sábado, 25 de marzo de 2017

Don Quijote


DON QUIJOTE. PUBLICACIÓN DE HUMOR Y DE COMBATE

Badajoz, Diputación Provincial, 2016
Edición facsimilar
Estudio preliminar de Eutimio Martín

   El Departamento de Publicaciones de la Diputación de Badajoz publica en edición facsimilar el periódico elaborado por republicanos del exilio en la ciudad de Rodez (Aveyron) entre junio de 1946 y marzo de 1847, con un estudio preliminar de Eutimio Martín. “No sabemos –considera el estudioso- quiénes lo dirigen ni quienes lo redactan porque como director figura Don Quijote; es redactor-jefe Sancho Panza; secretaria de redacción, la Infanta Micomicona. Firman: la condesa Trifaldi, el Caballero del Verde Gabán, Maese Pedro, Dulcena, Rocinante… También consigue Don Quijote la “colaboración de adláteres del franquismo, tanto políticos como culturales, encajados en grotescas denominaciones: “Jamón Serrano” por Ramón Serrano Súñer, o “Jacinto Indecente” por Jacinto Benavente”. De periodicidad mensual, fue muy bien acogida por los lectores españoles y en sus primeros cuatro números pasó de 5000 a 8000 ejemplares, pero tras la novena entrega dejó de publicarse. Reproducimos una ilustración.


viernes, 24 de marzo de 2017

Día mundial del teatro



El impresor de Venecia


EL IMPRESOR DE VENECIA
Javier Azpeitia
Barcelona, Tusquets Editores, 2016, 344 págs.

   Javier Azpeitia (Madrid, 1962) es un escritor, editor y filólogo, que ha sido subdirector de la editorial Lengua de Trapo y director de 451 Editores. Profesor del Máster en Escritura Creativa de Hotel Kafka, y tutor en el Máster en Edición de la Universidad de Salamanca, en 2015 fue comisario de la exposición 500 años sin Aldo Manuzio, realizada por la Biblioteca Nacional de España, y participó en la muestra La fortuna de los libros, del Museo Lázaro Galdiano, donde uno de los incunables aldinos tuvo gran protagonismo.
   Comenzó su carrera literaria en 1989 con Mesalina, a la que siguieron Quevedo (1990); Hipnos (1996, premio Hammett de Novela Negra y llevada al cine por el director David Carreras); Ariadna en Naxos (2002); Nadie me mata (2007). En 2016 publica El impresor de Venecia, su última novela (Tusquets). Sus novelas han sido traducidas al francés, al italiano, al ruso y al griego.
   El impresor de Venecia es una novela histórica, extraordinariamente narrada, cuya trama arranca en 1489 cuando Aldo Manuzio llega a la ciudad italiana con el propósito de emprender una carrera como impresor, algo que logra en el taller de Andrea Torresani con cuya hija, muchos años más joven se ve obligado a contraer matrimonio. Las peripecias sentimentales de este hombre, en el umbral de la ancianidad, se desarrollan paralelas a su labor como impresor, una tarea que revolucionará el mundo de la edición (publicación de textos clásico griegos en octavo, o libros de faltriqueras, de autores prohibidos por una todopoderosa Iglesia) en una ciudad efervescente situada en el término de la ruta de la seda que había consolidado numerosos canales de distribución con otras ciudades italianas y con el resto de Europa. Los mismos caminos por donde la ciudad comercia con especias, sedas o esclavos, recorrerán los libros, envasados en toneles, hechos en las numerosas imprentas de la ciudad. Reproducimos un fragmento en el que Aldo asiste a una subasta en pleno centro de la ciudad.

   “A su lado, aferrada con los dos brazos a una de sus piernas estaba una niña de unos doce años. Quizá la hija del subastador, pensó Aldo. Tenía una larga y preciosa melena rojiza ondulada, que el hombre acariciaba abultándola por detrás de la nuca. La niña miraba con ojos grandes y rubios a los feriantes que los rodeaban.
-Comenzamos la subasta, con género de la casa Stavros Diamantidis –dijo el hombre-, en cuarenta ducados de oro.
   El precio era disparatado. Nadie iba a pagar algo así por un animal.
-¿Pero dónde está la bestia? –le preguntó Aldo a Andrea, muerto de curiosidad, antes de que comenzara la cuenta atrás.
-Os recuerdo que la casa de Stavros no admite pago con letra sino solo con moneda –añadió el subastador.
-Un momento –gritó con acento cerrado un subastero alemán que iba vestido como un verdadero príncipe-. Dime si habla cristiano.
   Aldo no entendió la pregunta, e iba a repetir la suya a Torresani cuando el subastador respondió.
-En casa de Stavros no se venden cristianas, ni lo permite el senado, ciudadanos. Si lo que quieres es hablar con ella ya la enseñarás tú, pero estas aprenden rápido. Es abjasia, comprada en Cafa. Está sin bautizar, sana como una manzana, no hay más que mirarla, ¡y virgen! ¡Lo tiene todo!
Una íntima repugnancia sacudió el corazón de Aldo al comprender. Estuvo intentando encontrar el modo de impedir la subasta, pero se le acababa de embotar el cerebro. Está prohibido, se dijo, pese a que sabía bien, porque lo había visto con sus propios ojos, que la producción de Venecia se organizaba en buena medida gracias a la esclavitud”. (p. 152).

jueves, 23 de marzo de 2017

Retratar la escritura


RETRATAR LA ESCRITURA
Escritores en el objetivo de Daniel Mordzinski

Catálogo de la exposición realizada en la 10ª Fiesta del Libro y de la Cultura
Medellín (Colombia), Secretaría de Cultura Ciudadana, 2016.
Presentación de Juan Diego Mejía

   Nacido en Buenos Aires en 1960 y residente en la actualidad en Francia, Daniel Mordzinski es corresponsal del diario El país y otros medios periodísticos. Conocido como el “fotógrafo de los escritores”, su cámara ha captado imágenes de tres generaciones de escritores iberoamericanos y españoles. El presente catálogo de una exposición que conmemora los diez años de existencia de la Fiesta del Libro y de la Cultura de la ciudad colombiana de Medellín, en que Extremadura fue la región invitada, reúne imágenes de Héctor Abada Faciolince, Mario Benedetti, Roberto Bolaño, Piedad Bonnett, Javier Cercas, Julio Cortázar, Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez, Juan Gelman, Leila Guerriero, Darío Jaramillo, Jorge Luis Borges, Vargas Llosa, Vila Matas, etc. “El autor de estas imágenes -considera Juan Diego Mejía, director del encuentro- es Daniel Mordzinski, amigo entrañable de Medellín. Él los retrató a su manera y, a su manera, también invitó a hacer parte de esta exposición a los más grandes que han estado frente a su ojo: García Márquez, Borges, Carlos Fuentes, Cortázar, Mutis y otras caras muy familiares que ya hacen parte del inventario espiritual de los lectores de todos los tiempos". 
   Reproducimos tres imágenes del catálogo (de Laura Restrepo, Álvaro Mutis y Javier Cercas) y otras tres (de Antonio María Flórez, Susana Martín Gijón y la delegación extremeña) tomadas más tarde durante la celebración de la Fiesta.







miércoles, 22 de marzo de 2017

Correspondencias


CORRESPONDENCIAS – KORRESPONDENTZIAK
Héctor Abad y Fernando Aramburu

San Sebastián, Fundación Donostia, 2016, 191 páginas.
Prólogo – Atarikoa de Amos Oz

   Con ocasión de la elección de San Sebastián como capital europea de la cultura, la fundación Donostia ha reunido en un volumen las cartas que el escritor colombiano Héctor Abad (Medellín, Colombia, 1958) y Fernando Aramburu (San Sebastián, 1959) se cruzaron entre septiembre de 1015 y junio de 2016 antes de su encuentro en la capital guipuzcoana en noviembre de ese mismo año. Naturalmente, la elección de estos dos nombres no tiene nada de casual. Ambos han sido testigos de la violencia en sus comunidades (País Vasco y Antioquia) y los dos han reflejado en sus trayectorias narrativas un conflicto que ha ensangrentado las dos naciones durante décadas. El narrador colombiano trazó un cuadro de la violencia de guerrilla y paramilitares en La Oculta (2014); años antes, en El olvido que seremos (2006) había escrito la biografía de su padre asesinado por razones políticas. Fernando Aramburu relató la violencia de ETA (y la complicidad de la sociedad vasca) en los relatos de Los peces de la amargura (2006; en El vigilante del fiordo, otro libro de relatos de 2011, se abriría a otras formas de terrorismo o violencia) y en una de las mejores novelas publicadas recientemente, Patria (2016), que se propone un reflejo social del conflicto entre vascos, pero apenas si se refiere a las víctimas no vascas de extorsiones y atentados (la mayoría de los casi novecientos asesinatos). Entre otros numerosos asuntos (familia,  lecturas, hábitos de escritura, concepción de la literatura…) ambos escritores se enfrentan a la lacra de la violencia.
   Tampoco es casual que abra el volumen un prólogo-entrevista de Amos Oz, testigo privilegiado del conflicto palestino-israelí. Reproducimos fragmentos de los tres colaboradores.

Amos Oz
   “La principal diferencia entre una tragedia de Shakespeare y una comedia de Chejov es que al finalizar una tragedia de Shakespeare el escenario está cubierto de cadáveres y quizás -solo quizás- se haya impuesto la justicia. Al término de una comedia de Chejov, todo el mundo está decepcionado, afligido, derrotado o desencantado, pero vivo. Y toda mi vida he pensado que deberíamos luchar no por un final feliz del conflicto -nunca he creído en los finales felices de los conflictos-, sino por una solución chejoviana” [p. 12].

Fernando Aramburu
   “Sucede que entre mis compatriotas vascos se daba y se sigue dando una tendencia a proyectar las peculiaridades locales en abstracciones y, por tanto, en mitos. Esta operación prevé la colectivización de los sentimientos. En el caso del País Vasco dicha operación es claramente agonista y no concuerda ni de lejos con el alto nivel de vida de los ciudadanos. La idea inicial del referido agonismo es que un pueblo está en peligro de desaparecer. Otra versión aún más paradójica postula la existencia de un pueblo antiquísimo que aspira a constituirse como tal  pueblo. Quien dice un pueblo, dice una lengua, unas costumbres, unas esencias. De ahí a establecer la selección de los puros hay menos de un paso, e idéntica distancia separa el filtro selector de la exclusión de quienes no se ajustan a la  imagen uniforme, obligatoria” [pp. 57-58].

Héctor Abad
   “Les dije exactamente eso, que yo era dos, y que a veces era Héctor, sobre todo en Colombia, en la pasión y la lucha política, en la agitación sin tregua de los días, y a veces era Abad, en el retiro monacal del mundo, en el silencio, en el ensimismamiento, aquí, lejos de todo. Siento que en ese péndulo se me va  la vida, y siento que ese péndulo describe muy bien nuestro ejercicio como escritores: enajenarse, ensimismarse. Enloquecerse en el campo de batalla del mundo (las bombas de ETA, los disparos de los paramilitares y los secuestros de la guerrilla, nuestra indignación y nuestro dolor, nuestra locura), luchar así sea contra semidioses que nos van a matar, y luego encerrarse, enclaustrarse en una celda, luchar tan solo con lo que esconde -ese misterio- detrás de las duras paredes del cráneo, y en ese proceso mental producir algo, dejar que las palabras digan lo que no pueden decir nuestros actos” [p. 86]

martes, 21 de marzo de 2017

La espina del gato

LA ESPINA DEL GATO

Yolanda Regidor
Córdoba, Ed. Benerice, 2017, 297 págs.

   Nacida en Cáceres en 1970, Yolanda Regidor es licenciada en Derecho y formadora ocupacional, además de trabajar como asesora jurídica y docente en proyectos de inserción sociolaboral. Como escritora, su primera novela fue La piel del camaleón, acogida con críticas favorables. Le siguió Ego y yo, ganadora del premio Jaén de Novela de 2014, novela que la confirmó como una de las trayectorias literarias jóvenes más consolidadas.
   Ahora, la editorial cordobesa Benerice publica La espina del gato, su tercera novela, en que una narradora anónima, ya en su ancianidad, hace recuento de su vida mientras espera reencontrarse en una cafetería con el hombre a quien ha amado en silencio durante décadas, pues en una encrucijada de su vida tomó un rumbo equivocado que la llevó a un matrimonio sin amor. Los recuerdos saltan de un modo natural de unos momentos a otros de su vida, pero se detienen, de modo preferente, en los tres años de guerra civil, desde el asalto al Cuartel de la Montaña, que impulsará al padre a alistarse en las milicias (la primera pérdida) hasta el Desfile del Día de la Victoria, que marcará un quiebro en la vida de la niña. Con este regreso al pasado, la narración saltará a un registro infantil con que se recuerdan aquellos años convulsos, uno de los aciertos de la narración, pues la perspectiva de la niña, llena de candor, ingenio y humor, nos obliga, como lectores, a participar constantemente en la construcción de su sentido (esto es, a reinterpretar los episodios que la niña, desde su experiencia infantil, cuenta pero no siempre interpreta acertadamente).
   Varios escritores han repetido la idea de que la literatura (en especial, la narrativa) recoge la vida privada de las naciones. La espina del gato contiene un capítulo de esa “historia privada” de la España cainita del siglo pasado, confirma que las guerras siempre las pierden los mismos (en este caso, los más desfavorecidos y las clases medias que aspiraban al bienestar y a la paz) y acentúan, de forma trágica, el convencimiento de que vivir es asistir impotente a un repertorio de pérdidas, como evidencia el contraste entre la niña del arranque de la narración, arropada por sus padres y sus cuatro abuelos, con la anciana completamente sola del desenlace.
   Pero por encima del valor testimonial de la narración (situada en un Madrid “numantino” pormenorizadamente documentado) sobresale, para este lector, además de una prosa madura, atenta a los más sutiles matices, su valor existencial que indaga en la condición humana zarandeada por el ventarrón de la historia y a una insatisfacción que no cesa (la “espina del gato”). Impulsada por una frase de su padre (de una carta enviada desde el frente de Guadarrama, “Aquí todo el que sabe escribir, escribe”), la narradora concluye su evocación diciendo: “Y decidí escribirlo. Escribirlo mientras espero”.
   Reproducimos un fragmento de una secuencia, como muchas otras, protagonizada por mujeres (los hombres están en el frente).

   “La guerra acabaría, papá no iba a tardar en volver y entonces, brindaríamos con champán. Mamá me pondría el vestido de flores rosas, mi favorito, el que me hizo con los patrones y la ayuda de Luisa, nuestra vecina, que “tiene unas manos que si tuviese gusto se habría hecho rica”.
-Dale dos centímetros más –dijo mi madre con la voz que pone siempre cuando juega conmigo a las princesas- que luego, cuando menos te lo esperas, dan el estirón y todo les queda pequeño.
-Sí, y sobre todo porque no sabemos cuándo ni cómo acabaremos… si es que salimos vivas de esta- replicó Luisa mirándola de reojo por encima de los lentes. Quizá era la primera vez que yo veía esa expresión, ese gesto sibilino de la gente que disfruta tajando cualquier atisbo de alegría ajena, pues desde entonces pude identificarlo e identificar, con él, a las malas personas.
   Mi madre bajó de nuevo la vista a la pieza de tela estampada con flores rosas que tenía en el regazo y respondió ya con el tono de siempre, en voz muy baja: “Sí, sobre todo por eso”. Y ese susurro continuó repitiéndose en mi cabeza como si sus palabras cayesen y cayesen a un pozo sin fondo. Vi cómo su rostro se apagaba y la sala y el mundo entero se oscurecía por la falta de luz. Todo quedaba en silencio; un silencio que también era oscuro. Es entonces, mientras me acompaña esa tiniebla, cuando nuestra vecina Luisa se convierte en “la Luisa”, y yo odio a la Luisa, esa mujer sin gusto. Ha entristecido a mi madre, Dios sabe por qué de tal forma, pero a mí no me importan las razones; yo he de vengar el quebranto.
-Luisa, y a ti ¿por qué no te gustan las cosas?
-¿Qué cosas?
-Las cosas, todas. No te gustan las cosas porque no tienes gusto –dije con el tono de las princesas-. Si lo tuvieras, serías rica. Pero no lo tienes.
   Mi madre, con la boca abierta, no daba crédito a lo que acababa de escuchar, y la Luisa, que empezó a iluminar de nuevo la estancia con el arrebol de sus mejillas, me preguntó, con deje contenido, que quién me había dicho eso. Mi madre se apresuró a contestar por mí:
-Son cosas de niños, mujer. Ya sabes, oyen esas cosas en la calle y luego las repiten como loros. [pp. 18-19].

martes, 14 de marzo de 2017

Un extremeño en la Persia del siglo XVII


UN EXTREMEÑO EN LA PERSIA DEL SIGLO XVII
Nuevos testimonios de la embajada de Don García de Silva y Figueroa (1614-1624)

José María Moreno González y Carlos Martínez Shaw
Badajoz, Diputación Provincial, Col. Historia, 2016, 339 págs.

   Doctor en Historia, José María Moreno González es, entre otros cometidos, encargado del Archivo Histórico Municipal de Zafra, Director del Centro de Estudios del Estado de Feria y codirector de la revista Cuadernos de Çafra. Autor de numerosas publicaciones, su último estudio lleva por título Educación y Cultura en una villa nobiliaria,Zafra (1500-1700), su tesis doctoral (dirigida por Luis Gómez Canseco). Por su parte, Carlos Martínez Shaw (Sevilla, 1945) es catedrático de Historia Moderna de la Universidad Nacional de Educación a Distancia y académico de número de la Real Academia de la Historia. Profesor visitante en numerosas universidades extranjeras y autor de numerosos libros de su especialización, su trayectoria le ha hecho acreedor de numerosos galardones y reconocimientos.
   Ahora, el Departamento de Publicaciones de la Diputación de Badajoz publica Un español en la Persia del siglo XVII, que analiza “la aventura diplomática emprendida por don García de Silva y Figueroa, a raíz de su nombramiento por Felipe III como embajador ante el shah Abbas”. Tras detenerse en sus ascendientes, nacimiento y primeros años, los autores se centran en el desarrollo de la embajada, al tiempo que el capítulo III estudia y reproduce el Libro diario de gastos del embajador (1619-1620), cuyas anotaciones “dan inicio [en Isfahán] el 1 de enero de 1619 y terminan el 29 de mayo de 1620, cuando la legación ya ha alcanzado la ciudad de Goa". La entrevista decisiva con el emperador persa se producirá el 2 de agosto de 1619, durante dos horas y constituirá una severa decepción para don García, quien morirá en el viaje de regreso, pues los intereses de España y Persia no permiten consolidar alianza alguna.

   “Según las conclusiones del shah Abbas, en primer lugar los cristianos han dejado solos a los persas contra los turcos, por lo que la alianza no tiene ninguna base sólida. Segundo, no hay ni que mencionar la ocupación de la isla de Bahrein, que en ningún caso será restituida al dominio portugués. Tercero, la amenaza de Ormuz es cierta, puesto que pertenece a un rey sunní y debe pasar al dominio de un rey shií, al margen de que debe cancelarse el vasallaje a que sus soberanos son sometidos por el capitán del presidio lusitano. Cuarto, no hay tampoco nada que decir de la presencia inglesa en la corté safaví, que va a continuar a conveniencia del emperador. Quinto, no hay mucho que añadir a la consentida presencia de misioneros católicos en tierras persas” [pp. 250-251]

lunes, 13 de marzo de 2017

Javier Azpeitia en el Aula Guadiana



   El pasado viernes, el narrador y editor Javier Azpeitia (Madrid, 1962) visitó Don Benito, en donde asistió a una charla con alumnos del IES Cuatro Caminos, del IES Donoso Cortés y del Colegio Claret. Por la noche, en la Casa de Cultura intervino en un acto abierto a todo el público seguido de una animado coloquio con los asistentes, en que, entre otros asuntos, dejó patente su vocación tanto por el ejercicio de la escritura como por la tarea de la edición, oficio sobre el que gira su última novela (El impresor de Venecia. Barcelona, Tusquets 2016), que comentó ampliamente.

miércoles, 8 de marzo de 2017

Fiestas extremeñas


FIESTAS EXTREMEÑAS

Marciano Curiel Merchán
Badajoz, Diputación Provincial, Col. Raíces, 2016, 137 págs.
Edición, introducción y notas de Pilar Montero Curiel y María Luisa Montero Curiel.

   Pilar Montero Curiel y María Luisa Montero Curiel son profesoras titulares de Lengua Española en el Departamento de Filología Hispánica y Lingüística General de la Universidad de Extremadura. Autora de artículos sobre dialectología española y de la monografía El extremeño, Pilar se doctoró en 1993 con un estudio sobre “El habla de Madroñera”, de donde proceden sus libros Vocabulario de Madroñera y El habla de Madroñera. Por su parte, María Luisa defendió su tesis doctoral en 1996 (“La prefijación negativa en español”) y ha publicado el libro La prefijación apreciativa en español.
   Nietas de Marciano Curiel (Garganta la Olla, 1892-Trujillo, 1947), ambas han editado conjuntamente el estudio El léxico animal del Cancionero de Baena y los libros de su abuelo, Cuentos extremeños (2006) y Juegos infantiles de Etremadura (2012).
   Ahora el Departamento de Publicaciones de la Diputación de Badajoz publica Fiestas extremeñas, un trabajo inédito hasta hoy, que recoge celebraciones festivas cacereñas de las localidades con las que el folklorista, maestro de profesión, estuvo vinculado estrechamente, “su pueblo natal, Garganta la Olla, en la Vera de Plasencia, y dos de los municipios cacereños en los que ejerció las tareas docentes, Madroñera (1917-1934) y Trujillo (1934-1947). De Ceclavín procede una selección de cantares festivos anotas por Marciano Curiel a principios de 1932 cuando visitó la ciudad como guía de Kurt Schindler, el musicólogo berlinés afincado en Nueva York que recorrió varias regiones de España con la idea de realizar la primera recopilación sonora de la música popular española” [p. 10].
   Reproducimos un fragmento que describe una de estas festividades populares de su pueblo natal.

“LOS SANTOS

  Ha llegado el otoño. Las camaretas, sobrados, camellotes y sequeros de este fertilísimo rincón verato están pletóricos como prometido anuncio de abundancia y bienestar para pasar el invierno.
   En esta tierra favorecida todos tienen algo, todas las casas tienen su  pequeña pitarra y en todas se hace ese riquísimo néctar, bebida de dioses, que por eso se llama gloria (mosto de uva sin fermentar al que se adicionan manzanas, melocotones, anís, canela, café, y que es una verdadera ambrosía). Por estas clásicas camaretas, los rincones están hasta el techo llenos de patatas, manzanas, higos pasados, nueces y castañas. De las vigas de los techos cuelgan racimos de uvas y ristras de ciruelas. Orejones y mojiles […] Saben muy bien esto los monacillos (monaguillos) y los amigos de estos, que por los Santos son muchos. Unos y otros, la víspera de los Santos y el mismo día por la mañana, salen en alegre pandilla a pedir por las calles. No hay casa, por humilde que parezca o sea, que no sufra la acometida de estos simpáticos pedigüeños. Hay que sacar algo de todos. El alegre tintineo de una campanilla, con su argentino son, avisa al vecindario de que la alegre compañía de monacillos efectivos y honorarios se acerca. Ya llegan a las casas y anuncian a coro su llegada. Con sus infantiles voces cantan a voz en grito llenos de engreimiento por el papel que van representando. ¿Quiénes van a negar nada a los que piden diciendo que son ángeles? Y cantan con entusiasmo:

Ángeles somos,
del cielo venimos,
a pedir algo
para los Santos,
higos y castañas,
nueces y manzanas,
jarros de vino
y torreznos de tocino” [pp- 124-125].

lunes, 6 de marzo de 2017

Javier Azpeitia en Don Benito




   El próximo viernes, 10 de marzo, visita Don Benito, invitado por el aula Guadiana, Javier Azpeitia que hablará de su obra en el salón de actos del IES Donoso Cortés a alumnos de bachiller de este centro, del IES Cuatro Caminos y del Colegio Claret. Por la tarde, a las 20,00 horas, intervendrá en la Casa de Cultura de Don Benito en un acto abierto a todo el público.
   Javier Azpeitia (Madrid, 1962) es un escritor, editor y filólogo español. Ha tenido una experiencia profesional variopinta (ente otras cosas como profesor, guía turístico, guionista, corrector de estilo o documentalista).
   Ha sido subdirector de la editorial Lengua de Trapo y director de 451 Editores. Es profesor del Máster en Escritura Creativa de Hotel Kafka, y tutor en el Máster en Edición de la Universidad de Salamanca. En 2015 fue comisario de la exposición 500 años sin Aldo Manuzio, realizada por la Biblioteca Nacional de España, y participó en la muestra La fortuna de los libros, del Museo Lázaro Galdiano, donde uno de los incunables aldinos tuvo gran protagonismo.
   Comenzó su carrera literaria en 1989 con Mesalina, a la que siguieron Quevedo (1990); Hipnos (1996, premio Hammett de Novela Negra y llevada al cine por el director David Carreras); Ariadna en Naxos (2002); Nadie me mata (2007). En 2016 publica El impresor de Venecia, su última novela (Tusquets). Sus novelas han sido traducidas al francés, al italiano, al ruso y al griego. Pertenece a la generación de Rafael Reig y Antonio Orejudo, con quienes comparte una visión innovadora de la literatura.