvió de colofón a los últimos años de su vida y que no concluyó del todo con la desaparición del hombre. Sus restos conocieron cinco sepulturas desde la fecha de su muerte hasta 1900: un enterramiento clandestino en la bodega de una casa de campo de Montpellier, una sepultura en la parroquia de Montferrier en febrero de 1819; nuevo traslado en marzo de 1818 al cementerio de Montpellier; y por fin traslado a España en 1866 en donde los restos fueron depositados primero en la iglesia de San Isidro y luego, en 1900, en el cementerio madrileño de San Isidro, junto a los de Leandro Fernández de Moratín y su paisano Juan Donoso Cortés”. [p. 25].

viernes, 9 de febrero de 2018

Cuentos a la carrera



CUENTOS A LA CARRERA
Nueve autores Caldenses
Manizales, Alianza por la Lectura /Fundación Luker, 2015, 64 págs.

   Cuentos a la carrera es una compilación de relatos de nueve escritores caldenses que la Alianza por la Lectura, dependiente de la Corporación Cívica de Caldas, publica en colaboración con la Fundación Lunker para que puedan ser leídos por los usuarios de los taxis de la ciudad (ese es el sentido del título). Con una tirada de 2000 ejemplares, el volumen recoge los siguientes relatos: “Fábula del carbonero”, de Adalberto Agudelo Duque (Manizales, 1943), “El canario de la casa de la esquina”, de Alonso Aristizábal (Pensilvania, 1945), “Lo que la WD nunca dijo del Coyote”, de Octavio Escobar Giraldo (Manizales, 1962), “Epigolatría”, de Antonio María Flórez (Don Benito, 1959), “Arthur Rimbaud visita el Tequendama”, de Eduardo García Aguilar (Manizales, 1953), “El retrato”, de Orlando Mejía Rivera (Bogotá, 1961), “La aparición de la virgen”, de Fabio Vélez Correa (Risaralda, 1947), “Calamidad doméstica”, de Adriana Villegas Botero (Manizales, 1974) y “El cumpleaños de la señorita Etelvina”, de Jorge Eliécer Zapata Bonilla.
   Reproducimos un fragmento del relato de Adalberto Agudelo.

FÁBULA DEL CARBONERO

IV
   “El invierno fue largo. Vientos huracanados, lluvias tormentosas, truenos y relámpagos. El fruto rojo de los cafetos y la pulpa blanca de los guamos se pudrieron sin gusanos en las mismas ramas. Arriba y abajo se caían las colinas a engrosar con tierra, rocas y árboles el caudal de los pequeños riachuelos y de los grandes ríos. De los montes se perdieron los cocuyos, las libélulas, los abejorros. Ni el monte daba leña, ni  la leña fuego, ni la lluvia tregua. En las montañas las casitas blancas se desprendieron del firmamento. Ya no unían el cielo y la tierra los diminutos trazos de humo azul y blanco. Entonces los hombres empezaron a preocuparse. Los inviernos son más largos y más tristes en el campo si no hay fuego en el fuego, ni calor en los camastros, ni pan en los manteles. Cuando escasea la leña hasta los pájaros se van de las fincas. Sin embargo, una mañana temprano, en medio de la lluvia y la tormenta, los niños vieron asombrarse la luz del sol: una banda de afrecheros llegó a posarse en los cafetos, los guamos, los yarumos, los mangos. Qué raro, pensó uno, esos pájaros no son sociables. Después, uno a uno se fueron  muriendo. Y eran tantos, tantos, que lo cubrían todo: hasta los caminos, lisos de lodo y hojarasca podrida, recibieron el cuerpo pequeño y yermo de los pájaros-
   Movidos por el miedo y el asombro los hombres se reunieron. Con los niños, las  mujeres y los ancianos empezaron a recoger los muertos. Hicieron una gran fosa en la raíz de carbonero. Después la cubrieron con hojas húmedas y troncos negros.
   Por la tarde arreció la tormenta. Pero el carbonero, derecho y orgulloso en la ladera, vio encender su corazón de corcho en el fogón de los labriegos.” [pp. 6-7].

jueves, 8 de febrero de 2018

Sombras de agua



SOMBRAS DE AGUA

Félix G. Modroño
Sevilla, Algaida Editores, 2016, 348 págs.

   De padres zamoranos (su primera obra es un homenaje fotográfico al pueblo paterno, Villalpando, paisajes y rincones, 2002), Félix G. Modroño nace en Vizcaya en 1965. En Salamanca, ciudad en la que cursa Derecho, comenzó a escribir en una revista de la que fue cofundador, Res Nullius. Más tarde, un grave accidente que le tuvo postrado varios meses hizo que retomara su pasión por la escritura publicando en 2007 su primera novela protagonizada por Fernando de Zúñiga y Ayala, La sangre de los crucificados, aparecida en la editorial Algaida. En ella, este catedrático de medicina, marcado por la pérdida de su esposa y padre de dos hijas, antiguo colaborador del Santo Oficio y amigo de la reina regente doña Mariana de Austria, se enfrenta a una serie de muertes que parecen coincidir en el tiempo con la aparición de unas tallas de la imagen de Cristo Crucificado de un sorprendente naturalismo en las facciones. A este ciclo pertenecen otros dos títulos, Muerte dulce (2009) y la reciente Sombras de agua (2016), aparecidas todas en la editorial Algaida. La misma editorial publicó La ciudad de los ojos grises (2012), la novela que le ha dado un mayor reconocimiento de los lectores, y Secretos del arenal (2014, premio Ateneo de Sevilla).
   Sombras de agua inicia su trama en Valencia, después de que el protagonista haya visitado en Madrid a la Reina regente, quien le encomienda una misión diplomática en Venecia relacionada con la permanente amenaza turca en el Mediterráneo. Intrigado por la desaparición de un rico cáliz de una de las iglesias de Valencia, Don Fernando viaja acompañado de su paje Pelayo a la ciudad del adriático en donde es recibido por el dogo de la ciudad como representante de la claudicante monarquía española y en donde deberá abordar el enigma de un texto amenazador (“Venecia se hundirá bajo su sangre con la Cuaresma. La conjura vencerá”), tres misteriosas desapariciones que parecen relacionadas con la ciudad de Estambul  (el cuerpo de Santa Lucía, el icono de Nuestra Señora de Nicopeia y una bolsa de cuero con tierra impregnada de sangre de Cristo), y varias muertes violentas, entre ellas la del  propio dogo. Todo ello en una Venecia invernal y brumosa habitada por seres disfrazados que celebran el Carnaval (pero la ominosa Cuaresma está cada vez más próxima), en donde Don Fernando conocerá a Elena Corner Pîscopia (la primera mujer que en Europa recibió un doctorado universitario) y a un nutrido grupo de científicos que celebran un congreso en la ciudad: Newton, Halley, Libniz… Adosada al contexto histórico en que se sitúa y muy bien documentada, Sombras de agua reúne en su trama personajes históricos y de ficción para armar una narración dotada de una tensión lectora indeclinable, de la que ofrecemos un fragmento.

   “La bruma comenzaba a acicalarse de gris claro justo en el momento que escuchó la recia voz de Silvestre Valier al otro lado de la puerta.
         -Bongiorno, doctor –saludó el veneciano al asomarse don Fernando.
         -Bongiorno, ser –respondió el español, simulando tranquilidad.
        -Teníais razón. Un nuevo muerto –informó el consejero con el rostro crispado.
         -Lamento que sea así –mintió el vizconde, procurando mostrar cara de circunstancias-. ¿De quién se trata?
         -He de deciros que la Serenísima República está en guerra ya no solo contra el turco sino contra los malnacidos que están atentando contra ella desde dentro. Ha muerto Andrea Badoer, uno de los miembros del Consejo de los Diez. Y no parece que haya sido un accidente.
         -¿Dónde está?
         -Donde le han encontrado hace apenas una hora. He ordenado que no lo muevan en tanto que no lleguemos. Está junto a la iglesia de San Stae. Llegaremos enseguida en mi góndola.
   En efecto, en pocos minutos, tras sortear los dos grandes meandros del Gran Canal, accedían a la escalinata verdosa que conducía desde las aguas hasta la explanada de un viejo templo revestido de andamios. Sobre el liquen de los primeros peldaños se hallaba tumbado el cadáver de un hombre de mediana edad que vestía ricos ropajes ajados por la humedad. Don Fernando se persignó antes de manipularlo.
         -En apariencia, ha muerto ahogado –dijo Valier, sin que Laurenzio Silva, el Signore della Notte del sestiere de Santa Croce perdiera detalle” [pp. 257-258].