martes, 18 de julio de 2017

Eva María se fue...


   Conducía hace unos días en dirección a Mérida oyendo la radio (que no escuchándola), sumido en preocupaciones domésticas, cuando de repente sonaron los acordes veraniegos de una canción de mi juventud: “Eva María se fue / buscando el sol de la playa / con su maleta de piel/ y su biquini de rayas”. En ese momento sentí un leve estremecimiento que, sin té ni magdalenas, me abdujo por completo para, un instante después, depositarme suavemente (era verano de 1973, cuando Fórmula V dio a conocer esta joya de la música pop) en el patio de la casa de mis padres donde mi hermana y sus numerosas amigas bailaban al son de un tocadiscos de pilas (que pocos días después chafé haciéndome el gracioso ante ellas), mientras, en el presente, una grata nostalgia me invadía. ¡El verde dosel de la parra madurando sus racimos de uva albilla, la palmera desgañitándose con un gorjeo unánime de gorriones, las chicas moviendo rítmicamente sus púberes caderas… ¡Y todo lo había desencadenado una festiva tonada popular! Cómo no compartir la aguda observación de Faulkner; “el pasado no está muerto, ni siquiera es pasado”.
   Como no tenía mejor cosa que hacer que atender al tráfico (y a los rádares emboscados de la DGT) y escuchar la canción, me detuve en los versos, leves y ligeros como pompas de jabón, que, a pesar de su tono fresco y estival, relatan una separación (o una ruptura, la cosa no está del todo clara): “ella se marchó / y solo me dejó / recuerdos de su ausencia…”, y es que “sin la menor indulgencia [sic] Eva María se fue” (a la playa). Tras este episodio traumático, durante las noches de insomnio, al amante solo le queda el pobre consuelo de contemplar su fotografía (con su biquini de rayas, “bañándose en el mar / tostándose en la arena”), momento en que la canción exhibe un erotismo tímido y primario. Nada que pueda compararse con las sutiles sugerencias del éxito de este verano, “Despasito”: “Y es que esa belleza es un rompecabezas / pero pa montarlo aquí tengo la pieza”.
   Recordé entonces una viñeta de Forges (no la que reproduzco; otra que no he podido encontrar) que mostraba a la pareja camino de la playa: delante, Eva María con su biquini rayado lleva en la mano una pequeña radio de la que surgen los versos de la melodía, en tanto que el menda, detrás de ella, carga a hombros un enorme maletón y canturrea la letra corrigiendo el cuarto verso (“… con su maleta de piel / que un gilipollas llevaba”).
   ¿Es cierto que “cualquier tiempo pasado fue mejor”, como afirma Jorge Manrique? No. Es falso. Tan falso como que Manrique dijera eso, como repiten tantos tontos. Lo que el poeta palentino dijo literalmente fue: “[contemplando] cómo a nuestro parescer / cualquiera tiempo pasado / fue mejor”; esto es, cómo tras los muchos años vividos sentimos la tentación de considerar (erróneamente) que cualquier tiempo pasado fue mejor.
   ¿Cómo es posible entonces que me emocionara una canción del pasado que por aquellos años yo odiaba minuciosamente? No lo sé. Solo sentí que cuando acabó la canción se apagó aquel destello luminoso (los gorriones gorjeando, las uvas madurando, las chicas contoneándose) y volví de nuevo a un mísero presente atento al destello luminoso de algún radar emboscado que podría encarecer de un modo notable mi viaje a Mérida. Y sin la menor indulgencia.


sábado, 15 de julio de 2017

Tarde azul y jackpot



TARDE AZUL Y JACKPOT

Juan Carlos Elijas
Mérida, Editora Regional de Extremadura, Col. Poesía, 2017, 51 págs.
Prólogo de Miguel Albadalejo

   Nacido en Tarragona en 1966, Juan Carlos Elijas se dio a conocer con un poemario titulado Vers.so.s atávicos (1998), al que siguieron La tribu brama libre (2009), Versus inclusive (2004), Camino de Extremadura (2005), Talking’ heads (2006 y 2007), Al alimón (con Manuel Camacho,2006), Delfos me has vencido (2009) y Cuaderno de Pompeya (2009), compendiados en una edición reciente, Ontología poética (La isla de Siltolá, 2015).
   Ahora, la Editora Regional de Extremadura publica Tarde azul y jackpot, un conjunto de once poemas extensos, la mayoría subdivido en varios apartados, que, en palabras del prologuista “constituye una particular tentativa de transitar por algunos de esos lugares de los que uno vuelve sin palabras, a fin de traer de vuelta un cierto registro del tránsito, Ya desde el primer poema “Sol de la mañana”, se atisban varios de los motivos que se entrecruzan para vertebrar este breve poemario: los estigmas de la soledad, la espera ante la muerte inminente, el elocuente silencio de los establecimientos mortuorios, la angustia frente al vacío existencial, etc. Materias, todas ellas, acerca de la cuales difícilmente se puede hablar y se habla, no solo porque faltan las palabras, sino a veces también, como explica Norbert Elias en La soledad de los moribundos (1982), porque falta el interlocutor”. [Prólogo, p. 8].
   Reproducimos el primer apartado del poema que cita el prologuista, ambientado en un geriátrico (pero todos habitamos en lugares semejantes: escuelas, fábricas, cárceles, templos, residencias…), en que una naturaleza exhuberante y repleta de vida (manzanos, cerezos, limoneros, fresas y sandías,…) no logra ocultar los presagios ominosos de la muerte (cipreses plateados, fuentes por las que llegará el barquero...).

SOL DE LA MAÑANA

             I

Miradnos, los lechosos
ancianos sometidos
a las sillas, bajo los cipreses plateados
que alzan su firmeza
de verduzcas, flamígeras
copas junto a la tapia del asilo.

Miradnos, la existencia resumida
en un azar de campanas y estrellas,
testigos de los últimos
soles de la mañana,
a merced de un tiempo enfermero.

Miradnos, pendientes del pañal y la insulina,
contemplando en los huertos
manzanas y ciruelas,
los encarnados cascabeles
del cerezo, las fuentes
por las que habrá de arribar mañana
el dispuesto barquero
desde la bocana de un seco paladar.

Miradnos, justo al lado
del limonero, frente a fresas
 y sandías, con nuestra
demencia ingenua y nuestras
flaquezas, con nuestro humor
canino, acariciando
los gatos que intuyen la llegada de la fosa
y tañen la danza final
con un ronroneo de colmillos afilados,
de áspera y rosada lengua
de escamas y cosquillas.

miércoles, 12 de julio de 2017

Los menandros del Guadiana


   Tendría por entonces catorce o quince años, cuando en cierta ocasión le entregué a mi profesor de Latín y Griego un poema para que me diera su opinión. Se titulaba “Oda al río Guadiana” (yo era un alumno interno de un centro privado emeritense que estaba próximo al río y todavía recuerdo las escapadas por sus orillas y las nieblas persistentes durante los meses de invierno). La última estrofa, en un franco diálogo con el río (del que dijo Plinio saepius nasci gaudet; esto es, el río que se complace en nacer varias veces) afirmaba  resueltamente:

“Cruzarás tierras de Huelva
entre curvas y menandros
y llegarás al final
desembocando en el Atlántico”

   (Ahora que la releo pienso que podría ejemplificar con rigor la “difícil sencillez” de ciertos estilos poéticos, ejem, ejem).
   El profesor puso especial empeño en comentar con detalle el segundo verso (sin duda, el mejor de los cuatro). Recuerdo que me dijo: “Verás, la primera palabra está mal utilizada porque da a entender que el río pasa “por el medio de las curvas y los menandros”; la segunda es sinónima de la última y por tanto es superflua (en poesía, lo que no suma resta); la tercera, claro, ya no es necesaria, y la cuarta no existe, porque se dice ‘meandros’”.

Destino Gijón

DESTINO GIJÓN

Susana Martín Gijón
Sevilla, Ed. Anantes, 2016, 101 págs.

 Susana Martín Gijón (Sevilla, 1981) ha publicado en la editorial sevillana Anantes hasta el momento tres novelas de trama policial ambientadas en Extremadura (Más que cuerpos, 2013, Desde la eternidad 2014 y Vino y pólvora, 2016) que impregnan las tramas de una notable carga de denuncia social, contemplada desde una perspectiva francamente femenina. En 2015 la Editora Regional de Extremadura publicó Naufragios (finalista de los premios "Felipe Trigo" de novela corta y del premio "La Trama / Aragón Negro" de Ediciones B), una novela ambientada en San Francisco en cuya trama una joven relata en primera persona el sórdido universo de "náufragos" en la gran ciudad. Más tarde, la escritora ha publicado Pensión Salamanca (2016) y Destino Gijón (2016), dos novelas cortas protagonizadas también por la oficial de policía Annika Kaunda.
   Si Pensión Salamanca se situaba en esta ciudad castellana durante el desarrollo de un Gongreso de novela negra, Destino Gijón se ambienta en esta ciudad durante los actos de la Semana Negra, una cita menos académica y más multitudinaria que tiene lugar en los terrenos de los antiguos astilleros, donde Susana Martín Gijón, que ha asistido para presentar su última novela, se encuentra casualmente con Annika y su hija Celia. Al día siguiente, el periódico El Comercio reproduce una fotografía de la “Embarcación en la que ha aparecido la mujer herida de muerte con una potera”. Las dos mujeres, junto con un detective próximo al perfil de los modelos del cine negro clásico, iniciarán una indagación que les llevará finalmente a la elucidación del crimen. Como en el título anterior, las reducidas dimensiones de la novela ocasionan una pareja reducción en todos los frentes (espacios, personajes, sospechosos…), pero ambas logran mantener la tensión hasta un desenlace, como mandan los cánones, imprevisto pero verosímil, y ambas están impregnadas de una intención lúdica y un tono bienhumorado.


“-Como ya sabréis por los periódicos, se ha identificado al propietario de la embarcación. Es Rafael Hormigo Sánchez y adivinad qué –dejó transcurrir unos segundos para acentuar el suspense, pues sabía que esa información aún no se había filtrado-. Es piloto de vuelo en la misma compañía donde trabajaba Alejandra.
   Silbé ante la revelación.
         -Pues eso lo explica todo.
         -Es lo que cree la policía. Le han detenido esta mañana.
         -¿Tú no?
         -Yo no.
         -La conexión es evidente. Seguramente estarían liados. Esa noche quedaron en el barco, algo pasó y él la mató.
         -Blanco y en botella –convine ante la explicación de Annika.
   Félix movía la cabeza a un lado y a otro, la mirada clavada en el suelo.
         -¿Qué es lo que no te cuadra?
   Respiró hondo. Sabía que si pretendía que le ayudáramos tendría que confiar en nosotras.
         -Es mi cliente. Él me contrató.
         -¿El asesino te contrató? –exclamé, tratando de encajarlo en una estructura de novela”. [pp. 50-52]

martes, 11 de julio de 2017

Ni una puta foto


NI UNA PUTA FOTO

Javier Velilla
Madrid, ViveLibro, 2017, 414 págs.
  
   Nacido en Don Benito, Javier Velilla es un ingeniero agrónomo que ha residido por razones laborales en Madrid, Valencia, Oxford y, en la actualidad, en Arabia Saudí. Ni una puta foto, su primera novela, desarrolla su trama en dos bloques alternos muy contrastados. Uno de ellos se sitúa en el mes de julio de 2006 en Valencia y Madrid: Luis Cortés se empecina en contactar con cinco mujeres con las que mantuvo una relación sentimental antes de conocer a Amalia, su actual esposa con la que ha tenido cuatro hijos y con la que mantiene una relación apacible. Por este motivo, es más sorprendente lo insólito de su empeño. Tras leer sus diarios, escritos durante la década de los ochenta, Luis visita a Lola, la joven de Guareña que rompió la relación de un modo cruel (y ahora regenta una óptica y vive con su pareja), intenta encontrar Kika (pero ha muerto prematuramente de cáncer), habla con Cita, sobreviviente de varias rupturas sentimentales dispuesta a marcharse a La India (y que le pide cien euros), visita a Carolina, que lo echa de su consulta y le recrimina la inconsciencia de  su propósito, y a Maga, la joven de las juventudes socialistas abandonada por su esposo. Todas ellas son mujeres fuertes que han afrontado con dignidad la derrota de los sueños de juventud y que reaccionan con un recelo inicial a la llegada de este conocido del pasado. ¿Qué se propone? ¿Reanudar una relación extinta?
   Los diarios, que Luis les pide que lean, responden a esta pregunta. Sumido en una crisis existencial que se niega a aceptar, Luis trata de salvar de la desaparición y del olvido unas experiencias amorosas asediadas por todas las poderosas emociones concéntricas del amor: la inseguridad, la esperanza, la pasión, los celos, el rencor, las infidelidades… Todas ellas comprenden entonces que su plan responde a un miedo no expreso al paso del tiempo, a la vejez y a la muerte, en tanto los diarios vienen a convertirse en un sucedáneo de perduración, logrando que esas vidas, de las que no conserva “ni una puta foto”, no hayan sido del todo baldías. Pero su empeño, como le avisa una de las mujeres (“Si fueras feliz en casa, no estarías aquí… puedes hacer daño a otras personas”) es malsano (“Esos viajes al pasado pueden desquiciar a gente que sea emocionalmente vulnerable”) resulta peligroso y, en el fondo, autodestructivo, pues las fuerzas que invoca en su desatinado empeño son incontrolables. En el desenlace, una frívola aventura erótica con su primera novia y un descuido con su teléfono móvil ocasionarán un daño injusto e irreparable y precipitarán su caída.
   Reproducimos un párrafo de este momento narrativo.

   “-¿En mi cama?
   Él piensa tan rápido como puede qué excusa puede dar, tiene que haber una salida, pero necesita ver el texto, qué coño ha escrito la imbécil que le haya mandado el puto mensaje. Luego se da cuenta de que tiene que ser Lola, es la única que ha estado en su casa, la única que ha estado en su cama.
   -Déjame ver, no sé de qué me estás hablando.
   Y tiende su mano con cuidado, en un movimiento suave hacia Amalia, como procurando no espantarla, que no se asuste, que no reaccione de forma violenta. Ella no se mueve, pero contesta con un tono de voz que es ya un poco más fuerte que el anterior.
         -Sí lo sabes, cabrón. Tu Duquesa en mi cama.
   Ha pronunciado el nombre como si tuviera la boca llena de vómito, y de hecho Luis piensa por un momento que ella va a vomitar; tan grande es el asco que ha sentido desde los dos metros que los separan.
         -Dame el móvil, por favor.
   Ella lo deja caer, no lo ha tirado, y tal vez ha sido un gesto involuntario, como si la fuerza hubiera desaparecido de su mano, como si se hubiera rendido a la evidencia, como si ya no hubiera remedio ni nada  importara”. [p. 406]

lunes, 10 de julio de 2017

Sentada frente al precipicio


SENTADA FRENTE AL PRECIPICIO
Antología

Fátima Maldonado
Mérida, Editora Regional de Extremadura, Col. Letras Portuguesas, 2017, 133 págs.
Traducción y prólogo de José Ángel Cilleruelo

   Fátima Maldonado nació en Santo Amaro, en el Alentejo, y reside en Lisboa, dedicada durante años a la crítica literaria para el periódico Expresso, unas colaboraciones recogidas más tarde en libro (Resgate, 2017). Como poeta, se dio a conocer con un primer libro titulado Cidades Indefesas (1980), al que siguieron Os Presságios (1983), Selo Selvagem (1985), A Urna no Deserto (1989), Caça e Persuasões (1991, libros recogidos en un volumen de 1999, Cadeias de Transmissão (1999). Más tarde aparecería Vida Extenuada (2008). Por último, la escritora recogería en Larva de espera (1996, reeditado en 2014) sus impresiones en prosa y verso de un viaje a las islas Azores.
   Ahora la Editora Regional de Extremadura publica una antología de todos sus libros, más algún poema inédito en libro, traducida y prologada por José Ángel Cilleruelo, quien considera sobre su poesía: “Las coordenadas temáticas que establece la obra de Fátima Maldonado ocupan todo el orbe de lo expresable, desde la intimidad hasta la ironía, desde la crítica al momento presente hasta la encarnación de personajes históricos, desde la descripción diurna de paisajes hasta las evocaciones de sus nocturnos, prodigiosos, desde el yo lírico hasta el yo dramático, desde la primera persona hasta la tercera, desde la indagación en los sentimientos hasta la exégesis de las ideas. Nada escapa a este sujeto poético, protagonista, la voz de la mujer que escruta, comprende y revela desde sus versos” [Prólogo, p. 10]
   Reproducimos un poema de Vida Extenuada (que interpreto como lector en el territorio del testimonio y la denuncia), en que se describe una terrible escena casi “medieval” de la ciudad de Estremoz en los años 40.


AS PRISÕES DE ESTREMOZ ANOS 40

No meio da cidade expostos
completamente expostos
agarravam-se às grades
as montras de ferro
seguiam o perímetro
e eles sentavam-se
nas jaulas até ao sol posto.
A ferrugem ao sobrepor os tons
criava nobres artes
abstractos verdetes
o sol descuobria púrpuras
chagas de saliva,
en taças citas bebiam os cavalos
de estrume de cavalo salpicadas.
E os presos, aves sujas de norte,
mouras de Granada
antes da Reconquista
mas sem modestia ou sombra de recato
expostos, completamente expostos
os presos de Estremoz não me pareciam tristes.
Aceitavam moedas
a palma da mão muito esticada
nos pés mostravam chagas
diziam palavrões
enigmáticos no centro da canícula
amarravam aos ferros trapos cegos
pobres insignias na bris ararefeita
honravam deuses nao imaginados.
A luz quase amárela
crivada de cheiros meus conhecidos
poejos açorda
nas vaias do suor,
eran afinal criados de lavoura
a quem o sol ao desatar
picara de exigências
moldes inconformados
ciganos dos robos usuais
torna-viagens
exibiam barbas ruivas de pó
no chão lá mais ao fundo.
Às vozes juntas que pediam beatas
alegrías tétricas asestavam vexames.
Sucumbindo ao encanto daquela impiedade
a contragosto acelerei o passo.
Relicário de danados
no peito da cidade
progetia desmandos
incitando adultérios.

LAS PRISIONES DE ESTREMOZ AÑOS 40

En medio de la ciudad expuestos
completamente expuestos
se agarraban a los barrotes
los escaparates de hierro
daban la vuelta al edificio
y ellos se sentaban
en las jaulas hasta la caída del sol.
La herrumbre con los tonos sobrepuestos
creaba artes nobles 
abstractos verdores
el sol descubría púrpuras
llagadas de saliva,
tazas escitas donde bebían los caballos
de estiércol de caballo salpicadas.
Y los presos, aves sucias de muerte,
moras de Granada
antes de la Reconquista
pero sin modestia ni sombra de recato
expuestos, completamente expuestos
los presos de Estremoz no me parecían tristes.
Aceptaban monedas
la palma de la mano muy estirada
en los pies mostraban llagas
decían palabrotas
enigmáticas en el centro de la canícula
ataban a los hierros trapos ciegos
pobres insignias en la brisa enrarecida
honraban dioses no imaginados.
La luz casi amarilla
cribada de olores que conocía bien
poleo sopa de ajo
en las burlas del sudor,
al final eran empleados de labor
a quienes el sol desatado
les había picado de exigencias
moldes obstinados
gitanos de robos corrientes
retornados
exhibían barbas enrojecidas de polvo
en el suelo allí hacia el fondo.
A las voces unidas que pedían colillas
alegrías tétricas les asestaban vejaciones.
Sucumbiendo al encanto de aquella impiedad
a disgusto aceleré el paso.
Relicario de condenados
en el corazón de la ciudad
protegía desmanes
incitando adulterios.

domingo, 9 de julio de 2017

Número extraordinario de Norbania

NORBANIA
REVISTA DE LITERATURA Y CREACIÓN

Cáceres. Asociación Cultural Norbanova, nº 7, 2017, 206 págs.

   Acaba de ver la luz la séptima entrega de Norbania, un número extraordinario con el que la editora de la revista, la Asociación Cultural Norbanova ha querido conmemorar sus diez años de existencia, un periodo en el que, además de la edición de la revista, ha publicado libros en varias colecciones y ha desarrollado una amplia programación de actividades culturales entre las que es preciso destacar el “Aula de la Palabra”.
   Aunque el número de participantes es muy alto, nos parece de interés citar sus nombres. En el apartado de creación poética han colaborado, todos ellos con composiciones inéditas: Basilio Sánchez, Antonio Daganzo, Antonio María Flórez, Mónica Gabriel y Galán, Hilario Jiménez Gómez, Antonio Gómez, Álvaro Valverde, Francisco Caro, Irene Sánchez Carrón, Nicolás Corraliza, Antonio Reseco, Efi Cubero, José Cercas, María Ángeles Pérez López, José M. Jurado García-Posada, Victoria Mera, Jorge S. Arroyo López, Antonio Linares Familiar, Santos Domínguez Ramos, José Manuel Díez, Carlos Medrano, Antonia Cerrato Martín Romo, Miguel Ángel Núñez Paz, Rosa María Perona Timón, Isabel Blanco Ollero, Fernando López Guisado, José Manuel Vivas, Ana Flor Redondo, Caridad Jiménez Parralejo, Marisol Pita, Víctor M. Jiménez Andrada, María Carvajal, Antonio Corredera Plaza y Miguel Ángel Moyano.
   En el bloque de narrativa, han participado, asimismo con composiciones inéditas, Rosa María Lencero, Tomás Pavón, David Lizandra, Victoria Pelayo Rapado, Mariano Mecerreyes Jiménez, Montaña Campón, Pilar López Ávila, José Antonio Leal Canales, Malén Álvarez, Ángela Velasco Bello, Vicente Rodríguez Lázaro, Mario Peloche, Pilar Bacas Leal, Purificación Claver y Manuel Neila.
   En el apartado de reseñas y artículos colaboran Antonio María Flórez, Yolanda Regidor, Ángela Reyes, Santos Domínguez Ramos, José Manuel García, Emilia Oliva Esteban Cortijo, José María Sánchez y Torreño, Francisco Javier Tovar Paz, Alexandre Lacaze y Angélica García Manso.
   Por último, las espléndidas ilustraciones de la revista son obra de Mar Azabal, Matilde Granado, Jesús David Floriano, Miriam A. Gómez Cornejo, José María Jurado, María Polán, Este García, Antonio Corredera Plaza, Ana María Hernández de San Pedro, Julio Díaz Rubio y Deli Cornejo.
   Reproducimos una de las colaboraciones, un poema de Carlos Medrano.


CONFLUENCIA

a Vicente Gallego

Al trasluz de una tarde luminosa
bajo un sol impecable
la flor rosada y blanca del almendro
mece sobre los surcos
el pulso del relieve que circunda:
roca, corteza, lagartija, grieta,
niña que corre o mujer que sueña
con una tarde al sol
que el pintor y ella misma
contemplan a distancia, sin tocarse, sin verse,
y a la vez les sucede
que los envuelve
un ave, una brisa y una fuente
junto a un monte, un camino y una choza.
Luego, la inmensidad del mar
y estas palabras
donde no importa que se ponga el día
si el fuego permanece.

sábado, 8 de julio de 2017

Pensión Salamanca

PENSIÓN SALAMANCA

Susana Martín Gijón
Sevilla, Anantes, 2016, 88 págs.

   Susana Martín Gijón (Sevilla, 1981) ha publicado en la editorial sevillana Anantes hasta el momento tres novelas de trama policial ambientadas en Extremadura (Más que cuerpos, 2013, Desde la eternidad 2014 y Vino y pólvora, 2016) que impregnan las tramas de una notable carga de denuncia social, contemplada desde una perspectiva francamente femenina. En 2015 la Editora Regional de Extremadura publicó Naufragios (finalista de los premios "Felipe Trigo" de novela corta y del premio "La Trama / Aragón Negro" de Ediciones B), una novela ambientada en San Francisco en cuya trama una joven relata en primera persona el sórdido universo de "náufragos" en la gran ciudad. Más tarde, la escritora ha publicado Pensión Salamanca (2016) y Destino Gijón (2016), dos novelas cortas protagonizadas también por la oficial de policía Annika Kaunda.
   Pensión Salamanca es una novela corta que inicia su trama con la llegada a la ciudad de una joven novelista que ha decidido asistir a un congreso de novela negra, en que se darán cita los más reconocidos cultivadores del género, pero en la pensión en que se aloja será testigo de un crimen en que se verá involucrada. Consciente de que todos los indicios apuntan hacia ella, Susana Martín Gijón le pedirá a Annika Kaunda, la oficial de policía de sus anteriores novelas, que demuestre su inocencia, una circunstancia que convertirá en protagonistas a la escritora y al personaje que ha creado. De filiación cervantina, el procedimiento otorgará a esta pequeña narración un desarrollo lúdico, que se aleja del propósito testimonial de las novelas extensas de la trilogía para convertirse en un divertimento intelectual (objetivo de muchas de las novelas del género), lleno de ingenio y humor. Reproducimos un fragmento en que las dos mujeres hablan de David Knutson (un profesor estadounidense real especializado en novela negra española).


“- Espera, se me ocurre alguien. David Knutson.
-¿David Knutson?
-Sí –afirmé, más convencida ahora-. Es estadounidense, profesor en la Xavier University y asiduo de los congresos de novela negra más acreditados, como Medellín Negro en Colombia o este en Salamanca. Tiene todos los conocimientos y los contactos necesarios. Sí, sin dura recurriría a él.
-¿Puedes describírmelo?
-A ver… Ojos claros, piel sonrosada –me quedé pensando unos segundos y no pude evitarlo. Parafraseé a Chandler como la más friki de todas las frikis-. Cerca de dos metros, algo más de cien kilos sin corbata. Un tío con todas las de la ley.
   Annika me estudió durante unos momentos mientras yo sonreía como una tonta ante mi –a mi parecer- mi ingeniosa salida, tras lo cual cabeceó por enésima vez y se levantó.
-De acuerdo. Ahora tengo que irme.
-Pero… ¿cómo? ¿Qué está pasando? ¿Para qué querías saberlo?
-De momento no puedo contártelo. Volveré –aseguró antes de salir por la puerta y dejarme con la boca tan abierta que parecía que se me iba a descoyuntar. Cuando fui capaz de cerrarla fue para refunfuñar.
“Crear sabuesas para esto”. [pp. 64-65]

En la fotografía, dos personajes de la novela: David Knutson y Susana Martín Gijón.