domingo, 10 de noviembre de 2019

Piedras negras



PIEDRAS NEGRAS

Eugenio Fuentes
Barcelona, Tusquets, 2019, 365 págs.

   Eugenio Fuentes (Montehermoso, 1958) ha recibido numerosos reconocimientos como articulista (el premio “Francisco Valdés”, el “Carmen de Burgos”, el “Julio Camba” o el “Manuel Azaña”) y es autor, asimismo, de tres ensayos literarios publicados por la Editora Regional de Extremadura: La mitad de Occidente (2003), Tierras de fuentes (2010) y Literatura del dolor, poética de la bondad (2013). Pero su mayor aportación es la narrativa. En este campo, se dio a conocer con Las batallas de Breda (premio Cáceres de Novela Corta, 1988, publicada por la I.C. "El Brocense" en 1990). Más tarde, en 1993, vería la luz El nacimiento de Cupido (1993, premio internacional de novela “Ciudad de San Fernando”) y los relatos de Vías muertas (Editora Regional, 1997), año en que aparece también Tantas mentiras (premio “José Antonio Gabriel y Galán”, Mérida, ERE, 1997), una novela histórica ambientada en los años de la revolución mexicana.
   En El interior del bosque (premio “Alba-Canarias” de 1999, publicada un año más tarde) asistimos a una sucesión de asesinatos ocurridos en la reserva natural del Paternóster, que un detective privado, Ricardo Cupido, se propone investigar. Será el primer título de un ciclo de novelas que, excepto La sangre de los ángeles (Alba Editorial, 2001), han sido publicadas por Tusquets: Las manos del pianista (2003), Venas de nieve (2005, premio “Extremadura a la creación”), Cuerpo a cuerpo (2007), Contrarreloj (2009), Si mañana muero (2013) y Mistralia (2015). En 2018 apareció en la misma editorial un ensayo histórico, La sangre de los inocentes, que recoge las distintas formas de intolerancia y violencia a lo largo de la historia.
   Ahora, la editorial Tusquets publica su última novela, Piedras negras, cuya trama arranca con la muerte en Tolouse de Marta Medina, una anciana profesora de música. Su nieta, Marthe, que ha heredado de la abuela su nombre y su pasión por la música, recibe una carta en que la anciana le desvela un secreto que no ha querido compartir con nadie: en febrero de 1938 dio a luz en un hospital de Ciempozuelos a un niño de una relación con un miliciano que conoció en Breda, pero el niño le fue arrebatado en circunstancias que ella no se encontraba en condiciones de aclarar. Quiere que su nieta  encuentre a su hijo y le pida perdón. La joven viaja en automóvil a Breda (no en tren: nos encontramos en mayo de 2004 tras los recientes atentados de Atocha) y pide ayuda a un investigador privado, Ricardo Cupido. A pesar de las dificultades, ambos encuentran pronto al niño robado. Se trata de Alejandro Garcilaso, miembro de una poderosa familia dueña de viñedos, bodegas y edificios antiguos en la ciudad de Toledo, que se encuentra inmersa en proyectos inmobiliarios y turbios asuntos financieros. El anciano apenas si presta atención al relato y despide de malos modos al investigador, pero cuando su hija Alejandra es asesinada en la sede de la Fundación le pide su ayuda para esclarecer una muerte acaecida en unas circunstancias horribles. La novela desarrolla de este modo dos tramas protagonizadas, una por los derrotados de la guerra, víctimas de todo tipo expolios (que llegaron al robo de recién nacidos) y empujados al exilio, y otra por los vencedores que al término de la contienda conservaron su posición social y pudieron incrementar su patrimonio siempre en la cúspide del poder.
   Como en novelas anteriores, nos encontramos ante una trama absorbente que mantiene, con una prosa certera y cuidada, una tensión indeclinable, pero también ante una novela realista perfectamente documentada, que refleja desde una perspectiva crítica y testimonial las lacras de una sociedad dominada por una ambición desmedida, inmersa en una absurda explosión inmobiliaria, tanto privada como pública (con lujosos palacios de congresos sin congresos y aeropuertos sin aviones) y una generalizada carencia de ética (destrucción del patrimonio histórico, evasión de capitales tras el cambio de gobierno…), muy lejos del perfil de tantas novelas negras concebidas como meros artefactos narrativos lúdicos.
   Reproducimos un fragmento en que el exmarido de la joven asesinada arroja sus cenizas al río Tajo (solo su perro parece sentir su ausencia).

         “-Yo me encargaré de hacerlo –había dicho Enrique para zanjar la cuestión.
   Con la correa de Zoco en una mano y en la otra una bolsa con la urna, más pesada de lo que había imaginado, bajó sin prisas por el paseo del Carmen, donde los muros traseros de los conventos se agarraban al suelo para no resbalar hacia el río.
   Era de noche cuando se apoyó el pretil del puente. Una luna llena e inocente, una superluna avanzaba a zancadas por el cielo, apagando a la osa mayor, que se arrastraba fatigosamente hacia el polo.
   Esperó a que pasaran unos viandantes mientras contemplaba las encajonadas aguas del río, que mostraba en algunos recodos una orla blanca, como si fuera pus. Le hubiera gustado que todo estuviera más silencioso y oscuro para que las cenizas cayeran sobre las tinieblas sin testigos ni huellas, pero la ciudad derramaba demasiados reflejos y emitía un sordo bordoneo, como si a lo lejos entrechocaran los huesos de la noche. Abrió la bolsa y Zoco, que se había quedado tranquilo, comenzó a gemir de nuevo. Comprobó que no pasaba nadie y desenroscó la tapa de la urna. Solo olía a humo, pero Zoco intensificó sus gañidos. Enrique se inclinó sobre el petril y echó las cenizas que fueron cayendo desde lo alto del arco sobre las aguas negras. Eso era todo, de Alex ya no quedaba nada. Su DNI sería borrado de las bases de datos, se cancelarían sus cuentas bancarias, sus números de teléfono se adjudicarían a otros usuarios y alguien de África vestiría su ropa cuando la donara. Entonces dio la espalda al vacío. Zoco había empezado a gruñir y le enseñaba los colmillos amenazadoramente. [pp. 213].

miércoles, 6 de noviembre de 2019

El contador de gotas


EL CONTADOR DE GOTAS
Francisco Javier Irazoki
Madrid, Hiperión, 2019, 113 págs.

   Francisco Javier Irazoki (Lesaka, Navarra, 1954) fue periodista musical en Madrid, en donde colaboró en revistas como Disco Express (bajo la dirección de Erwin Mauch) y El Musiquero (dirigida por José María Iñigo). Formó parte de CLOC, grupo de escritores surrealistas. Desde 1993 reside en París, donde ha cursado estudios musicales: Armonía y Composición, Historia de la Música, etc.
    Como escritor, sus primeros poemarios editados fueron Árgoma (Estella, 1980) y Cielos segados (Universidad del País Vasco; Leioa, 1992), que incluía los tres volúmenes de versos escritos hasta esa fecha: Árgoma (1976-1980), Desiertos para Hades (1982-1988) y La miniatura infinita (1989-1990). Más tarde, Irazoki publicaría Notas del camino (Javier Arbilla Editor; Pamplona, 2002, con fotografías de Antonio Arenal), el libro de poemas en prosa Los hombres intermitentes (Hiperión; Madrid, 2006) y, recientemente, La nota rota (Hiperión; Madrid, 2009), cincuenta semblanzas de músicos de épocas muy variadas, desde el Renacimiento y el Barroco hasta los mejores creadores e intérpretes del jazz. A estos títulos siguieron el poemario Retrato de un hilo (2013) y los libros de poemas en prosa Orquesta de desaparecidos (2015) y Ciento noventa espejos (2017), ambos aparecidos en la editorial Hiperión. Durante cuatro años escribió su columna Radio París en El Cultural, suplemento del diario El mundo, donde en la actualidad es crítico de poesía.
   Por afinidades temáticas y formales, El contador de gotas, que ahora publica la editorial Hiperión, forma parte del grupo o bloque de los dos libros anteriores. Les une la elección del mismo subgénero lírico (el poema en prosa de extensión reducida) y la naturaleza de los motivos que lleva al territorio de estos cuarenta y cuatro textos: los recuerdos infantiles y juveniles, sin desarrollo narrativo, los paisajes urbanos de la ciudad de París, las estampas de los marginados (inmigrantes del sur en el País Vasco, gitanos rechazados en todas partes, exiliados del este de Europa en París, creadores (poetas malditos, músicos en las estaciones de metro…) no reconocidos en su época o perseguidos por el poder (como sucede en “Casas libres”: Ósip Mandelstam, Anna Ajmátova y Varlam Shalámov, acosados por los comunistas). Una mirada solidaria, profundamente ética, marca estas evocaciones que en ocasiones se dirigen al propio “yo” y en ocasiones salen al exterior para “narrar” la persecución, el desarraigo, la soledad y el terror de los otros. Formalmente, sobresale una expresión pulcra y contenida, con una marcada tendencia a la yuxtaposición de impresiones sin nexos subordinantes (muchos de los poemas permitirían su reproducción en verso libre) y una expresión metafórica que alcanza, con frecuencia, a los títulos: “Las aduanas” (el lugar del mestizaje cultural), “Soledad transhumante” (aventura del exiliado), “Espejos que pedalean” (ciclistas), “La belleza expulsada” (los gitanos), “Casas libres” (lugares de reunión de los disidentes)…
   Reproducimos una de estas composiciones en que puede apreciarse una de esas identificaciones metafóricas expresas ya desde el título.

UN POETA ATADO

   El zorro es mi poeta maldito.
   Mi niñez lo contempla colgado de una tranca. Me detengo frente a su pelaje rojizo, sus pies negros y su astucia inmóvil. Un cazador lo transporta sobre los hombros y recibe treinta monedas en las casa de los campesinos.
   De noche, el zorro ha merodeado las viviendas de los adultos y las pesadillas de los niños. En los sueños infantiles, su boca muerde roedores, topos y animales de corral o gotea jugos de frutas. Su hocico olisquea miedos.
   Su poema está creado lejos del grupo. No imita al perro sumiso ni al lobo gregario. Cruza sin compañía externa los hayedos, robledales y desmontes. Su manada es interior y la prudencia con oído de músico dirige su jerarquía.
   Leo las líneas de una silueta nocturna con grito humano. El zorro camina atado a su soledad omnívora. [pp.18-19].

martes, 5 de noviembre de 2019

Luis de Morales


BADAJOZ, 1925: MONUMENTO Y EXPOSICIÓN DE LUIS DE MORALES

Fernando Cortés Cortés
Badajoz, Servicio de Publicaciones del Ayuntamiento, 2019, 354 págs.
  
   Tras cursar Magisterio, Fernando Cortés Cortés (Montijo, 1944) es en la actualidad Doctor en Filosofía y Letras (en la sección de Historia) y Doctor en Pedagogía por la Universidad de Extremadura además de Catedrático de Geografía e Historia. A su tarea como profesor de enseñanza primaria y media ha sumado numerosos cargos institucionales (Inspector de Educación, Director General de Ordenación, Renovación y Centros, Cronista Oficial de la ciudad de Badajoz, Director de la Revista de Estudios Extremeños…).  Como investigador, Fernando es autor de una vastísima trayectoria de publicaciones, que no se doblega a los resúmenes, que ha transitado de  modo preferente por la historia de la Baja Extremadura y Andalucía occidental, las relaciones fronterizas entre España y Portugal (numerosos trabajos han aparecido en el  país vecino) y el estudio del estado de la educación en Extremadura en diferentes tramos de su pasado. Una relación completa de sus obras pueden encontrarse en su blog de Regiondigital.
   Ahora, el servicio de publicaciones del Ayuntamiento de Badajoz publica Badajoz, 1925: monumento y exposición de Luis de Rosales, un documentadísimo estudio del proyecto de erección de un monumento que recordara la figura de uno de los más insignes hijos la ciudad. Con un precedente lejano en 1865, la propuesta de erigir un monumento a Luis de Morales (Badajoz, 1509 – Alcántara, 1586, pero ninguna de las dos fechas está documenta) fue presentada por un edil en el pleno de la Corporación Municipal de Badajoz en abril de 1917. La proposición iba acompañada de sendos escritos de Aurelio Cabrera (que se ofreció a entregar un proyecto) y José Rebollo, directores de las Escuelas de Artes y Oficios de Toledo y de Badajoz respectivamente. En el mes de mayo de ese mismo año, el Museo del Prado celebra una exposición nacional de su obra (de motivos preferentemente religiosos, fue conocido en su época como el “Divino”).
   A partir de esta fecha, Fernando Cortés rastrea el recorrido de esta iniciativa por la prensa regional hasta la erección del monumento en el mes de junio de 1925. En Noticiero Extremeño, Nuevo Diario de Badajoz y Correo de la Mañana se suceden los artículos, casi todos unánimes en el apoyo al proyecto, de escritores, artistas e intelectuales como Antonio Juez (uno de los más entusiastas), Luis Bardají, Aurelio Cabrera (cuyo proyecto fue desestimado por su alto coste), Adelardo Covarsí, José Antonio Sánchez Borayta o José López Prudencio (que suele denunciar en sus artículos el olvido en el que duermen los artistas regionales del pasado). Tras barajar otros nombres de escultores regionales (Exuperancio Pérez Ascunce, Pérez Comendador, Torres Isunza), el proyecto fue encargado finalmente a Gabino Amaya.
   Más allá del interés específico del asunto central del estudio, por las páginas del libro de Fernando Cortés desfilan comisiones, instituciones públicas, entidades públicas y privadas pues el proyecto se financió con aportaciones de Cajas de Ahorro, Ateneo, Diputación, Ayuntamiento, establecimientos comerciales y numerosas personas a título personal, que reflejan la vida cultural de la ciudad pacense en un tramo temporal del siglo pasado.
   Reproducimos un fragmento que recoge una intervención de López Prudencio (director del Correo de la Mañana; el artículo apareció el 12 de mayo de 1922).

   “En esta línea podría situarse un nuevo artículo de José López Prudencio, quien una vez más incide en la personalidad y en la obra pictórica de Luis de Morales, comparando su producción pictórica con la de Zurbarán y con artistas extremeños de su momento –Hermoso, Covarsí- pero, sobre todo, presentando, recalcando y reforzando la idea de que el monumento a Morales, además de saldar una vieja deuda hacia el artista era el instrumento con el que comenzaría la regeneración de Extremadura y los extremeños recuperando los viejos valores que en tiempo bien pretérito –en la personal concepción que se pretendía divulgar y difundir- habían adornado a un pueblo y un pasado que se veía -y se soñaba- con unos caracteres en su acontecer histórico cuando menos bien alejados de la que había sido su auténtica realidad. López Prudencio lo declaraba de forma enfática.

   ‘Sabemos que se trata, no solo de un homenaje a determinada eminencia, como se trató en el caso de Moreno Nieto, sino de iniciar un movimiento de consciente examen de las energías y merecimientos de la raza mediante reconocimiento, estudio y presencia rememorativa de sus grandes representantes, y esto hay necesidad e comenzarlo por uno, por alguien, por el que sea, están en igual condición, en todos los grandes hombres de Extremadura, cualquiera que sea el terreno en que se movilizaran, el campo en que florecieron, aunque en uno sean distintos que en otros los rasgos predominantes y aunque hay algunos en que todos esos rasgos se cursan con igual vigor’”


lunes, 4 de noviembre de 2019

Laberinto



LABERTINTO
Anatomía del presente

Marino González Montero
Mérida, De la Luna Libros, 2019, 79 págs.


   Fundador de la revista de creación La Luna de Mérida y director de la editorial De la Luna Libros, Marino González Montero (Almaraz, 1963) es coautor del libro Puentes de Extremadura, de la edición ilustrada de La vida del Lazarillo de Tormes y autor de versiones de textos de Shakespeare (La tempestad), Plauto (Cásina, El Persa, Truculentus) y de Terencio. Como poeta, ha publicado Tangos extremeños (2006), Incógnita del tiempo y la velocidad (2014) y Un estanque de carpas amarillas (2015) que ahora ve la luz en la misma editorial emeritense. Como narrador, es autor de libros de relatos como En dos tiempos (finalista del premio Setenil al mejor libro de relatos publicado en 2004), Sedah Street (If  Ediciones, 2001), Diarios miedos (2009) y Sed (2011), ambos en la editorial De la Luna libros. En 2016 apareció Rollos y picotas de Extremadura (De la Luna libros) y en 2018 el poema épico dramático La bella Magalona.
   Ahora, Del la Luna libros publica Laberinto, cuya trama reúne en un lugar simbólico (una iglesia abandonada utilizada después como lugar de representaciones teatrales) a tres  personajes, el Hombre, la Mujer y la diosa ciega Tyche, encarnación mitológica del destino y de la fortuna. En densos diálogo, no exentos de humor, los tres personajes conversarán sobre motivos de la existencia humana en un entorno protagonizado por las imágenes simbólicas (confesionarios y reclinatorios, cabezas de alambre huecas, maniquíes), la poesía y la música.
   Reproducimos un fragmento en que aparecen algunos de los motivos citados.


   “Ahora, EL HOMBRE y LA MUJER colocan los confesionarios cara al público y TYCHE se sitúa en medio de los dos, algo más adelantada, junto al proscenio.

EL HOMBRE: Yo tengo una pregunta.

TYCHE: (Que no se fía) A ver…

EL HOMBRE: ¿Quieres decir que los dioses han desaparecido?

TYCHE: O que vamos camino de ello. Que estamos en retirada, como bien ha escrito uno de los vuestros.

EL HOMBRE: ¿Por qué?

TYCHE: Eso digo yo, por qué…

LA MUJER: No lo entiendo. ¿Y cómo te llamas?

TYCHE: (Respondiendo a uno y a otra. Sin mirar atrás) Supongo que ya no os hacemos falta. Tenéis otras cosas que adorar. Soy Tyche, la diosa Fortuna.

EL HOMBRE: Imagino que la ciencia, la tecnología… os están… matando.

LA MUJER: ¿Vives aquí?

TYCHE: (Algo triste). Imagino… La IMAGINACIÓN perdiendo terreno ante la RAZÓN. Por eso… estoy aquí… cumpliendo órdenes de mis superiores… Tenía que ser este sitio.

EL HOMBRE: (Muy extrañado) ¿Una iglesia? ¿Tyche… la diosa Fortuna… en una iglesia?

LA MUJER: Pero, esto no fue también un teatro?

TYCHE: (Algo mareada de tanta pregunta doble) Me lo tengo merecido por suplicaros las preguntas. (Suspira) Tenía que ser este sitio. Iglesia… teatro… la misma cosa son. Mirad el suelo que pisáis. Estamos juntos en la nave de crucero de lo que fue una iglesia. ¿Qué veis?

LA MUJER: (Tras mirar detenidamente) Parece el dibujo de algo parecido a un laberinto.

EL HOMBRE: Parece…

TYCHE: (Decidida. Moviéndose agitada por todo el escenario) ¡Es… un laberinto! ¡Un DÉDALO! La representación en mármol del camino que hay que recorrer para llegar a Dios… a vuestro dios… cualquiera que sea. Esta iglesia, como todas las iglesias conocidas, se construye como el GRAN TEATRO DEL MUNDO, el escenario de piedra donde el sacerdote escenifica y proyecta las palabras del GRAN AUTOR; mientras los fieles… -el público- siguen atentos sus indicaciones

LA MUJER: ¿Y el teatro?

TYCHE: En eso se convirtió después. Me temo que estaba escrito en las paredes. EL TEATRO es una gran IGLESIA, originariamente de forma semicircular, de modo que todas las miradas converjan en un solo punto”. [pp. 38-40].

jueves, 31 de octubre de 2019

Piedra y pasión



PIEDRA Y PASIÓN:
Los viajes extremeños de Miguel de Unamuno

Andreu Navarra Ordoño
Mérida, Editora Regional de Extremadura, Col. Estudio, 2019, 95 págs.

   Andreu Navarro (Barcelona, 1981), historiador y escritor, es autor entre otros títulos de La región sospechosa. La dialéctica hispanocatalana entre 1875 y 1939 (2012), Aliadófilos y germanófilos en la cultura española (2012), El ateísmo. La aventura de pensar libremente en España (2016), El espejo blanco. Viajeros españoles en Rusia (2016), Ortega y Gasset y los catalanes (2019) o Devaluación Continua. Informe urgente sobre alumnos y profesores de secundaria (2019).
   Piedra y pasión, que ahora publica la Editora Regional de Extremadura, se compone de tres ensayos dedicados a los varios  viajes de Unamuno por el norte de la región extremeña: “Perfiles extremeños” (Hervás, Plasencia, Trujillo, Yuste…), “Unamuno en las Hurdes” y “Unamuno en Mérida” (con ocasión del estreno en el Teatro Romano de la ciudad de Medea de Eurípides, traducida por él, en junio de 1933, cuando exclama: “¡Qué grandiosidad de escenario, sin necesidad de falsas bambalinas y brochazos al temple!”).
   Aparecidos en diarios y revistas, los textos que dedicó a la región pasaron a formar parte de Por tierras de España y Portugal (1911) y Andanzas y visiones españolas (1922), aunque la región reaparecería en Paisajes del alma (libro recopilado por García Blanco aparecido en 1944). En Extremadura, aparecerían una recopilación de poemas y artículos con fotografías de Antonio Fernández (Extremadura, 1992) y Viajes por Extremadura (Diputación Provincial de Cáceres, 2004) al cuidado de José Luis Bernal.
   El lúcido análisis de los textos lleva al crítico a cotejar las valoraciones unamunianas con otros autores que viajaron por la región, como Luis Bello (Viaje por las escuelas de España, 1926-29), Pío Baroja (La dama errante, 1908), Ciro Bayo (El peregrino entretenido, 1910), Ricardo Baroja (Gente del 98, 1952), Julio Cejador (Tierra y alma española, 1928), José María Salaverría (Los conquistadores, 1918), o Maurice Legendre (Les Jurdes. Etude de Géographi humaine, 1927, reeditado la ERE en 2006, Semblanza de España, 1944).
   Salvo la denuncia de ciertas lacras (los cabildeos provincianos, la pereza de siglos, los juegos de azar…), la visión que Unamuno da de Extremadura, del paisaje natural y humano, es resueltamente positiva, pero, contemplado desde el presente  es difícil compartir las soluciones que propone: la defensa del casticismo, de los valores morales, la renuncia y resistencia al progreso.
   “Unamuno es partidario de la pobreza digna, de la luchadora austeridad. Concluye que todos los españoles son hurdanos porque cree firmemente que la política estatal no puede traer la felicidad a los españoles. Porque opina que debe dejarles soñar su sueño eterno y tradicional, sin trasladarles inquietudes perturbadoras […] los desgraciados son los jugadores de Trujillo: quienes, habitando la civilización, se degradan. ¿Se comprende por qué carece de sentido arremeter contra Unamuno por haber insultado a los extremeños? Unamuno elevó a dos clases de extremeños a la categoría de arquetipos humanos: por lado, los vagos y jugadores que son el producto del sistema liberal, de la monarquía feudal disfrazada de zarandajas progresistas; por otro lado, el espíritu de superación, la vida oscura del luchador de las montañas. Podríamos concluir que, para Unamuno, los hurdanos son el ‘buen salvaje’. Sin embargo, es a la inversa: para él, los salvajes son los civilizados. Los hurdanos son los que han logrado domesticar lo intolerable, habitar lo inhabitable: “¡Pobres hurdanos! Pero… ¿salvajes? Todo menos salvajes. No, no, no es una paradoja lo de mi amigo Legendre, el inteligente amador de España; son, sí, uno de los honores de la patria” [pp. 55-56].
   Cuando traduce sus impresiones paisajísticas al verso los resultados son aún peores.

Hervás con sus castañares
recoletos en la falda
de la sierra que hace espalda
a Castilla: sus telares
reliquia de economía
medieval que el siglo abroga,
y a un rincón la sinagoga
en que la grey se reunía,
que hoy añora la verdura
de España, la que regara
con su libro –de él no avara-
el zaguán de Extremadura.

Crónicas desde el país de No y otros cuentos



CRÓNICAS DESDE EL PAÍS DEL NO Y OTROS CUENTOS

Ana Ayuso Verde
Mérida, Editora Regional de Extremadura, Col. Vincapervinca, 2019, 174 págs.


   Nacida en Campanario, Ana Ayuso Verde es Licenciada en Periodismo y profesora de Lengua y Literatura. Ha impartido cursos de Literatura Creativa y Redacción periodística en escuelas como Fuentetaja o Cálamo y Gran. Ha publicado El oficio de escritor (Suma de Letras, 2003), y Donde sueñas los tigres (Ed. Traspiés, 2008). Es redactora de la enciclopedia Curso de teoría y práctica del relato (Fuentetaja) y directora literaria de la enciclopedia El placer de escribir (Planeta de Agostini, 1999). Ha participado en la antología Los cuentos del Alambre y recibido los premios Unicaja y Barcarola de relatos.
   Ahora, la Editora Regional de Extremadura publica Crónicas desde el país de No y otros relatos, un conjunto de narraciones, ambientadas el primer grupo en un territorio sorprendente en el que personajes se hallan sometidos a un lógica absurda o terrible, pero también en los restantes relatos descubrimos tras la realidad cotidiana la presencia desasosegante de lo desconocido.
   Reproducimos uno de los relatos del primer bloque.


LA ENFERMEDAD DEL HOMBRE SILLÓN

Extraña, más que ninguna, es la enfermedad del hombre sillón. De síntomas largos y evidentes, que empiezan a labrarse ya en la edad infantil, esta enfermedad se manifiesta hasta sus últimas consecuencias en todos los habitantes que las contraen. Son ciudadanos de piel pálida y ojos hundidos, que terminan pasando sus días en un fatigoso ir y venir de la cama al sillón y del sillón a la cama, hasta que definitivamente habitan solo el sillón, y solo en raras ocasiones consiguen alcanzar la posición vertical.
   Esta dolencia invade la sangre de los afectados ya desde niños, y con el tiempo laxa los miembros y entumece los huesos de los enfermos.
   Después de una larga temporada sometido a ese mal del cansado, el hombre sillón suele morir.
   Ha sucedido a veces que una mujer se sienta en las rodillas de ese hombre. Si eso sucede, el hombre sillón insiste en casarse con ella. Contrae matrimonio ante un altar doméstico arreglado para la ocasión en su sala de estar, de la que para entonces hace tiempo que no sale –al hombre sillón le gusta poco el mundo exterior y muy de tarde en tarde lo frecuenta.
   Su esposa le cuidará hasta que muera, le verá perderse en las honduras del tapizado donde, con el tiempo, se le extravían primero las extremidades y después el torso, hasta que un día le ve desaparecer con una sonrisa que se adentra en el respaldo del sillón y dice: “Adiós, adiós, no te volveré a ver”. Y la viuda se sienta un rato y llora encima de su marido, pero no por mucho tiempo, porque, aunque ha perdido un esposo, posee ahora un sillón de lo más cómodo, y no de tela, sino de piel fina y clara, del color del marfil. Esos sillones son muy cotizados en el país de No. Son difíciles de conseguir si no es por herencia, ya que las viudas no acostumbran a venderlos, antes bien. Buscan a otro hombre sillón, se sientan en sus rodillas y, con el tiempo, consiguen un salón cómodo y bonito con dos o más sillones suaves y vivos, donde los domingos por la tarden toman café con sus amigas, siempre envidiosas del mobiliario, y comentan, entre bromas y veras, la inmensa fatalidad de su desgracia.

jueves, 24 de octubre de 2019

sábado, 19 de octubre de 2019

Cueva


CUEVA

Jorge Ávila
Malpartida de Plasencia (Cáceres, Ed. Siete Pisos, 2019, 235 págs.

   Fundador de la editorial Siete Pisos, Jorge Ávila (Malpartida de Plasencia, 1975) es licenciado en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid. Hasta el momento, ha publicado una novela corta, Tambores de pareja (Luhu Editorial, 2015) y el libro de relatos Conversaciones antes del despertador (De la Luna libros, 2017).
   Ahora, la editorial Siete Pisos publica Cueva, una novela cuya trama  arranca con la propuesta de Palmiro, un joven oficinista, a su amigo Gago, que trabaja de camarero en un bar, de abandonar sus vidas y sus trabajos de subsistencia para encerrarse en un ático y convertirlo en algo parecido a una cueva prehistórica, una idea que, considerada en principio una broma, va tomando cuerpo en conversaciones sucesivas. ¿Quiénes son estos dos jóvenes que están a punto de embarcarse en un proyecto descabellado? Como dice la cita inicial de Camilo José de Cela, hombres aburridos de ser durante años los mismos que han decidido convertirse en otros, “con otro acento, y otra vestimenta, y hasta otras ideas, si fuera preciso…”, lejos de un entorno en que les acosan y abruman “todas las malezas capitales” (G. H. Bayal). Naturalmente, tras este proyecto quimérico se adivina la tentación de una “huida” a la que están a punto de ceder. Hartos de “amores que se esfumaron”, de quienes venden la “felicidad al peso”, de la palabrería política, del teoricismo del aprendizaje académico, pero también de la banalidad y el exhibicionismo de las redes… estos dos seres ingenuos, envenenados de bibliografía de ciencias humanas (asisten con frecuencia a las clases de la facultad para rebatir a sus profesores), determinan abandonar sus vidas sin futuro para realizar sus sueños. A ellos se les unirá José Naváis que vive, como ellos un momento de crisis (una relación sentimental rota, una carrera terminada) y María, que ha vivido, siempre en el borde la marginalidad y de la delincuencia, varios fracasos amorosos.
   Poco a poco, este pintoresco grupo humano (todos con una vasta formación de lecturas tal vez no sedimentadas) irán convirtiendo un ático situado frente a un parque en una cueva, “el marco idóneo para encontrarse con uno mismo, con un yo en proceso de interacción con los materiales y herramientas más primitivas, a través del cual establecer conexión con el ser ontológico universal” [p. 22] de acuerdo con un proyecto que pasa por cuatro fases: el encierro, la risa, el silencio y el hambre, en una cueva con dibujos de arpones magdalenienses, hachas de mano, pequeñas lanzas con las puntas argentadas, bisontes en los techos (y una chimenea en el salón a modo de pira primitiva).
   La trama avanza entre conversaciones de una alta talla intelectual, con profusión de citas extraídas de ensayos de sicología, sociología, antropología y su tono es siempre bienhumorado, pero ¿lograrán sus propósitos estos jóvenes que, como Alonso Quijano, han abandonado lo que poseían para construir una quimera?
   Reproducimos un fragmento del diario (o crónica) de María, la joven del grupo.

   “Es cierto que el proyecto en su totalidad parecía una invitación al absurdo, pero si hasta san Agustín lo dijo: ‘Creo, porque es absurdo’ (lo tengo aquí apuntado: la cita, el autor, y una anotación que dice que lo citó Palmiro y que, por el contrario, a Naváis le sonaba que la cita era apócrifa y no de san Agustín), cómo no iba a suscribirlo yo, que era la primera vez que me sentía realmente escuchada. En fin, tengo también aquí un fragmento de la antigua crónica, que me dispongo a hojear entre sorbos de té:
   ‘Hoy han instalado por fin la chimenea, de manera que empieza a estar todo listo para que nuestros espíritus salgan de la recia sociedad donde permanecen enclaustrados, porque no es mucho decir que somos debilitados por quienes no cumplen sus audaces promesas de abrirnos las puertas de nosotros mismos sino que las cierran a riesgo de que dentro queden sepultadas la inocencia y la alegría, inútiles ya para cualquier cosa excepto la de padecer la horrible nostalgia de un desconocido anhelo, pues ya solo nos vemos como seres insoportables, esculpidos en el miedo y el odio, y es por eso que ahora, que empezamos a mirar a ese Olimpo que otros tildan de locura, esperamos con impaciencia que el fuego derrita la coraza que tanto nos pesa y que entre los pequeños estallidos de la leña suenen también nuestros bramidos de júbilo salvaje?”. [pp. 155-156].

lunes, 14 de octubre de 2019

Sobre los huesos de los muertos


SOBRE LOS HUESOS DE LOS MUERTOS

Madrid, Ed. Siruela, 2016, 240 págs.

   He releído la novela más conocida de Olga Nawoja Tokarczuk (Sulechow, Polonia, 1962), poeta, ensayista, y narradora que acaba de recibir, por toda su trayectoria, el premio Nobel de Literatura de 2018. Esta segunda lectura me ha venido a confirmar que la novela (a diferencia de la mayor parte de las de su género, la novela negra) no pierde nada en una segunda lectura, puesto que su mayor interés no es de índole lúdica (la elucidación de un enigma). Es verdad que recurre a la estructura de una novela negra que dota a la trama de una tensión indeclinable: hay una serie de muertes violentas y una investigación policial, todo ello narrado por una anciana que, según todos los indicios, parece ajena a los hechos, aunque no a la investigación
   Gran parte del intenso atractivo de esta novela procede de la personalidad de la protagonista y narradora. Janina Duszejko es una anciana que vive en las afueras de una pequeña aldea polaca en la frontera con Chekia. Fue ingeniera y construyó puentes en Siria hasta que sus dolencias la obligaron a regresar a Polonia y dar clases de inglés a chicos de corta edad al tiempo que dedica sus horas a realizar análisis astrológicos de sus conocidos siempre que consigue conocer la fecha y la hora de nacimiento. También cuida de las casas rurales cuyos propietarios solo pasan en ellas los meses de verano y recibe la visita de su amigo Dioni con el que discute sobre la mejor traducción de los poemas de William Blake (a quien pertenece el verso que da título a la narración). Con la oposición de la policía, que la considera una vieja chiflada, la anciana se involucra en la investigación. ¿Quién ha asesinado a unos hombres (un cazador furtivo, un empresario, el comandante del puesto de policía, un sacerdote…) que parecen tener tan poco en común?, ¿Tienen alguna base las elucubraciones de la anciana, rechazadas por la policía, sobre una venganza de la propia naturaleza por las agresiones que los hombres, especialmente, los cazadores, cometen contra ella?
   Finalmente, descubriremos la solución, que, como es propio del género, será a la vez sorprendente y verosímil. Pero, insisto, la peripecia policial es lo más fungible. Quedan, por el contrario, en la memoria la altísima calidad literaria de la prosa a la vez que la defensa radical de la naturaleza o la sagacidad para interpretar los comportamientos humanos, como sucede en los siguientes pasajes:

   Los clichés lingüísticos.

    “Yo tenía mi propia teoría al respecto de esas muletillas: todas las personas tienen un vocablo que utilizan en exceso o de forma inapropiada. Esa palabra es la llave de su pensamiento. Así, teníamos al señor ‘Aparentemente’, al señor ‘Generalmente’. A la señora ‘Probablemente’. Al señor ‘Joder’, a la señora ‘¿O no?’. Al señor ‘Como si’- El presidente era el señor ‘Verdad’ […] Yo no podía dejar de pensar que quien abusa de la palabra ‘verdad’ miente”.

   La repugnante celebración del día de los cazadores.

   “Apenas me había puesto en camino recordé que aquel día era el tres de noviembre y que en la ciudad estarían celebrando la fiesta de san Huberto [patrón de los cazadores]. Siempre que se organiza algún acto infame, de los primeros que se echa mano es de los niños. Recuerdo que nos enredaban de la misma manera en el desfile del primero de mayo”.

   Reproducimos un tercer fragmento en que se narra la llegada del invierno

   “El invierno empieza inmediatamente después de la fiesta de Todos los Santos. Así son las cosas aquí: el otoño recogía sus pertenencias, se sacudía las hojas, ya no las iba a necesitar, las barría bajo los linderos, le arrancaba los colores a la hierba hasta que se volvía grisácea y difusa. Después todo era negro sobre blanco y la nieve caía sobre los campos labrados.
         -Guía tu arado sobre los huesos de los muertos –repetí las palabras de Blake, no muy segura de que citaba correctamente el verso.
   Estaba de pie junto a la ventana y observaba los rápidos preparativos de la naturaleza hasta que cayó la noche y el desfile del invierno tuvo lugar a oscuras. Por la mañana saqué la cazadora de plumas, aquella roja, la de Buena Nueva, y los gorros de lana.
   En los cristales de mi Samurai apareció la escarcha, todavía joven, muy fina y delicada, como un hongo cósmico. Dos días después del Día de Muertos fui a la ciudad con la intención de visitar a Buena Nueva y de comprar unas botas para la nieve. Había que prepararse para lo peor. El cielo colgaba bajo, como es habitual en aquella época del año. Todavía no se habían consumido del todo las velas en los cementerios y a través de la tela metálica vi que las luces de colores titilaban durante el día, como si la gente quisiera ayudar con aquellas míseras llamas a un sol que se debilitaba en Escorpio. Plutón había tomado el poder sobre el mundo” [pp. 179-180].

jueves, 12 de septiembre de 2019

Día de Extremadura en Don Benito



   El pasado domingo, día ocho de septiembre, se celebró en la Plaza de España de Don Benito el acto conmemorativo del Día de Extremadura con la asistencia al mismo de las autoridades de la Corporación Municipal. Tras la intervención de Luis María Gómez Canseco, Catedrático de Literatura de la Universidad de Huelva, se procedió al izado de banderas al tiempo que la Banda Municipal de Música de Don Benito interpretaba los correspondientes himnos: las atleta Raquel Gómez Martín izó la bandera de España; Francisco Javier Fernández Martín y Amalia Sánchez-Miranda Cabanillas, del Club Acuarun, la de Don Benito, y Marisa Sánchez Barbero, presidenta de AMAL (Amigos y Amigas del Pueblo Saharaui), la de Extremadura. El himo de la región fue interpretado por Jesús de la Elía.
  






martes, 10 de septiembre de 2019

lunes, 9 de septiembre de 2019

Marquetalia, tus hijos te decimos



MARQUETALIA, TUS HIJOS TE DECIMOS

Antonio María Flórez
Don Benito, ACEM, Col La cigüeña de cristal 2019, 62 págs.
Preliminar del autor

   Hijo de madre extremeña y padre colombiano, Antonio María Flórez (Don Benito, 1969) pasa su infancia en Marquetalia (Colombia), pero recibe su formación académica de grado medio en los centros docentes de Don Benito. Circunstancias biográficas posteriores le han llevado a alternar estancias en Colombia y España, lo que lo ha convertido en privilegiado testigo del panorama cultural de los dos países.
   Además de varios ensayos (como Dalí. El arte de escandalizar, 2004 o Transmutaciones. Literatura colombiana actual, 2009) y numerosas colaboraciones en obras colectivas (antologías de cuento y de poesía, revistas…) ha publicado hasta el momento los siguientes libros de poesía, galardonados con premios de reconocido prestigio: El círculo cuadrado (1987), En cámara lenta, junto con el escritor Flobert Zapata (1989), Epigolatría (1993), ZOO (poemillas de amor antiecológicos) (1993), El bar de las cuatro rosas (1995) y Antes del regreso (1997).
A este libro le siguieron títulos como El arte de torear (2002),  Desplazados del paraíso (premio nacional de poesía “Ciudad de Bogotá” de 2003, publicado ese año en Colombia y luego en España en 2006), Marquetalia (Un pueblo que rabia) (2003), Corazón de piedra (2011), Tauromaquia (Antología Trema)(2011), Bajo tus pies la ciudad (2012), Sabe que su mirada (2014), La muerte de Manolete. Crónica en escena (Don Benito, 2014), En las fronteras del miedo (2013, finalista del premio nacional de poesía del Ministerio de Cultura de 2015) y Sueños eróticos de un adolescente empedernido (2016).
   Como narrador, ha publicado sus relatos en antologías como Cuento caldense actual (1992), Estrechando círculos (1999), La narración corta en Extremadura (2000) y Ficciones (2001). En 2018, la editorial De la Luna libros publicó un volumen de relatos, Desde entonces vivo para el dolor
   Ahora la Asociación Colombo-Española de Manizales publica en la colección La Cigüeña de Cristal Marquetalia, tus hijos te decimos, un breve poemario con composiciones que tienen como referente la ciudad de Marquetalia, en el departamento de Caldas, tan unida a la vida del poeta, “famosa por sus leyendas indígenas, por su gesta fundacional, por su oro, su café; pero también por sus avatares políticos, sus desplazamientos y sus tragedias; es la síntesis pertinaz y simbólica de la historia nacional” [Nota de contraportada].
   Reproducimos uno de los poemas.


¿Este es mi pueblo?

¿Este es mi pueblo?
¿Esta es mi patria?
No. Me resisto a aceptar
que esta porfía de odio,
de pendencias y rencores,
sean mi pueblo y mi patria.

   No. La vida es otra cosa:
eran aquellas nubes
que vagaban perezosas
por el cielo diáfano y azul
de mi lejana infancia,
eran los pájaros y trinos
que adornaban el verde esmeraldado
de los campos florecidos de mayo,
eran las calles polvorientas
pobladas de hermosas muchachas,
de ancianos recordantes
y niños soñadores.

No. La vida es otra cosa:
es levantarse al alba
y descubrir el vigor
de los días que nacen,
es caminar la mañana sin prisa
y ver cómo la luz del sol
se desliza radiante por el agua calma,
es llegar al ocaso
con la sonrisa amplia,
un beso en los labios
y miles de abrazos en el alma;
es llegar a la noche
con los sueños intactos,
la palabra plena
y el corazón gozoso,
cantando orgulloso
el claro nombre en paz
de mi pueblo y mi patria.