martes, 17 de octubre de 2017

Las Órdenes Militares en Extremadura


LAS ÓRDENES MILITARES EN EXTREMADURA

Federación Extremadura Histórica
Bartolomé Miranda Díaz y Rogelio Segovia Sopo [coord.]
Almendralejo, 2015, 563 págs.

   Las Órdenes Militares en Extremadura recoge las actas del I Congreso de la Federación Extremadura Histórica celebrado en Garrovillas de Alconétar los días 13 y 14 de marzo de 2015. En el acto se leyeron ponencias de Carlos de Ayala Martínez (“Las Órdenes Militares en Extremadura en la Edad Media”), José Luis Corral Lafuente (“El Temple en la Península Ibérica y en Extremadura”, Juan de Ávila Gijón Granados (“La Orden de Santiago en la Extremadura del siglo XVIII”), Fernando de Vargas-Zúñiga y Mendoza (“La orden de Alcántara y el Real Consejo de las Órdenes”). El Congreso se cerró con la presentación del libro Autos Capitulares y Definiciones manuscritas de la Orden de Alcántara, de José María López de Zuazo y Algar.
   Reproducimos un fragmento de la primera ponencia que deja constancia del protagonismo de las Órdenes Militares en la reconquista de las tierras extremeñas.

   “La victoria de Jerez de la Frontera fue el principio del fin de la efímera hegemonía de Ibn Hud. Poco después, en el invierno de 1232, el maestre de Alcántara, junto al obispo y milicia concejil de Plasencia, conquistaron Trujillo, y se adentraron en La Serena, al sur del Guadiana tomando Magacela y Zalamea. Por su parte, también la Orden de Santiago contribuyó decisivamente a abatir el dominio del caudillo andalusí en el flanco suroeste peninsular, y lo hizo progresando sobre su eje de extensión meridional, el que, desde Mérida, tenía por meta las tierras sevillanas. Lo cierto es que, entre 1234 y 1242, los freires santiaguistas tomaron Medellín –en este, caso con la activa colaboración de los freires alcantarinos-, Hornachos, Alange, Santa Cruz y el territorio que se desplegaba en torno a Usagre y Llerena, alcanzando así, sin el directo caudillaje del rey Fernando III, el borde de las tierras sevillanas. Por aquellos mismos años, el maestre de Alcántara conquistaba Benquerencia y probablemente consolidaba su presencia en La Serena ocupando, entre otras villas y castillos, los de Zafra, Hornachuelos y Hornos”. [p. 39].

lunes, 16 de octubre de 2017

3 x 3


El cuerpo y otra cosa


EL CUERPO Y OTRA COSA

Darío Jaramillo Agudelo
Valencia, Pre-Textos, Col. La cruz del sur, 2016, 50 págs.

   Nacido en Santa Rosa de Osos (Antioquia, Colombia) en 1947, Darío Jaramillo Agudelo ha cultivado varios géneros literarios: el ensayo (Poesía en la canción popular latinoamericana (2008), una obra autobiográfíca (Historia de una pasión, 2006) y varias novelas aparecidas en Pre-Textos (La muerte de Alec, 2013; Cartas cruzadas, 1993; Memorias de un hombre feliz, 2000; El juego del alfiler, 2002; Novela con fantasma, 2004; La voz interior, 2006 e Historia de Simona, 2011).
   Considerado como uno de los mejores poetas colombianos actuales, Darío Jaramillo es autor de ocho libros de poesía: Historias (1974), Tratado de retórica (978, Premio Nacional de Poesía), Poemas de amor (1986), Del ojo a la lengua(1995), Cantar por cantar (2001), Gatos (2005), Cuadernos de música (2008) y Solo el azar (2011). Su obra poética ha sido recogida en numerosas selecciones parciales y reeditada como obra completa en tres ocasiones: 77 poemas (Universidad Nacional, 1987), 127 poemas (Universidad de Antioquia, 2000) y Libros de poemas (Fondo de Cultura Económica, 2003).
   En 2016, la editorial Pre-Textos publicó El cuerpo y otra cosa, conjunto de composiciones en verso y en prosa poética, de la que reproducimos la composición de cierre, en que evoca desde un presente desolado a una mujer y un mundo perdidos.


ELEGÍA

TODAVÍA perduran esas tardes de sol: nada que esperar del mañana,
todo nos lo daba el día que vivíamos,
un pan desordenado del que confía en todo, sueño profundo, sueño quieto,
la mínima certeza de la carne con algo de ternura contra la mala sangre,
una displicente seguridad de que perduraríamos jóvenes, incólumes, sin mancha ninguna en las entrañas.
Todavía existen esas tardes sin desprecio y sin afecto por nada que no fuera nuestro goce:
el mundo entero cabía en el lecho donde nos amamos.
Vislumbro un jardín entre brumas: sentíamos el olor de los jazmines difuminados,
aquella niebla tenía los aromas leves de nuestros cuerpo,
ese perfume que llegó a ser otro perfume,
el olor inextinguible:
todavía cada bocanada de aire me mantiene vivo solamente por la esperanza de aspirar ese olor.
Corazón depredador, cloaca, ruina de un cielo que fue todo lo que yo haya sido:
ahora mi palabra sucia ronda aquellas ruinas de mí mismo:
te amé y eso basta,
abrazado a ti fui feliz,
ahora lo sé,
ahora cuando le perteneces a la muerte.

sábado, 14 de octubre de 2017

Historia de Fuente de Cantos


XVII JORNADA DE HISTORIA DE FUENTE DE CANTOS

Asociación Cultural Lucerna, Fuente de Cantos, 2017, 352 págs.
Coordinación de Felipe Lorenzana de la Puente
Presentación de José Ángel Calero Carretero.

   El pasado 6 de octubre, durante las sesiones del I Centenario de la muerte de Nicolás Megía fueron presentadas las Actas de la XVII Jornada de Historia de Fuente de Cantos celebrada en esta ciudad el 12 de noviembre de 2016. En ella se desarrollarlo ponencias de Juan Pedro Recio Cuesta (“Carlismo y guerras carlistas en la Baja Extremadura”) y Ángel Bernal Estévez (“Fuente de Cantos en los albores de la modernidad”), a las que siguieron comunicaciones de Felipe Lorenzana de la Puente (“Nota adicional a las Ordenanzas Municipales de Fuente de Cantos del siglo XVI”), Joaquín Castillo Durán (“Alonso del Corro Guerrero, secretario del Tribunal del Santo Oficio de Llerena y Conde de Montalbán”), Manuel Molina Parra (“Fuente de Cantos en el catastro de Ensenada”), Felipe Lorenzana de la Puente (“Los efectos del terremoto de Lisboa de 1755 en la parroquia de Fuente de Cantos”), Francico Javier García Carrero (“Navarrete Alcal, el guardia civil que ‘liberó’ Fuente de Cantos del ‘yugo marxista’”), José Iglesias Vicente (“Sabino Parra, el último testimonio de la Guerra Civil en Fuente de Cantos”) y José Lamilla Prímola (“Julián González García, un escultor fuentecanteño desconocido).
   Reproducimos un fragmento de la primera ponencia (“Carlismo y guerras carlistas en la Baja Extremadura”) en que se relata una de las correrías de los carlistas en el norte de la provincia.


   “En tercer lugar, en noviembre de 1873, en el contexto de otra expedición de menor envergadura, el brigadier don José Jara y García y el militar extremeños don Fernando Sánchez, comandando unos 1500 hombres, ocupaban, respectivamente, Villanueva de la Serena y Don Benito. Este último núcleo fue ocupado por la fuerza mandada por el cabecilla extremeño, y en Villanueva de la Serena, Jara hizo que la corta guarnición que defendía el pueblo –unos 65 carabineros, en unión con 30 nacionales y algunos vecinos liberales- se atrincherara en el fuerte habilitado, sin tener víveres y esperando a que los carlistas se marcharan. Los cabecillas Jara y Sánchez se llevaron un suculento botín de ambos pueblos; además, vieron aumentadas sus filas –dado que se les presentaron voluntarios casi un centenar de hombres- y se hicieron con unos 100 caballos. Hacia allí corrió en cuanto tuvo noticia de los hechos el brigadier cristino don Dionisio Marcilla, pero ya era demasiado tarde pues los carlistas. Tranquilamente, volvían a su cuartel general establecido en los núcleos cacereños de Alía y Guadalupe, que por aquel entonces se encontraban bajo el control de los partidarios de don Carlos” [p. 29]

viernes, 13 de octubre de 2017

Bibliografía extremeña


BIBLIOGRAFÍA EXTREMEÑA
2014-2015

Manuel Pecellín lancharro
Badajoz, Fundación CB, 2016, 742 págs.

   Además de su labor como dinamizador cultural y estudioso de la literatura que reseñábamos de modo sucinto en una entrada anterior, Manuel Pecellín (Monesterio, 1944) ha venido recogiendo en volúmenes sucesivos la actividad editorial de la región y la de los autores nacidos en Extremadura, un registro valiosísimo tanto para el lector común como para el especialista que se aproxime a cualquier faceta de la actividad cultural en la región (antropología, arte, bibliofilia, bibliografía, biografía, ciencia, ensayo, filosofía, geografía, historia, instituciones, lingüística, literatura pedagogía, prensa periódica, sociología, teología, teoría literaria).
   Recordaba Luis Landero en la presentación de “Trazos”, el suplemento cultural del diario Hoy, en el mes de mayo de 2008, que cada vez se publican más libros (y, por tanto, más libros prescindibles), que el panorama cultural  es, cada vez más, un bosque enmarañado por el que es difícil deambular. De ahí la necesidad de “guías”, como el suplemento cultural que presentaba o como el repertorio bibliográfico que comentamos y que, lamentablemente, según nos informa el autor, será el último. La crítica honesta, la que no está a sueldo de grandes grupos editoriales, aquella que es capaz de sopesar la calidad literaria de una obra sin dejarse influir por ejemplares vendidos, la que osa decir, cuando la ocasión llega, que el rey va desnudo, es imprescindible. La obra que comentamos como el suplemento en que colabora realiza esta insustituible función.
   Bibliografía extremeña ofrece además una historia de la edición en Extremadura durante estos dos años (14-15). Y es que un panorama literario no inventariado es como un almacén de libros (y no como una biblioteca), como un territorio desconocido no cartografiado. En este sentido, nos encontramos ante una obra generosa, que reúne información muy dispersa, pues a las editoriales de referencia en la región (Editora Regional de Extremadura, departamentos de publicaciones de ambas diputaciones, editoras privadas...) suma las numerosas autoediciones y publicaciones locales, que con frecuencia pasan desapercibidas.
   Bibliografía extremeña es, desde otro punto de vista, el resultado de un enorme esfuerzo personal, más propio de un equipo de personas, y, por su propia naturaleza, un trabajo arriesgado sometido a la crítica ajena: por las obras atendidas y desatendidas, por la extensión de las reseñas (que suelen mirar con lupa los escritores que no las leen sino que las miden)..., pero también una “bibliografía de autor”, que omite el juicio cuando no se considera capacitado, da valoraciones panorámicas, acoge juicios de otros lectores, no oculta preferencias personales… Una obra, en fin, de consulta, que muchos olvidarán citar, pero asimismo de lectura (controvertida, crítica…), idónea para irla adelantando en un blog, como el que el autor posee en la página web del diario Hoy, Libre con libros.

jueves, 12 de octubre de 2017

Los gemelos de Plauto


Ejercicios de estilo




EJERCICIOS DE ESTILO

Raymond Queneau

Madrid, Catedra, 2016 (16ª ed), 162 págs.
Versión y estudio introductorio de Antonio Fernández Ferrer

   Raymond Queneau (Le Habre, 1903- París, 1976) es autor de una dilatada trayectoria que se vertió en los empeños más dispares: poeta, novelista, letrista de canciones famosas, actor, guionista y realizador cinematográfico, traductor, dramaturgo, pintor… Ejercicios de Estilo es una de sus obras más conocidas. En ella ofrece 99 maneras de relatar un episodio trivial: “Partí de un incidente real y lo conté, primero doce veces de forma diferente, y, finalmente, fueron noventa y nueve. Se ha querido ver en ello una tentativa de demolición de la literatura, lo cual no era en absoluto mi intención, en todo caso mi intención era solo hacer unos ejercicios; el resultado es quizá desoxidar la literatura de sus diversos herrumbres, de sus costras. Si hubiese contribuido un poco a esto, estaría orgulloso, sobre todo si lo he hecho sin aburrir al lector” (Bâtons, chiffres, lettres. París, Gallimard, 1966).
   Reproducimos cinco entradas.


Relato
   Una mañana a mediodía, junto al parque Monceau, en la plataforma trasera de autobús casi completo de la línea S (en la actualidad el 84), observé a un personaje con el cuello bastante largo que llevaba un sombrero de fieltro rodeado de  un cordón trenzado en lugar de cinta. Este individuo interpeló, de golpe y porrazo, a su vecino, pretendiendo que lo pisoteaba adrede cada vez que subían o bajaban viajeros. Pero abandonó rápidamente la discusión para lanzarse sobre un sitio que había quedado libre.
   Dos horas más tarde, volví a verlo delante de la estación Saint-Lazare, conversando con un amigo que le aconsejaba disminuir el escote del abrigo haciéndose subir el botón superior por algún sastre competente.

Paleto
   Pos anque no tenia encasi niun rial ni desos cachocartones pal viaje ni ná, me subí ala camioneta. Aluego questaba dentro del carromato queicen en la capital autobús, tuavía pude ir sentao ytó anque to apretao, medio ringao y to tieso. Pos tuve que pagar y con pacencia me pongoservar al personal cabía alredor, yascuchá, pos no me veo un caganllón cn un cacho güito asurdo del to. No sus figuráis qué piazo pescuezo tenía. Una risión. El sombrero con una guita trenzá lo mesmo que la dun melitar, tiaseguro. Y dempues, de golpe y porrazo, cátate que senrita con una probe persona que no hubiá guantao muncho más, anque miá por onde deseguida dimpués desto apreta a correr el cangallón huyendo comuncuete asentare.
   Güeno, pos unaesas cosas que namás pasan en la capital. Siguro que naide hubiá adevinao quiba topármelo otro viaje, el cangallón. Aluego, nomás dos horas dimpués delanteun edificio comuna catredal de grandismo. Menúo. Aistaba el caganllón dantes pasiándose darriba pabajo conotro gandul asín como él. Pos lotro gandul asín comoel leicía; “Me paice de verdad, leicía, que te sería mester dir hacerte poner el botón de la zamarra”. Eso leicía el gandul.
  
Retrógrado
   Te deberías añadir un botón en el abrigo, le dice su amigo. Me lo encontré en medio de la plaza de Roma, después de haberlo dejado cuando se precipitaba con avidez sobre un asiento. Acaba de protestar por el empujón de otro viajero que, según él, le atropellaba cada vez que bajaba alguien. Este descarnado joven era portador de un sombrero ridículo. Esto ocurrió en la plataforma de un S completo aquel mediodía.

Pasota
   O sea, qué palo, colega, el cacharro no venía ni de coña. Y yo que llegaba tarde al curre. Y luego, qué alucine, qué pasote, iba lleno cantidad. Y me veo, o sea, un chorbo cantidad de pirao, con un sombrero cutre, mangui perdido. Y de pronto le dice a un pringao que lo estaba pisoteando, el muy plasta, que le había dejado el pie chungo. De pena, colega. Jo, qué demasiao, qué fuerte. ¡No veas! Y en pleno mosqueo, al tío le da corte, pasa total, y se larga a sentarse a toda hostia.
   Y, o sea, dos horas más tarde, vaya tela, colega, me lo veo enrollao con un tronco que le comía el coco diciéndole que estaría guay con otro botón en la chupa. ¿Vale o no vale, tío?

Tanka
Un bus vetusto.
¡Zas! Monta un mentecato.
Hay zipizape
Más tarde en Saint-Lazare
Un botón como tema.

miércoles, 11 de octubre de 2017

I Centenario de la muerte de Nicolás Megía

CONGRESO EN FUENTE DE CANTOS


   Con ocasión del primer centenario de la muerte del pintor fuentecanteño Nicolás Megía (1845-1917) se ha celebrado durante los días 6 y 7 de octubre unas jornadas bajo el título “La cultura extremeña entre el Romanticismo y el Monernismo. I Centenario de la muerte de Nicolás Megía”. La organización correspondió a las asociaciones Extremadura Histórica, con la presidencia de José Ángel Calero, y “Lucerna. Asociación Cultural de Fuente de Cantos, presidida por José Lamilla Primola. El patrocinio fue de la Secretaría General de Cultura, la Diputación de Badajoz, el Ayuntamiento de Fuente de Cantos y la Asociación Cultural Lucerna. La impecable coordinación de los actos corrió a cargo de Felipe Lorenzana, autor de una de las comunicaciones y de las fotografías que incorporo a esta nota.


   Tras la inauguración oficial del Congreso que me perdí mientras deambulaba con el coche por las laberínticas calles de Fuente de Cantos, pudimos asistir  a la primera ponencia, “El sistema de las artes en tiempos de Nicolás Megía: provincia, nación, Occidente”, impartida por Carlos Reyero Hermosilla, catedrático de Historia del Arte de la Universidad Autónoma de Madrid.
  


   A continuación, tuvo lugar la inauguración de la exposición “Nicolás Megía en la intimidad” situada en el Centro de Interpretación de Zurbarán, en la Plan de la Constitución, que llevaron a cabo Miriam García Cabezas, Secretaria General de Cultura de la Junta de Extremadura, Cristina Núñez Fernández, Diputada Delegada del Área de Cultura de la Diputación de Badajoz, y la alcaldesa de Fuente de Cantos, Carmen Pagador López, acompañada de la Concejal de Cultura, Luisa Durán Pagador.


   A las siete de la tarde estaba anunciada la segunda ponencia, “Tradición y modernidad en la obra de Nicolás Megía”, a cargo de Javier Pizarro Gómez, catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Extremadura y Director de la Real Academia de Extremadura de las Letras y las Artes.
   Tras su intervención se presentó un libro con las “Actas de la XVII jornada de Historia de Fuente de Cantos” por Rogelio Segovia Sopo, presidente de “Xerez Equitum. Asociación Histórica” con reparto de ejemplares entre los asistentes, que pudimos visitar a continuación las obras de los participantes en el XIX Concurso Nacional de Pintura al aire libre Nicolás Megía así como el museo Julián González García, un vecino emigrado a Brasil que sería conocido como el artista de las “mãos habeis” situado en la ermita de la Aurora en la Plaza del Carmen.


   El sábado, a las 10,15 me tocaba el turno a mí. Presentado por José Rodríguez Pinilla resumí la ponencia, que más tarde aparecerá en las actas, titulada: “En las márgenes del cambio de siglo. La literatura en Extremadura entre 1845 y 1915”, deteniéndome especialmente en la aportación regional a los géneros narrativos de este periodo: la novela romántica (Gabino Tejado y Rodríguez, Carolina Coronado, Vicente Barrantes, Adelardo López de Ayala), los géneros realistas (Carolina Coronado, Antonio Hurtado Valhondo, Francisco Rebollo Parra, Pedro Sánchez Ocaña, Diego María Crehuet, Luis Grande Baudesson y José María Gabriel y Galán) dedicando un espacio específico a los dos narradores más destacados del nuevo siglo, Felipe Trigo y Antonio Reyes Huertas.
   A esta ponencia siguieron las comunicaciones de Antonio Manuel Barragán-Lancharro (“Apuntes inéditos y olvidados de Nicolás Megía, pintor de historia, y sobre su familia en Fuente de Cantos”), Juan Carlos Rubio y Masa y Guadalupe Rubio Narvarro (“Óleos y acuarelas de Nicolás Megía en colecciones particulares de la ciudad de Zafra”), Felipe Lorenzana de la Fuente (“Hace cien años. Fuente de Cantos a la muerte de Nicolás Megía”), Manuel Molina Parra (“La industria hidráulica en tiempos de Nicolás Megía. Batanes y molinos en Fuente de Cantos”), José María Moreno González y Juan Carlos Rubio Masa (“El obispo Soto Mancerfa y el patrimonio artístico religioso de Zafra”) y José Gámez Martín (“El robo del San Antonio de Bartolomé Esteban Murillo. Romanticismo, arte y mentalidad”).


   Tras la comida oficial del Congreso, a las cinco de la tarde, el público pudo asistir a la cuarta y última ponencia del Congreso, “Krausistas extremeños: renovación filosófica, social, política y pedagógica”, impartida por Manuel Pecellín Lancharro, catedrático de Filosofía y Secretario de la Real Academia de las Letras y las Artes de Extremadura.
   A las seis de la tarde, con la moderación de Tomás García Muñoz (presidente de la Asociación Histórica Metellinense) se dio paso a la lectura de las comunicaciones de Carmelo Real Apolo (“Alumnos ilustres de la Escuela Normal de maestros de Badajoz (1844-1900)), Ana María Montero Pedrera y Carmelo Real Apolo (“Don Blas José Zambrano García de Carabante (1874-1938): compromiso pedagógico y claves culturales”), Manuel López Fernández (“La cerámica artística. Una razón más para salvar Tentudía (1881-1910)), Rafael Caso Amador (“El mecenazgo artístico del Ayuntamiento de Fregenal de la Sierra: de Eugenio Hermoso a José Barragán (1898-1940)), Andrés Oyola Fabián (“La transición secular en el ámbito local de la cultura en el suroeste de Badajoz”), Francisco Zarandieta Arenas (“Veintidós días de octubre. La Junta Revolucionaria de 1868 en Almendralejo”),  José Ángel Calero Carretero y Juan Diego Carmona Barrero (“La ausencia de política sanitaria municipal en Alange a fines del siglo XIX”).
   El Congreso se cerró con un concierto de Sara Garvín (canto) & José Luis Pérez (piano).

El olvido nos protege de la belleza


EL OLVIDO NOS PROTEGE DE LA BELLEZA

Samuel Vásquez
Medellín (Colombia), Ed. Pequeña Alejandría, 2017, s. pag.
Texto preliminar de Lucía Estrada


   Nacido en Medellín en 1949, Samuel Vásquez fue cofundador y curador de la Bienal de Arte de Medellín y comisario de la Bienal de Pintura de Montevideo, fundador y director del Taller de Artes de Medellín y cofundador de la revista de poesía Prometeo así como organizador del Festival Internacional de poesía de Medellín. Paralelamente, Samuel Vásquez ha creado una obra literaria que se ha diversificado en poesía (Las palabras son puentes que nos separan, Gestos para habitar el silencio, Diario de la errancia, Echar las cartas….), el teatro (Técnica mixta, El bar de la calle Luna, Negret o la imaginación o El sol negro, premio nacional de dramaturgia) y el ensayo (Erratas de fe, Antonio Samudio, Trazas en el viento).
   Ahora, la editorial Pequeña Alejandría publica un cuidado volumen con textos extraídos, según indicación de la editora literaria, de conversaciones con el autor, que contiene sustancialmente una lúcida reflexión sobre la literatura y las artes en general, que Lucía Estrada valora así: “Este no es un libro sentencioso como muchos podrán juzgarlo. Es un documento de la sensibilidad y de la inteligencia crítica sin imposiciones, abierto y libre a la interpretación del lector que en estas páginas no encontrará nada que no haya sido dicho desde la raíz del ser. Tampoco hay en este libro la intencionalidad de una intelectualización a priori de la experiencia estética, ya que no fue escrito sino dicho, conversado, hecho de instantes e intensidades compartidas con quienes hemos estado junto a él, pero también con quienes desde ahora podrán seguir acercándose a su palabra, a esa conversación sin fin”.
   Reproducimos unas pocas entradas de entre las muchas que nos han asombrado por su belleza, por su lucidez o por su ingenio.



La rosa es un laberinto vegetal hecho de fuego.
(21)

La narración esta delante del espejo.
La poesía está al otro lado del espejo.
(123)

Mi enemigo se quedó esperando un rencor que no le concedo, un colmillo que no le muerde.
Esa espera es mi venganza.
(148)

La poesía responde con interrogantes las preguntas que no nos hacemos.
(199)

Todo deseo es puro.
Todo acto es imperfecto.
(213)

Indignos del legado indígena hemos convertido sus formas rituales en artesanía comercial.
(245)

En el relato hay que propiciar que la palabra viva una aventura tan apasionante como la del personaje.
(301)

Las palabras saben más de mí que yo de ellas.
(319)

El inocente no tiene coartada.
(467)

Apenas somos un recuerdo en labios de otro.
Si el otro calla, desaparecemos.
(475)

Para engañarnos y acusarnos de insensatos, nuestros enemigos se disfrazan de molinos de viento.
(708)

“El poeta es aquel que al hablar hace poner de pie a las cosas”.
   (Náhualt)
(727)

Cuando estés seguro de algo, encuentra una duda inteligente que te saque de ese atolladero.
(777)


lunes, 9 de octubre de 2017

Bajo el sol de la dehesa


BAJO EL SOL DE LA DEHESA

Manuel Pecellín Lancharro
Badajoz, Editamás, 2017, 326 págs.
Prólogo de José María Fernández Gutiérrez

Dejando a un lado su actividad de dinamizador cultural (director del servicio de publicaciones de la Diputación Provincial, director del Centro de Estudios extremeños y de su revista, presidente de la Asociación de Escritores extremeños, cofundador y vicepresidente de la Unión de Bibliófilos extremeños, entre otras numerosas tareas), la obra escrita de Manuel Pecellín (Monesterio, 1944) comprende una enorme relación de libros y artículos publicados en periódicos y revistas, tanto regionales como nacionales y extranjeros. La mayor parte de estas obras se proponen reconstruir la historia del pensamiento en Extremadura. Ya su tesis doctoral se centró en el desarrollo del Krausismo en la región; otros estudios suyos han atendido al pensamiento y la obra de Arias Montano, Francisco Vera, Joaquín Sama, Juan Uña o Faustino Arévalo.
   Pero Manuel Pecellín ha participado también activamente en el estudio y promoción de la literatura en Extremadura. Él es el autor de la mejor revisión histórica que se ha publicado hasta la fecha: los tres tomos de Literatura en Extremadura (1982) que se han ido completando posteriormente con artículos en distintas publicaciones en los que el autor ha atendido tanto a la recuperación histórica de ciertos autores (Felipe Trigo, particularmente, pero también el teatro extremeño del siglo XVI, por ejemplo) como a los escritores contemporáneos (Manuel Martínez Mediero, Manuel Pacheco, Álvarez Lencero, José Antonio Gabriel y Galán, los narradores últimos...).
   Paralelamente a esta notable obra filológica y crítica, Manuel Pecellín ha ido agavillando tímidamente páginas de auténtica creación literaria, primero en una obrita de 1987 publicada por la editora regional (Caleidoscopio), y más tarde en una segunda entrega de mayor cuerpo, Historias mínimas (Badajoz, Del Oeste Ediciones, 2001) y Relumbre de espejuelos (Beturia, 2010, con un soneto-prólogo de Santiago Castelo).
   Recordamos de modo sucinto estas varias facetas del escritor, en palabras del prologuista, “un hombre sabio, erudito, ponderado y amante de los libros” porque todas ellas aparecen en esta miscelánea publicada ahora por Editamás con ilustración de portada de Eduardo Naranjo. Al terreno del estudioso pertenecen trabajos como “Ramón Carande”, “Editoriales privadas de Extremadura”, “Cervantes y Guadalupe” y “La primera Biblia completa editada en Castellano”. De menor extensión son textos escritos para responder a un homenaje o presentar un día del biblióflilo, los entregados a  una revista o un diario con motivo de un acontecimiento cultural, las numerosas reseñas de novedades editoriales, y no faltan los textos de pura creación como “pecios” y varios poemas. Reproducimos un breve texto que remite a su vocación quizá más profunda, la filosófica.

ESTE ANIMAL SIMBÓLICO

   Entre las numerosísimas definiciones que tratan de expresar los rasgos distintivos del hombre, prefiero la del filósofo E Cassirer: “animal simbólico”. Efectivamente, este “mono desnudo” (D. Morris), quizás demasiado obeso (J. E. Campillo), no siempre tan racional (Aristóteles) y en ocasiones auténtico lobo (Hobbes), se caracteriza sobre todo porque tiene a su disposición un número continuamente renovado de elementos significantes. Constituyen lo que se conoce como “cultura”, el universo de discursos capaces de conducirnos más allá de los puros impulsos inducidos por nuestra naturaleza animal. El lenguaje ante todo, pero también la ciencia, la religión, la música, las artes plásticas, el deporte, la gastronomía, la técnica e incluso el ocio forman parte del mismo.
   Tanto más culta es una persona cuanto más cultivada está, es decir, mejor conoce e interpreta los símbolos. Por supuesto que estos no son siempre “inocentes”, sino que a menudo se impregnan de los valores de las clases depredadoras. De ahí el énfasis de Antonio Machado en incrementar la “conciencia vigilante” para evitar nos den gatos por liebres y hacer que sepamos distinguir “las voces de los ecos”.
   Bienvenidas sean cuantas actividades (presentaciones de libros, conciertos de música, debates múltiples, exposiciones artísticas, certámenes de canto, coloquios con autores, muestras bibliográficas, películas y vídeos, tormentas de ideas, charlas o conferencias) contribuyen a difundir la cultura. Una ciudad es más o menos importante, no tanto por sus industrias, bancos y comercios, sino por la capacidad que tiene para defender y difundir la cultura entre sus ciudadanos.

domingo, 8 de octubre de 2017

La medicina antigua


LA MEDICINA ANTIGUA

Orlando Mejía Rivera
Manizales (Colombia), Editorial Universidad de Caldas, Col. Ensayo, 2017, 556 págs.

   Nacido en Bogotá en 1961, Orlando Mejía Rivera es profesor titular de Humanidades Médicas y Medicina Interna en la Universidad de Caldas y un prolífico escritor que ha publicado veintidós libros en los campos de la ficción (novela, microrrelatos, cuento) y el ensayo (literario, científico, de divulgación, biográfico, epistemológico y de historia de la medicina). Entre otros numerosos reconocimientos, logró el premio nacional del Ministerio de Cultura de novela en 1998 con Pensamientos de guerra. Un año más tarde consiguió el premio nacional de ensayo literario Ciudad de Bogotá con De clones, ciborgs y sirenas. En 1999 logró asimismo el premio nacional de Cámara del Libro en la categoría “mejor libro técnico y científico” con el libro De la prehistoria a la medicina egipcia. Libros suyos han sido traducido al alemán, italiano, francés y húngaro.
   Ahora, la editorial Universidad de Caldas publica La medicina antigua, en que aborda, en orden cronológico, el estudio de la medicina griega y helenística, la medicina en Roma y la utilizada en Europa durante la alta y baja Edad Media. Reproducimos un fragmento que describe los usos de esta disciplina condicionados por las creencias religiosas de la época.


   “El desprecio del cuerpo en la sociedad medieval queda bien expresado en el comentario del papa Gregorio Magno cuando lo definió como “este abominable vientre del alma”. Y San Luis le dice a Joinville: “Cuando el hombre muere queda curado de la lepra del cuerpo.
   En este contexto se explica que los médicos olvidaran, por completo, las drogas antiguas y paganas para calmar el dolor que los egipcios, los hindúes, los griegos y los romanos descubrieron varios siglos atrás: la adormidera, la mandrágora, el beleño, el estramonio, la cicuta, la belladona, el cáñamo entre otras. Las cirugías se hacían sometiendo al paciente por la fuerza: amarrados con lazos a la camilla les cortaban los tumores del cuello, les quemaban con el cauterio las hemorroides anales, les aserruchaban y amputaban los brazos o piernas lesionadas en las batallas. La práctica cruenta de cirugía tenía una cercanía asombrosa con las torturas de confesión que luego desarrolló el Santo Oficio con la Inquisición religiosa
   […]
   Cuando el triunfo científico de esta práctica anestésica parecía asegurado y la cirugía con dolor comenzaba a ser asunto del pasado, el papa Pablo V condenó a la hoguera, en el año de 1578, al botánico Juan bautista de La Porta, quien en su obra Magiae Naturalis había vuelto a defender los beneficios anestésicos de la esponja soporífica de Chauliac. Las consecuencias fueron aterradoras: durante los siglos XVII y XVIII nadie se atrevió a reproducir la fórmula y se retornó a la práctica de las cirugías cruentas, con el paciente despierto, maniatado y gritando con desesperación” [380-381].

sábado, 7 de octubre de 2017

La uruguaya


LA URUGUAYA

Pedro Mairal
Barcelona, Libros del Asteroide, 2017, 142 págs.


   Nacido en Buenos Aires en 1970, Pedro Mairal es poeta, articulista y narrador cuya primera novela, Una noche con Sabrina Love recibió el premio Clarín en 1998 y fue llevada al cine. Como poeta, es autor de Tigre como los pájaros (1996), Consumidor final (2003) y una trilogía titulada Pornosonetos (2002, 2005, y 2008). Su labor periodística ha sido recogida en El equilibrio (2013) y Maniobras de evasión (2015). A su faceta de narrador, en fin, corresponden un volumen de cuentos (Hoy temprano, 2001) y las novelas El año del desierto (2005) y Salvatierra (2008).
   Ahora, la editorial barcelonesa Libros del Asteroide publica La uruguaya, aparecida en Argentina en 2016, que fue bien acogida tanto por el público como por la crítica. La novela relata en un tiempo inferior a un día un viaje de Lucas Pereyra, profesor de universidad y escritor con acceso a editoriales foráneas, a Montevideo para cobrar quince mil dólares en un banco uruguayo (y evitar así el cambio oficial que le detraería la mitad de los anticipos) y convertir por fin en su amante a una joven que había conocido en un viaje anterior. Consigue cobrar sus emolumentos, reserva una habitación en un hotel céntrico y lujoso, pasea complacido por las calles de la ciudad esperando la hora de la cita… Todo parece ir sobre ruedas cuando la joven que espera se presenta con un pitbull descomunal. Será el comienzo de una serie de episodios ingobernables, marcados, como ciertas pesadillas, por la postergación, narrados con lucidez y un humor melancólico, que enfrentarán al protagonista con su propia fragilidad.

   “No podemos entrar con el perro. Fue lo primero que pensé. Y menos con ese perro. Años y años de manipulación genética lo habían empujado a ser lo que era: un perro mandíbula, violento, amontonado, una maza compacta de mordiscos letales, un demonio de Tasmania con la cabeza enorme y cuadrada. El bozal anulaba su esencia. Era Tyson esposado. Cada tanto me miraba de reojo.
   ¿Quién quería tener un perro así? ¿Qué hueco afectivo emocional venía a llenar semejante monstruo en una casa? ¿Era metáfora de qué? ¿Prolongación de qué? ¿Doble animal, nahual, de quién? ¿Por qué carajo me traía esta mina a su novio convertido en perro y me dejaba cuidándolo un ratito? ¿O me estaba vigilando el perro a mí? Serví cerveza en los dos vasos. Y apareció Guerra. Qué guapa era, Dios mío.
         -Estás más flaco, Pereyra –dijo sentándose.
         -Y vos estás distinta. El peinado, ¿no?
         -Me saqué el cerquillo.
         -¿El qué? ¿El flequillo?
         -Cerquillo se dice acá”.