sábado, 3 de diciembre de 2016

Insumisión


INSUMISIÓN

Eduardo Moga
Madrid, Vaso Roto Ediciones, 2013, 133 págs.

   Llevo una temporada leyendo en los ratos de ocio Insumisión, de Eduargo Moga (Barcelona, 1962), que el escritor tuvo a bien regalarme en Manizales (Colombia) tras hacerse con varios ejemplares comprados a un precio notablemente inferior al que es vendido en España. Como en casi toda trayectoria poética, en la del autor barcelonés también podríamos hablar de poemarios mayores y menores, sin dar a estos adjetivos un sentido valorativo, pues los logros líricos pueden conseguirse tanto en las composiciones graves y extensas como en los textos breves y ligeros. Si un libro como Los haikus del tren (Almería, El Gaviero Ediciones, 2007), siguiendo el modelo canónico, pretende captar en escuetas fulguraciones líricas instantes del presente, Insumisión es, sin asomo de duda, un poemario mayor, reflexivo y profundo, que es a la vez, para este lector, un alegato moral y una propuesta estética.
   En él alternan extensos poemas en verso libre con composiciones en prosa fronterizas entre varios géneros, como la reseña, el ensayo, el artículo periodístico o el  poema en prosa. De ese modo, “dos mundos se entrelazan: el del yo, íntimo y subjetivo, que se revela en los poemas más líricos, y el de nosotros, que se centra en el exterior, en lo histórico, plasmado en poemas en prosa atentos a la realidad social que, desde lo narrativo, hablan con ironía de lo que más duele, aquello de lo que el ser humano no puede desligarse y sin embargo no puede abrazar” [Nota de contraportada].
   Me han llamado la atención, entre las composiciones en prosa, la elaborada con citas ajenas, que comienza “Una vía de agua es siempre más inteligente que el capitán del barco” [Jesús Aguado] o la extensa enumeración de animales, plantas, lugares y gentes que pudieron ver los hombres enrolados en la expedición de Alejandro Malaspina, toda una celebración léxica que arranca de este modo: “El cacto, el helecho, el ostrero, el zampullín o somormujo, el martín pescador, el cormorán, el ibis, la zarigüeya, la gibarta, los indios huiliches, el río BíoBío, los indios de Renquelque, los indios camboyanes, Talcahuano, el puente de Calicantos, el Tajamar del río Mapocho, Copiacó, la isla de San Ambrosio, la pasiflora, la yuca, la alpaca, el río Napo, los indios camuchinos, los indios iquitos, los indios capanaguas, los indios casibos, los indios chispeos…”.
   Reproducimos un fragmento de una de las primeras composiciones en verso libre. De temática amorosa, la dicción demorada y reiterativa, indicio expresivo de una profunda obsesión, parece responder a una de las citas con que se abre el poemario: “Voy a terminar de escribir todo esto –para seguir escribiéndolo interminablemente” (David Huertas, Incurable, “Rayas”)

[Fragmento]

“No sé de dónde vienes. Abro los ojos, y no sé de dónde vienes,
pero ahí está tu cuerpo, ocupando un lugar cierto,
un lugar geológico
y matemáticamente incorporal
en la realidad, que es un camino,
aunque no sepa de dónde vienes
y ese camino no discurra por la tierra
y solo sea la proyección instantánea
de tu estar indudable,
de tu estar mientras pasas, sin piedra ni mundo
ni tiempo
ni tú.
Pero tú estás, ciertamente,
mineralmente,
en la provisionalidad de un cuerpo que fue azul
antes de adquirir este matiz de tierra vertebrada, este coágulo
de uñas que vuelan y, no obstante, me acarician,
esta solidificación abstracta
de carne
y de ti.
Pasas frente a los libros que acumulo con la misma voluptuosidad
con que te he querido, desnuda en la penumbra
desnuda, y observo, apenas abiertos los ojos,
que el camino pasa por tu vientre,
que el camino es tu vientre.
No hay atajos,
sino un sendero que se bifurca
a ambos lados de tu cuello,
y se incurva en las dos semiesferas de los hombros,
y desciende por las estribaciones de los omoplatos,
y vuelve, por fin, otra vez, al vientre de donde
ha salido como algo transitorio,
como algo sin origen
y sin cuerpo,
porque se hunde en el cuerpo,
en sus silbidos y su hiel,
como se hunden los cuerpos en el agua.
Muda, desnuda,
                            caminas por el camino que eres,
y recorres tus muslos, que cimentan el tronco blanco
que te sostiene, y se deslíen en una blancura
plural, fundida
en un abrazo transparente
con la oscuridad,
y palpas el aire con los dedos, y se vuelven aire
tus dedos, derramados en su movimiento
de búsqueda
e introducción,
y ofreces a mis ojos recién nacidos
tus ojos antiquísimos,
el diámetro ácueo de tus caderas,
la erupción aluvial de tus pechos,
la cavidad excedente de tus nalgas:
lo que se endereza, y se extingue, y perdura,
lo que es doble, como tu camino
y el mío, como tus pies, que se adentran en mis ojos,
estrepitosamente  brotados del sueño,
y en los tuyos,
como la sangre,
que es de ambos, pero de un solo cuerpo,
abrasadamente tuya.

Madre


MADRE

Sevilla, La isla de Siltolá, Col Tierra, 2015, 58 págs.

   Nacido en Santa Ana (Cáceres) en 1959, José Cercas es un poeta de amplia obra que ha ido publicando en recopilaciones antológicas, libros colectivos, revistas de España e Hispanoamérica y numerosas publicaciones digitales. Hasta el momento, han visto la luz cuatro poemarios propios: El tiempo que me habita (Madrid, Alfasur, 2006), Los versos de la ausencia y la derrota (Madrid, Vitruvio, 2009), Dana o la luz detenida (Madrid, Alfasur, 2011, 2ª edición en Rumorvisual) y Oxígeno (Madrid, Ariadna, 2012). Hace un año, la editorial sevillana La isla de Siltolá publicó Madre, del que reproducimos un poema que, como las demás composiciones del libro, nace impulsado por el dolor de una pérdida irreparable para cerrarse, sin embargo, con un mensaje de esperanza (“Así, de ese modo: / somos vida”).

ERES YA LA NOCHE

Eres ya la noche de las profundidades, de la lejanía,
la noche material de los sin nombre,
la noche que llora en la soledad de la bruma.
Traes la noche del granizo,
y en las manos más rudas del invierno
traes la crudeza de la ventisca.

Eres la noche del limón amargo y prisionero.
Eres la parte azul de la tierra,
la parte viajera de los astros,
la soledad del bosque.
El pan y los frutos de la escarcha.

Eres la noche del solsticio.
La noche de los océanos en los tejados.
De las farolas rotas bajo las sombras de la luna.
La noche terrenal que espanta al viajero.

Eres  la noche leve de la eternidad.
Tú me traes la luz callada del bosque.
Tú me traes la ausencia de tu voz,
la ausencia desconocida y rota de la palabra.
La ausencia de todos los inviernos que reconozco.
Tú eras maternal como el cielo y la tierra.
Tú eras la vida madre,
ahora lamento y ausencia.

Sueños eróticos de un adolescente empedernido





  Con la apertura del acto por parte de José Luis Quintana, alcalde de Don Benito, y una notable asistencia de público, presentamos el jueves pasado Sueños eróticos de un adolescente empedernido (Madrid, Playa de Ákaba), el último poemario de Antonio María Flórez, en la sala noble del Museo Etnográfico de Don Benito. A un sucinto recorrido por la amplia y variada trayectoria del escritor (con referencias a sus otras vocaciones: la medicina, la gestión pública, la dinamización cultural, el empeño en aproximar la vida cultural de Colombia y España…), le siguió la recitación de varios poemas del libro y un breve coloquio que versó sobre la nobilísima tradición literaria (griega y  latina, bíblica, renacentista e ilustrada, española e hispanoamericana) en la que el libro se situaba de modo consciente y la influencia en sus composiciones de cantautores como Dylan y Cohen. En el cierre del acto, Yolanda Regidor sacó a colación un oportunísimo poema erótico con el que Antonio María había ganado los Juegos Florales del Colegio Claret en 1976, que vino a confirmar que esta preferencia temática es, en su trayectoria, temprana y sostenida en el tiempo. Si el último adjetivo del título tiene un sentido irónico (“empedernido” significa obstinado en el error), la palabra anterior, “adolescente”, define la perspectiva con se quiere contemplar el territorio de la pasión amorosa, pues “la adolescencia es un estado emocional, no una mera descarga de hormonas que condiciona el desarrollo físico e intelectual de la persona. Se puede madurar, pero en muchos de nosotros pervive el deseo de seguir disfrutando de ese estado de sensibilidad extrema, de erotismo elemental, que teóricamente desaparece o se atempera con la adultez. Nada tiene de malo esa intencionalidad de permanecer o de vivir empecinados en una etapa exuberante y enriquecedora de nuestras vidas que, para algunos es mera negación del paso del tiempo, mera nostalgia” [Texto de contraportada]
   Las fotografías son de uno de los asistentes al acto, Antonio Parral, alcalde de Medellín.

jueves, 1 de diciembre de 2016

domingo, 27 de noviembre de 2016

El héroe de nuestro tiempo


BIBLIOTECA FELIPE TRIGO
Volumen I El héroe de nuestro tiempo
En camisa rosa, En la carrera, El médico rural

Badajoz, Departamento de Publicaciones de la Diputación Provincial, 2016, 850 págs.
Edición de Luis Sáez Delgado

   De rotundo acierto hay que calificar la idea del Departamento de Publicaciones de la Diputación de Badajoz de publicar en el centenario de la muerte de Felipe Trigo (Villanueva de la Serena, 1864) una “Obra selecta” del autor agrupada en cuatro volúmenes: I El héroe de nuestro tiempo (En camisa rosa, En la carrera y El médico rural), II Rigurosa etiqueta (Sor Demonio y La clave), III Del momento futuro (Las Evas del paraíso, La Altísima y Novelas cortas) y IV Fragmentos de un viaje (Cuentos, El amor en la vida y en los libros y Selección de textos de viaje y ensayo).
   El otro acierto ha sido encomendar esta vasta tarea al profesor Luis Sáez Delgado, que ha dado numerosas muestras de su valía profesional en cargos como director de instituto, coordinador del plan de Fomento de la Lectura en Extremadura o Director de la Editora Regional entre 2008 y 2011, pero también de su lucidez como lector y estudioso en ensayos como “Muchos años después” (en Reflexiones sobre la novela), “La república nómada. Viaje y viajeros en la literatura contemporánea de Extremadura” (en Invitación al viaje), “La novela extremeña hacia el futuro” (en Extremadura-Portugal. Escribiendo el siglo XXI) y en libros como Animales melancólicos. La invención literaria de la identidad, Un duelo privado. Notas sobre el exilio como literatura de viajes y Literatura en Extremadura, siglo XX, en colaboración, este último, con el profesor Miguel Ángel Lama.
   Bajo el epígrafe de “El héroe de nuestro tiempo”, el volumen que ve ahora la luz incluye, como decimos, tres títulos que han corrido distinta suerte editorial: En la carrera. Un buen chico estudiante en Madrid (Pueyo, 1909) y El médico rural (Renacimiento, 1912) son consideradas de modo unánime obras “mayores” en la trayectoria de Trigo, quien las imaginó, junto con un tercer título que no llegó a escribir (El médico militar), como integrantes de una trilogía titulada El ángel caído. La publicación de En camisa rosa (Biblioteca Hispania, 1916) coincidió con la muerte del escritor, lo que debió ensombrecer su acogida, y es el único volumen de un grupo de seis narraciones que llevaría por título Sonatas del diablo.
   A pesar de los planes de Trigo y de la diferencia de fechas de composición y publicación, la ordenación de estos tres títulos en un solo volumen resulta, pensando en los intereses del lector, de todo punto natural. Siguiendo la perspectiva de un protagonista-testigo (Antonio en la primera novela y Esteban en las restantes) iremos descubriendo el proceso de “formación” de un “héroe de nuestro tiempo” en distintos tramos de su vida: niñez y adolescencia (En camisa rosa), años de formación universitaria (En la carrera) y primeros años de ejercicio profesional (El médico rural) y en las tres narraciones adivinamos un marcado sustrato autobiográfico (más o menos manipulado estéticamente: la procedencia de los materiales narrativos es, al fin y al cabo, irrelevante).
   De la interesante Introducción que abre el volumen (con un estudio sobre el conjunto de su obra y unas sagaces “notas previas” a cada novela) reproducimos un fragmento que subraya esa simbiosis entre un hombre de letras y el tiempo convulso que le ha tocado vivir (y que ha sabido contar).

   “Yo hablo en nombre de la vida no es solo el lema con que Felipe Trigo encabeza su obra, es también la declaración que culmina un siglo orientado a la vida: la biología, la medicina o la filosofía parecían haber descubierto el sentido amoroso de todo lo viviente, la lujuria de los átomos. Ha hecho falta toda la fuerza del XX, todo el dolor de las trincheras y de la deshumanización del arte para desacreditar esa ilusión de las ciencias experimentales que se llamó la vida, disecada y estudiada, diseccionada y novelada sin tregua.
   La obra de Felipe Trigo cubre ese espacio en que la batalla del XIX aparenta estar definitivamente perdida, una derrota que lleva a elegir el momento de su muerte como si le hubiesen aconsejado cerrar su vida en ese justo instante, y no adentrarse por el corto siglo XX, el que comienza tras la I Guerra Mundial; hoy, la memoria del centenario de la Gran Guerra entre las naciones más civilizadas de Occidente se confunde con el de uno de los escritores que con más entusiasmo defendió una Europa civilidad y pacífica, la que contemplaba desde un globo aerostático en su novela Alma en los labios. Imposible una imagen tan Belle Époque” [p. 11]

jueves, 24 de noviembre de 2016

La disección de la rosa


LA DISECCIÓN DE LA ROSA

Eduardo Moga
Mérida, Editora Regional de Extremadura, Col Perspectivas, 2015, 470 págs.
Prólogo de Aurelio Major

   En otra entrada de este blog ya dimos cuenta de la trayectoria poética de Eduardo Moga (Barcelona, 1962) recogida recientemente en una antología, El corazón, la nada. Antología (1994-2014)pero la labor del escritor se ha abierto a otros ámbitos como la traducció (Ramón Llull, Frank O’Hara, Évariste Parny, Charles Bukowski, Carl Sandburg, Richard Aldington, Tess Gallager, Arthur Rimbaud, Billy Collins, William Faulkner, Milton Rokead, Wal Whitman, la edición (fue codirector de la colección de poesía de DVD Ediciones desde 2003 hasta 2012) o la crítica literaria que ejercido en revistas como Letras Libres, Cuadernos Hispanoamericanos, Revista de Occidente, Ínsula, Turia o Quimera.
   La disección de la rosa, publicado en 2015 por la Editora Regional de Extremadura y presentado recientemente en Badajoz por Manuel Pecellín Lancharro, secretario de la Academia de Extremadura, y Joaquín González Manzanares, presidente de la UBEX, reúne los trabajos publicados en las citadas revistas durante aproximadamente un decenio. En esta recopilación predominan las reseñas sobre libros de poesía, tanto españoles como hispanoamericanos, aparecen autores que intuimos predilectos en más de una ocasión (Antonio Gamoneda, María Zambrano, Pere Gimferrer), incorpora ensayos extensos (sobre Pérez Walias, González Ruano, Mateo Rello) y abundan los nombres de poetas extremeños (Álvaro Valverde, Álex Chico, Basilio Sánchez, José Antonio Llera, Javier Pérez Walias, Mario Martín Gijón, Julio César Galán). Si como recuerda el prologuista en una cita de Whitman “el poeta es el hombre ecuánime”, Moga, también como lector, muestra esa cualidad repetidamente, como sucede cuando enjuicia la labor poética de González Ruano en quien reconoce a un individuo infame pero también a un escritor fiel a una vocación poética Nos hallamos en este caso que queremos citar como ejemplo de ecuanimidad ante una aproximación honesta a una obra elaborada durante la vertiginosa sucesión de los ismos, atraída tanto por la experimentación como por la tradición clásica, que ni logró remontar el vuelo en su momento ni se salvará en el futuro (como, por otra parte, la mayoría de trayectorias poéticas), pero que merece ser recordada, al margen de las marrullerías delictivas de su autor.
   Como ejemplo de la atención que dirige a los poetas extremeños, reproducimos un fragmento de la reseña (“Amo esta sequedad”, Letras Libres, nº 86, noviembre de 2008) que dedicó a Desde fuera (2008), de Álvaro Valverde.

Desde fuera mantiene, en todo momento, un subido tono existencial. Es aguda la percepción del paso del tiempo, de lo ido, y de su peso espectral en el presente. La memoria, en su lucha incesante contra el olvido, alivia apenas la certeza de que somos lo que perdemos, de que nuestra personalidad es solo un cúmulo de recuerdos y extravíos. La muerte acude, desde los primeros versos, como inevitable corolario de la preocupación existencial, aunque Valverde la analiza con inusual intensidad en la sección “Entonces la muerte”, que contiene algunos de los poemas más conmovedores del libro, como el segundo, que plasma el flujo de la vida y, sobre todo, el flujo de la muerte: el poeta describe la vela de su padre enfermo, en una cama de hospital, recuerda la que este guardó al suyo, y anticipa la que sus hijos le guardarán a él, en la misma silla, sujetándole muy fuerte la mano” [p. 383]



miércoles, 16 de noviembre de 2016

Un error histórico


La pasión de escribil


LA PASIÓN DE ESCRIBIL
Relato de tres viajes a Hispanoamérica

Sevilla, La isla de Siltolá, Col. Levante, 303 págs.

   Eduardo Moga (Barcelona, 1963) es autor de una dilatada trayectoria poética que arranca con Ángel mortal (1994) y La luz oída («Premio Adonáis», 1996) y ha sido recogida en una antología reciente El corazón, la nada (Antología poética 1994-2014). Pero Moga es también un notable prosista que ha cultivado el libro de viajes en títulos como La pasión de escribil (2013), una selección de entradas de su bitácora, Corónicas de Ingalaterra, con el título de Corónicas de Ingalaterra. Un año en Londres (con algunas estancias en España) (2015), y los ensayos De asuntos literarios (2004), Lecturas nómadas (2007), La poesía de Basilio Fernández: el esplendor y la amargura (2011) y La disección de la rosa (2015). Ha codirigido la colección de poesía de DVD ediciones desde 2003 hasta 2012. Mantiene el blog Corónicas de Españia. En la actualidad, es director de la Editora Regional de Extremadura y coordinador del Plan de Fomento de la Lectura.
   La pasión de escribil [sic], una expresión oída casualmente a una hablante hispana, relata, como indica el subtítulo del libro, tres viajes a Hispanoamérica (Venezuela, República Dominicana y México) invitado a lecturas poéticas. Reproducimos un fragmento del texto prologal (“Haciendo las maletas”), un espléndido poema en prosa sobre la condición del viaje que no es representativo del tono general del libro, en el que con un registro de crónica viajera traza “una irónica fotografía de la sociedad literaria de hoy y un ácido recuento interior, en el que confluyen la fascinación por los lugares que se conocen y el horror que esos mismos lugares inspiran, la ternura y la sátira, la soledad de uno y la historia de todos. Y ello narrado con la prosa exigente, pero llena de naturalidad, de un poeta esencial” [Texto de contraportada]

Haciendo las maletas

   Viajar supone acrecentar la vida, o alumbrarla de nuevo: como la poesía, el viaje vulnera el pacto que hemos establecido con las cosas, por costumbre, conveniencia o desidia, y nos devuelve siquiera sea transitoriamente, el sentimiento primigenio de existir. Por el viaje, los cuchillos son más cortantes que nunca, el sol sale como un gran cráter de oro, que jamás nos había parecido tan amarillo, y se pone como una gran sangría estelar, inconcebible de sombras y púrpuras; los transeúntes pasan con una movilidad desconcertante, hecha de brazos que bracean, y cabezas que cabecean, y caras turbulentas de ojos y tristeza; y los árboles pasan, también, con las raíces estremecidas, meneando el pelo y sacudiéndose los pájaros. Todo se afirma en lo que es, como si rebrotara después de un largo estiaje, como si, despojado de la espectralidad de lo cotidiano, naciese a la materia, ensangrentada, significante. La repetición de la caricia anula el placer de la caricia. Y su renacimiento solo puede provenir de  los sentidos: en los viajes, las cosas, aun las más ásperas, nos acarician, el mundo nos ausculta, el aire nos huele, nos duele. Los viajes son una experiencia táctil: alcanzamos el conocimiento por la piel, y ese aprendizaje nos descubre también a nosotros: somos más quienes somos –o lo averiguamos, al fin- cuando los objetos dejan de ser amables, cuando nos niegan su solidaridad, cuando sus signos han de ser descifrados. Para comprenderlos, debe haber un yo que comprenda: es necesario hacerse cuando está todo por hacer. El viaje disipa  la niebla de  lo evidente. El viaje nos permite dialogar con quien se esconde en nosotros” [pp. 11-12]

Trienios


TRIENIOS
Diario y bestiario de un funcionario

Jorge Márquez
Mérida, De la Luna libros, 2016, 281 págs.
Presentación (“Bienvenidos a la jungla”) de Wesley J. Weaver III

   Director del Festival de Teatro Clásico de Mérida entre 2000 y 2005, Jorge Márquez (Sevilla, 1958) es un articulista, dramaturgo y narrador con más de veinte obras teatrales como Coraggio, mia signora (premio Constitución de 1992), Títeres de la luna, Hazme de la noche un cuento, La tuerta suerte de Perico Galápago (premio “SGAE” de 1994) o Cuchillos de papel (premio “Lope de Vega” de 2010). Como narrador, Márquez es autor de El claro de los trece perros (premio “Ciudad de Salamanca”, 1996), Las parcas (Editora Regional de Extremadura, 2000), que reúne tres narraciones cortas tituladas “Cloto (La taberna)”,”Láquesis (La brújula)” y “Átopos (La habitación de hotel”, y Los agachados (Sevilla, Algaida, 2003). Ahora, la editora emeritense De la Luna libros publica su tercera novela, Trienios, cuya trama alterna bloques narrativos diferenciados por el tipo de letra, un “diario” de un ordenanza que ha perdido a la mujer que ama y un “bestiario” protagonizado por numerosos tipos humanos que tienen en común su trabajo en la administración (maestros, ordenanzas, técnicos de mantenimiento, jefes de recursos humanos, directores de departamentos de publicaciones…) durante un amplio tramo cronológico que abarca los años de la República, el Franquismo, la Transición y las décadas de Democracia. El resultado es un reflejo a veces ácido, en ocasiones amable, de la vida cotidiana de ese mundo cerrado, reacio a la transparencia, en que todo (contratación de personal, ascensos, despidos…) se somete al clientelismo, al parentesco, a la arbitrariedad, a la concesiones interesadas (“Si das de comer a quien te critica, no podrá hablar mal de ti cuando mastica”) de un poder burocratizado que exhibe parecidas lacras sea cual sea la forma de gobierno.
   Reproducimos un fragmento en que un auxiliar administrativo recién llegado y un técnico de mantenimiento discuten frente a una fotocopiadora atascada (una secuencia, por cierto, fácilmente representable).

        “-A ti te han mandado hacer fotocopias y a mí me han mandado reparar la fotocopiadora –exhibe un papel arrugado en la mano izquierda, una orden escrita-. Será porque la fotocopiadora necesita ser reparada, digo yo. O sea, que está averiada. Y si la fotocopiadora está averiada, es imposible que tú estés haciendo fotocopias. Entonces, si no estás haciendo fotocopias, ¿me puedes decir qué coño estás haciendo con la fotocopiadora?
-Pues… fotocopias –responde Nicolás con cara de tonto-. Bueno –se lanza antes de que el técnico vuelva a enredarle en el laberinto de su ilógica funcionaria-, el caso es que estaba averiada pero poco; tenía un folio atascado, se lo he sacado y funciona […]
-No, no. Qué va –dice. No es posible que funcione. Vamos a ver, ¿tú quién eres?
-Nicolas  Lagarcha -le tiende la mano-, auxiliar administrativo. Me he incorporado hoy.
-Muy bien, Nicolás Lagarcha Auxiliar Administrativo –responde el técnico ignorando la oferta de saludo-. No sé si decirte encantado de conocerte, fíjate, por lo que me estás contando. Así que has abierto tú la fotocopiadora.
-Sí, pero porque…
-Y que la has arreglado –le interrumpe, ya sin preguntar.
-Bueno, es que era…
-Y me has dicho que te llamas Nicolás Lagarcha Auxiliar Administrativo; o sea que eres auxiliar administrativo, Nicolás Lagarcha, la misma palabra lo dice.
-Sí…
-Muy bien. ¿Y tú sabes cómo me llamo yo? –no tiene intención de dejarle contestar-. Pues yo me llamo Eladio Presilla Técnico de Mantenimiento, ¿Sabes por qué? Pues porque soy técnico de mantenimiento, la misma palabra lo dice; lo cual no me impide ir a tu mesa y hacer tu trabajo de auxiliar administrativo; así tú te tocas los huevos, y cuando venga tu jefe y te pregunte por qué te estás tocando los huevos en vez de trabajar, le dices que Eladio Presilla Técnico de Mantenimiento ya ha hecho tu trabajo. ¿Y sabes qué pasa entonces? Pues que tu jefe dirá que si hay otro que hace tu trabajo para qué coño te necesita a ti, y te mandará a la puta calle. ¿Entiendes la metáfora?”. [pp. 254-255]