VIAJE A FILIPINAS (1935-1936)
Artículos y epigramas
Mérida, Editora Regional de Extremadura, Col. Rescate, 2024, 144 págs.
Edición e introducción de Aurora Díez-Canedo F.
Aurora Díez-Canedo Flores es doctora en Historia por la Universidad
Nacional Autónoma de México y desde 2004 investigadora del Centro de Estudios
Literarios del Instituto de Investigaciones Filológicas de la misma
institución. Profesora de Historiografía de México en la Facultad de Filosofía
y Letras, ha trabajado también sobre su abuelo Enrique como traductor, y en su
correspondencia con sus contemporáneos. Cuenta con capítulos y artículos sobre
el tema y con los libros Enrique Díez-Canedo, Juan Ramón Jiménez en su obra,
acompañado de la correspondencia Juan Ramón Jiménez/Enrique Díez-Canedo
(1907-1944). México, El Colegio de México, 2007 y Enrique
Díez-Canedo/Alfonso Reyes; Correspondencia 1915-1943. México, Universidad
Nacional Autónoma' de México/Fondo Editorial de Nuevo León, 2010.
Viaje a Filipinas recoge
los artículos publicados en el periódico El Sol entre febrero y junio de 1936
bajo el título “Notas de lectura”, que recogen las impresiones y reflexiones de
su viaje en misión cultural a Filipinas realizado por Díez-Canedo entre
diciembre de 1935 y marzo de 1936 cuando la presencia cultural de España en las
islas es aún muy marcada (la guerra y la Dictadura arruinarían definitivamente
la influencia española). El resultado constituye un testimonio que “reviste una
significación histórico-literaria y filológica, pues su contenido nos ilustra sobre
un momento ambiguo y coyuntural en la vida de este archipiélago, en que existe
un delicado equilibrio entre diversos factores culturales y políticos a punto
de romperse” [Introducción, p. 32]. Reproducimos un fragmento del artículo
titulado “La encrucijada de Singapore”
aparecido en El Sol el 6 de marzo de
1936 (seguido de uno de uno de los “epigramas de Extremo Oriente” sobre la
misma ciudad).
“Singapore no nos dejará vagar tranquilamente por sus calles, animadas por una muchedumbre en que todo el Oriente se ha congregado: trajes brillantes, velos llamativos de las mujeres indias, bronceada desnudez del bracero e impecable traje blanco del gentleman, el fez y el salacot, el turbante y el sombrero cónico de los chinos, largas cabelleras y extrañísimos moños hindúes, rostros andróginos malayos y barbudas facies indostánicas; no nos dejará Singapore tranquilos sin lanzarnos de pronto un chaparrón en que el agua rebota, violenta, sobre el asfalto, para despejarse enseguida y dejar en el cielo lavado la luna llena más sorprendente al nacer, en rojo vivo, más poética, a lo vulgar, cuando ya está alta en el firmamento. Ni podremos contemplarla extasiados, porque el espectáculo de la tierra tira ya de nosotros. Se trata de ver el New World, un par de atracciones, con todos los tenderetes habituales en una feria, con un cabaret en donde las tanguistas son taxis (cuatro danzas, un dólar de los Estrechos) y visten a la europea sus lánguidos cuerpos; con dos o tres teatros chinos…” [pp. 57-58].
SINGAPORE
Todo lo envuelve tu oriental molicie
y en este mar que te acaricie, miro
ya no profundidad, ya no zafiro,
sino jade, impureza y superficie.
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