PARA MENOS MORIR
(Poesía 2008-2021)
Mario Lourtau
Mérida, Editora Regional de
Extremadura, col. Poesía, 2025, 158 págs.
Prólogo de Verónica Aranda
Mario Lortau (Torrejoncillo, Cáceres, 1976) es licenciado en Filología Inglesa y autor de los libros El Hombre (Ed. Alhuia, Granada, 2008), Catálogo de deudores (ERE, 2009), Quince días de fuego (Rialp, 2010), La mirada del cóndor (Ed. De la Luna Libros, 2012), Quema la nieve (plaquette) y El lugar de los signos (Ed. Algaida, 2021). Ha sido galardonado en certámenes literarios como el Accésit del Premio Adonáis, José Espronceda Ciudad de Almendralejo, Fernando Quiñones, García de la Huerta, etc. Parta de su poesía ha sido incluida en antologías colectivas y traducida al inglés, francés, portugués, rumano, catalán o árabe. Coordina en Cáceres el Aula Literaria José María Valverde, de la AEEX. Ahora la Editora Regional de Extremadura publica Para menos morir, antología preparada por el autor de las obras aparecidas entre 2008 y 2021 junto con varias composiciones inéditas que “permite al lector observar su evolución poética, sometida siempre a un largo proceso de depuración. También facilita reconocer los núcleos temáticos: el amor, el paisaje, la memoria, el paso del tiempo y el cuerpo” [Prólogo, p. 9]. Reproducimos una de las composiciones inéditas recogidas en la antología.
HARÉN
Estuco
y azulejo nos devuelven
la
geometría de la palabra.
Mohammed
Bennis
La tarde se ha llenado de
naranjas.
Hay un mirlo que salta en los
jardines
salpicando acequias con su canto,
y vierte su negrura
entre el idioma fresco de los árboles
y las plantas que amansan la
mirada.
Si a lo que has venido aquí te
parece liviano,
si este idioma sencillo apenas te
conmueve,
acércate y escucha.
Contempla, simplemente,
la geometría del viento peinarse
en las almenas,
los hombres del azahar prensar su
néctar,
los gajos fríos de sol perderse
en la lujuria del poniente.
Hay un orden en todo, una extraña
sospecha
de paisaje soñado que invita al
intimismo.
Suenen risas y voces. ¿No las
oyes?
Un harén de palabras deambula por
el patio,
van descalzas. Son muchachas de
luz
que impregnan de metáforas la tarde:
sus pieles de azafrán
como un fular de tinta sobre el
mármol,
el junco de los cuerpos
en la danza que alumbra un verso
de consuelo.
Ellas marcan su ritmo,
embaucan, se resisten,
mientras tiemblan desnudas
entregadas a las magias del
poema.

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