domingo, 7 de febrero de 2021

Lady Galatea

LADY GALATEA

Miguel Ángel Sánchez Rafael

Mérida, Editora Regional de Extremadura, Col. Geografías, 372 págs.

    Nacido en Llerena en 1967, Miguel Ángel Sánchez Rafael se ha dedicado, como profesional, al área sanitaria en centros de salud de Andalucía y Extremadura, labor que ha compaginado con la creación literaria y su dedicación al teatro como actor (del grupo Susurro Teatro) y como adaptador (de obras, entre otros, de Jardel Poncela o Ionesco). Sus relatos y textos breves han aparecido en diferentes revistas. En 2007, la Editora Regional de Extremadura publicó Once cuentos de cuaderno y un enxiemplo popular en la colección Vincapervinca.

   Ahora, la Editora Regional de Extremadura publica Lady Galatea, una novela compleja, de estructura y expresión barrocas, en que dos voces narrativas (un profesor de enseñanza media y una prostituta) se alternan para armar una trama narrativa que presentan dos líneas muy contrastadas: una de ellas, de corte realista, está protagonizada por unos profesores en un entorno escolar y urbano que gira en torno a unas relaciones sentimentales marcadas por rupturas y reencuentros abocados también al fracaso como si el amor constituyera un territorio en que la felicidad tal vez sea posible pero siempre improbable, como sucede en la obra que Adolfo, profesor de  lengua y literatura y director de un grupo de teatro escolar, se propone montar, “Historia de una escalera” (una historia de vidas y amores truncados, de leche derramada, de felicidad imposible). Y será este personaje el que se empecine en la escritura de una (Lady Galatea) centrada en la creación de una figura femenina que tiene rasgos de de una joven, novia de sus años universitarios y ahora profesora en el mismo centro, de una prostituta vocacional reacia a ser idealizada, pero también de mujeres del pasado (lady Hamilton, esposa del embajador inglés en Nápoles y amante del Almirante Nelson) y de mitos griegos (la escultura de la que se enamora Pigmalión, su creador). Ensimismado en su novela, poseído por la protagonista, aislado de su entorno, el escritor entra en un proceso de degradación personal que lo llevará a la embriaguez constante, a la soledad y al suicidio. Reproducimos un pasaje del arranque de la narración en que se recoge en realidad su desenlace: Adolfo, mortalmente herido, pide a su amigo que destruya sus dos libros (uno y publicado y otro inédito), pues “los personajes de una novela deberían morir el mismo día, al mismo tiempo que su autor”.

  

         “-Ahora veo las cosas como Mahiram me decía. Ella llevabas razón… -balbuceó Adolfo junto a mi oído mientras lo acompañaba en la parte de atrás de la ambulancia, con la boca rota por el balazo, jadeando como un toro de lidia en el último tercio. Apenas se escuchaba lo que decía, y se sujetaba con una mano la barbilla en un intento en un intento inútil de que las palabras, como la baba y la sangre que se le escurría por la comisura de la boca, no restasen dignidad a su muerte-. Mariham me decía que un escritor es el hombre más solitario del universo, que sobre un mundo de papel intenta convertirse en un dios y, en el último instante, el definitivo, se encuentra más solo que Dios, sin ninguna de las criaturas a su lado para consolarle… ¡Oh, lady Galatea!

   Con la otra mano que le quedaba libre tomó las mías, apretó bien fuerte, hasta que sentí el crepitar de cinco de mis dedos, cinco insolentes crik crik amenazando la integridad de las articulaciones; y volvió, una vez más, a implicarme en la consecución de su locura.

         -¿Recuerdas el libro de relatos que publiqué con ayuda de mis tías, cuando joven, Once cuentos de cuaderno? –preguntó con la voz débil.

         -Sí –respondía.

         -Quiero que encuentres los quinientos ejemplares que entonces se editaron, aunque para ellos tengas que alzar del suelo montañas enteras y buscar debajo de ellas, y que destruyas todos esos libros.

         […]

         -Pero empieza antes que nada destruyendo Lady Galatea.

   Lady Galatea era su última novela, que había enviado la víspera por correo ordinario a una editorial de Madrid para su publicación.

         -Trata por todos los medios que no llegue a manos de la editorial. Fue un error intentar publicarla; los personajes de una novela deberían morir el mismo día, al mismo tiempo que su autor” [pp. 12-13].

 

domingo, 10 de enero de 2021

Impresiones y memorias de un setentón recluido

IMPRESIONES Y MEMORIAS DE UN SETENTÓN RECLUIDO

Manuel Pecellín Lancharro

Madrid, Fundación de Emmanuel Mounier, Col. Persona, 2020, 165 págs.

   Han sido varias las entradas de este blog dedicadas a reseñar algunas de las obras publicadas por Manuel Pecellín Lancharro (Monesterio, 1944), quien a su notabilísima tarea como dinamizador cultural durante décadas (director del Servicio de publicaciones de la Diputación Provincial, director del Centro de Estudios Extremeños y de su revista, presidente de la Asociación de Escritores Extremeños, cofundador y vicepresidente de la Unión de Bibliófilos Extremeños, entre otras numerosas tareas, miembro de la Real Academia de Extremadura y Director de su Boletín) y a su labor docente, ha sumado una vasta trayectoria de artículos, ensayos, estudios, tesis, ponencias… destinados en gran medida a reconstruir la historia del pensamiento en Extremadura, con especial atención a la presencia del Krausismo en la región. Pero Manuel Pecellín ha participado también activamente en el estudio y promoción de la literatura en Extremadura. Él es el autor de la mejor revisión histórica que se ha publicado hasta la fecha: los tres tomos de Literatura en Extremadura (1982) que se han ido completando posteriormente con artículos en distintas publicaciones en los que el autor ha atendido tanto a la recuperación histórica de ciertos autores (Felipe Trigo, particularmente, pero también el teatro extremeño del siglo XVI, por ejemplo) como a los escritores contemporáneos (Manuel Martínez Mediero, Manuel Pacheco, Álvarez Lencero, José Antonio Gabriel y Galán, los narradores últimos...). Recientemente ha visto la luz Poesía social en Extremadura (Beturia, 2019), que recoge textos de poesía comprometida desde el siglo XVI hasta  la actualidad. No menos importantes para dar fe del panorama editorial regional en estos últimos años han sido los sucesivos tomos de su Bibliografía extremeña.

   Pero paralelamente a una monumental obra filológica, bibliográfica y crítica que no se doblega a los resúmenes, Manuel Pecellín ha ido agavillando sus páginas de auténtica creación literaria, primero en una obrita de 1987 publicada por la editora regional (Caleidoscopio), y más tarde en otras entregas de mayor cuerpo, Historias mínimas (Del Oeste Ediciones, 2001), Relumbre de espejuelos (Beturia, 2010, con un soneto-prólogo de Santiago Castelo) y Bajo el sol de la dehesa (Editamás, 2017).

   Ahora, la Fundación Emmanuel Mounier publica Impresiones y memorias de un setentón recluido, un diario elaborado durante los meses de confinamiento con entradas fechadas desde 21 de marzo al 10 de mayo, registro “de unos días dedicados a la lectura, a la charla online con las amistades, el trote por los pasillos, la atención a ollas y sartenes y el cuidado del huerto que planté en la azotea”. Sobresalen del conjunto la reseña de numerosísimas lecturas de temas variados (antropología, historia, ensayo, filosofía…), el recuerdo de familiares y amigos fallecidos a causa de la enfermedad (aproximando el diario a un “memorial de ausencias”), el registro puntual de contagiados y fallecidos, de recetas caseras, o las evocaciones del mundo de la niñez en Monesterio, un mundo en que habitó y que sabe ya desaparecido y, por tanto, incompartible, pues “¿cómo y a quién decirle el murmullo de las colmenas, la zumba de los moscardones, el crepitar de zarzales en llama, el estallido de  las piñas abiertas con el sol, los rumores miles del encinar? ¿Quién recoge de mi boca el empuje del calostro, la dulzura de los chupamieles, el amargor de los rabicanes, el agraz del acerón, el encandilamiento de la melcocha o el azúcar de los hijos rayados por la blanda?” (p. 75). No es infrecuente que el diario se abra a la pura contemplación de la realidad más próxima y elemental.

 

12-IV

   “Esta mañana me han despertado las flautas de los mirlos que anidan en nuestro naranjo. Cada primavera lo hacen en una rama diferente. Habría que anillarlos para tener la seguridad de que es la misma pareja, aunque yo así lo creo. Tampoco sé si son tenaces o estúpidos,  porque más de una vez los gatos se han comido los pelachos. El silbo melodioso alterna con el machaqueo de las tórtolas turcas, que también se han hecho urbanitas, Tal vez su monótono matraca justifique la onomatopeya rola con que se las conoce en la Raya, término tan próxima al rolinha portugués. Lo que dejó de escucharse hace algún tiempo es la algarabía que los gorriones desataban desde los árboles próximos. Venía hablándose de una infección que los estaban eliminando por millones. Pesticidas, insecticidas, plaguicidas y otros productos químicos, cada vez más usuales en nuestra agricultura supertecnificada, deben ser mortales para los humildes pardales, y también para los humanos,  me temo (al parecer, en la jerga juvenil se denominan rulas las pastillas de éxtasis, es decir, la etilendioximetilanfetamina de los químicos)” [p. 64].

jueves, 7 de enero de 2021

Versos chiquininos


 VERSOS CHIQUININOS

Nanas, homenajes y villancicos

 Granada Farrona Farrona

Badajoz, Editamás, 2016, 82 págs.

Prólogo de Mª Victoria Micharet Vinagre  

   Nacida en Llerena en 1952, Granada Farrona se traslada con su familia a Monesterio cuando la escritora tiene doce años. A los estudios elementales cursados en su pueblo natal le sucedieron el bachiller en el Colegio Santo Ángel de Badajoz y los cursos de Magisterio en la Escuela Normal de esta ciudad. Tras sus años de formación, Granada ejerció la docencia en localidades como Monesterio, Villar del Rey, Fregenal de la Sierra, Alburquerque y, finalmente, Badajoz, en uno de cuyos centros, el Colegio Luis de Morales, enseñó hasta su jubilación.

     Es esta práctica profesional la que subyace en los poemas que la autora recoge en Versos chiquininos (y en un libro posterior, Versos, ¡A los pupitres!, 2017), unos textos protagonizados por niños y marcados por un leve acento extremeño, dos peculiaridades ya anunciadas en el adjetivo del título (“chiquininos”). En efecto, como indica el subtítulo, nos encontramos ante nanas, homenajes amistosos y villancicos, que se mueven en el cercano territorio de la familia y la amistad y sus protagonistas son esos niños que vienen al mundo, ríen, se resisten a dormir o sueñan en su pequeños lechos. En su lectura, asegura la prologuista al lector, “serás el niño en la cuna, el pastor en el campo, el bonito en el mar, el árbol en el bosque… Te aseguro que es fácil sumergirse en la magia del abandono, la calma de la bonanza, la chispa de la ternura, el descanso de un atardecer” [Prólogo, p. 9].

   “Mi intención -afirma la autora- es dar a los niños parte de lo que ellos me dieron a mí en el tiempo en que ejercí como maestra, seguir inculcando valores, despertar la curiosidad, defender sus derechos, ocupar un poco de su tiempo de ocio con la lectura, desarrollar su imaginación, para que el mundo infantil y juvenil sea feliz y no deje de soñar”. [Texto de contraportada]. Reproducimos una de estas tiernas y deliciosas composiciones.

 

ARRULLO DE LA LUNA LLENA

 

Sobre las aguas serenas

para mi niño, la luna

bordó con hilos de plata

un arrullito de cuna.

 

Por el muaré azul noche,

caballitos de mar trotan…

Van hilvanando un velero

y entre festones  lo bogan

 

Cantarinas caracolas

van entonando una a una

partituras caprichosas

sobre la mar y la luna.

 

¡Sube, mi niño, al velero;

tendrán tus sueños sosiego;

una madreselva sube

a ofrecerse sonajero!

 

Y te dormiste,  lucero…

en tu arrullito de luna…,

Tu sueño subió al velero…

en nanas de mar y luna.

lunes, 21 de diciembre de 2020

EPISTOLARIO. JOSÉ MARÍA GABRIEL Y GALÁN

 

JOSÉ MARÍA GABRIEL Y GALÁN

EPISTOLARIO

Mérida, Editora Regional de Extremadura, 2020, 505 págs.

Edición, introducción y selección de Jesús Gabriel y Galán Acevedo

    Jesús Gabriel y Galán Acevedo, nieto del poeta José María Gabriel y Galán, nació en Guijo de Granadilla (Cáceres) en febrero de 1932 y vivió en Plasencia hasta los 16 años, cuando la familia se trasladó a Madrid. Doctor en Medicina y Cirugía, ha ejercido como Jefe Clínico de Cardiología en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid y como profesor de esta disciplina en la Universidad Complutense de Madrid, hasta su jubilación.

   Ha estudiado la figura humana y literaria de su abuelo, fruto de lo cual ha sido la publicación de dos libros sobre el poeta: José María Gabriel y Galán, su vida, su obra, su tiempo (2004) y José María Gabriel y Galán. Obras completas (2005), ambos publicados por la Editora Regional de Extremadura.

   Ahora, la Editora Regional de Extremadura publica el más completo epistolario de Gabriel y Galán recogido de los dos epistolarios publicados antes, el de Casto Blanco Cabeza (Cartas y poesías inéditas de Gabriel y Galán, 1919) y el de Cividanes (Epistolario de Gabriel y Galán seleccionado por Mariano de Santiago Cividanes, 1918). “El resto –afirma el editor- las he tomado del archivo familiar (raramente de otros archivos) o de periódicos y revistas; ninguna carta del poeta he conseguido directamente de descendientes de sus corresponsales. La tarea, como puede suponerse, ha sido ardua teniendo en cuenta la dificultad que supone el rastreo de un material disperso, olvidado o perdido. De todas formas, esta colección, con más de 300 cartas (219 del poeta) es el la más completa publicada hasta la fecha” [Preámbulo, p. 16]. Reproducimos una de las cartas enviadas al poeta por Miguel de Unamuno (que tal vez nunca llegó a leer).

 

EL RECTOR DE LA

UNIVERSIDAD DE SALAMANCA

 Particular

                                                                                              3-I-1905

 Sr. D. José Mª Gabriel y Galán

    Mi querido amigo: Su carta ha venido a avergonzarme. Y digo esto porque antes de haberla recibido debí yo haberle escrito mi pesar por la muerte de su padre (q.d.D.g.) a quien conocí algo y me era sumamente simpático. En esta mi poco perdonable negligencia ha entrado en parte la balumba de quehaceres y preocupaciones que sobre mí pesan, una cierta lentitud que con los años se me va acentuando y también cierto respeto a los dolores profundos y recientes. Pero no quiero dejarle de decirle cuánto he sentido su desgracia, aunque estoy convencido de que en sus arraigadas creencias encontrará usted lenitivo a su dolor.

   Veo sus últimas cosas y me felicito y le felicito por su labor. También yo he echado mi cuarto a espadas en poesía, publicando una en el último número de La Ilustración Española y Americana.

   Al presente no hago más que trabajar en mi Vida de D. Quijote y Sancho, según M. de C. S. explicada y comentada por M. de U., obra cuyas cuartillas irán pronto a la imprenta.

   Celebraré mucho verle por acá y que charlemos.

   Y dándole un año de 1905 más venturoso que para usted ha sido el que finó, y en que los nuevos triunfos que habrá de obtener no vayan amargados por otras desgracias, queda suyo afmo. Amigo y s. s.

                                                                           Miguel de Unamuno

 Nota: Cuando esta carta se escribió estaba el poeta gravemente enfermo y murió tres días después.

domingo, 20 de diciembre de 2020

Poemas y otros nidos

POEMAS Y OTROS NIDOS

Pureza Canelo

Mérida, Editora Regional de Extremadura, 2020, 69 págs.

Dibujos y pinturas de Pureza Canelo, José Mª Muñoz Reig y Luis Canelo

   Nacida en Moraleja (Cáceres) en 1946, Pureza Canelo irrumpe en el panorama poético español con la obtención del Premio Adonais 1970. Ha desarrollado importantes labores en el ámbito de la dirección de proyectos culturales, singularmente como directora de la Fundación Gerardo Diego. Su relevancia lleva a que en 1977 se funde el Aula de Cultura y Biblioteca Pública «Pureza Canelo» de Moraleja. Coordina en 1993 la celebración nacional del Medio Siglo de la Colección Adonais, así como el I Centenario del poeta Gerardo Diego en 1996. Ha sido traducida a varios idiomas e incluida en numerosas antologías de ámbito nacional e internacional. Impulsora de colecciones poéticas desde mediados de los setenta, dedica un tiempo importante a las ediciones en el ámbito de la comunidad científica y universitaria. En 2008 recibe la Medalla de Extremadura como reconocimiento a su obra literaria. En 2009 la Unión de Bibliófilos Extremeños le dedica el Homenaje del Día del Bibliófilo en la ciudad de Almendralejo y con este motivo se publica en torno a su obra el volumen monográfico Esfera Poesía. El 21 de septiembre de 2013 es elegida por unanimidad académica de número de la Real Academia de Extremadura de las Letras y las Artes y el 21 de mayo de 2016 toma posesión de su plaza con la lectura del discurso de ingreso “Oeste en mi poesía”.

   En su extensa obra, incluida en numerosas antologías y reconocida con premios como el Juan Ramón Jiménez, el del Instituto Nacional del Libro Español, el Ciudad de Salamanca, el Francisco de Quevedo, el de la Villa de Madrid o el Ciudad de Torrevieja,  deben señalarse como libros esenciales: Lugar común. Madrid, Riaip, 1971 (Adonais, 279). Celda verde. Madrid, Editora Nacional, 1971 (Colección Poesía, 42). Habitable (Primera poética). Madrid, Rialp, 1979 (Adonais, 364). Tendido verso (Segunda poética). Madrid, Caballo Griego para la Poesía, 1986 (Pentesilea, 7). No escribir. Sevilla, Algaida, 1999 (Algaida Poesía, 4). Dulce nadie. Madrid, Hiperión, 2008 (Poesía Hiperión, 568). Cuatro poéticas. Valencia, Pre-Textos, 2011. A todo lo no amado. Barcelona, Plaza y Janés, 2011. Oeste. Valencia, Pre-Textos, 2013. Retirada (Valencia: Pre-Textos, 2018).

   Ahora, la Editora Regional de Extremadura publica un volumen antológico que “recoge algunas de  mis pinturas de aquel tiempo y una selección de poemas escritos posteriormente que rememoran el latido de aquella adolescencia apasionada. Y todo esto visto desde el hoy. No hay trampa en esta reunión, es lo circular de lo sensible en río de escritura y existencia que, junto a unos cuadritos inocentes, ordeno aquí como nueva obra de entrega creadora” [p. 11]. Reproducimos un poema en prosa incluido en su libro Oeste (2013).

 MADERA

    Crece concéntrica, al compás de la hora del mundo, alguien que sabe que avanza la savia y hace cuerpos perfectos. Azar de la poesía, sima de lo oculto o alcanzar la nube con un dedo ebrio. Crece la madera y tira de la piel del poema; se acompasan, necesitan agua y luz, luego la noche afirma.

   Son mis debilidades los fresnos, el olivo, la encina, el alcornoque descorchado muestra su desnudo y te maravilla en amanecer o atardecida.

   Se oye la madera. En la ciudad no sienten el prodigio de la fibra; yo osí atrapada en el eco, traslación de crecimiento por lugares amados.

   Leña y verso se funden, piden entre ellos dame tinta, temperatura, acción, clave del sonido: mística. Las hojas de nervaduras se balancean en el pulmón de estas líneas.

(De Oeste, 2013)                           

sábado, 19 de diciembre de 2020

Diógenes, el Perro


 DIÓGENES, EL PERRO

 Joaquín Rodríguez Lara

Mérida, Editora Regional de Extremadura, 2020, Col. Escena Extremeña, 157 págs.

Edición bilingüe. Trad. al portugués de Liliana Gonçalvez

Premio de textos teatrales de autor extremeño – FATEX, 2017

    José Joaquín Rodríguez Lara (Barcarrota, 1956), inició su trayectoria como escritor con el poemario La tierra al fondo (1980) y el relato breve El Conchito (1981) con el que el ganó el Premio Felipe Trigo para Narraciones Cortas; ese mismo año obtuvo el Premio Internacional Cuentos Lena, en Asturias, por La casa al borde del camino. Tras muchos años entregado al periodismo, publicará su primera novela, Gayola (2005) así como un libro de prosas, La burra con GPS y otros avíos de comer (2014) en la Editora Regional de Extremadura.

   Como autor teatral se estrenó con Penélope, cautiva de sí en 2017. Diógenes, el Perro, su segunda obra dramática recibió el premio FATEX (Federación de Asociaciones de Teatro de Extremadura) de 2017 para autores extremeños. En ella, Diógenes Laercio, historiador de filosofía clásica del siglo III d. d. C. reconstruye la vida y personalidad de Diógenes de Sinope (h. 412 a. C – 323 a. C.), “también llamado Diógenes el Cínico, Diógenes el Perro y El Perro” y su insólita relación con los poderosos, con los ciudadanos de Atenas y Corinto y con toros filósofos. Los pasajes narrativos en la voz de Diógenes Laercio, un creíble y excelente narrador, se alternan con escenificaciones protagonizadas por Diógenes el Cínico (ambos papeles representados por un mismo actor con leve cambio de caracterizaciones en escena) en un desarrollo dramático que subraya la pertinencia actual de sus mensajes morales.

   Reproducimos un fragmento que escenifica el encuentro de Diógenes con Aristipo de Cirene, “filósofo discípulo de Sócrates, que cobra por filosofar en los banquetes y vive regaladamente, gordo y bien vestido, a base de adular a los ricos y poderosos. Aristipo, sorprendido al ver al Perro, se para ante Diógenes de Sinope y le pregunta.

ARISTIPO:

         ¿Qué haces con esas hierbas atravesadas en la boca, Diógenes?

 DIÓGENES DE SINOPE:

         No son hierbas, son berros; berros del arroyo. (Señala hacia el lugar en el que supuestamente está el arroyo). Los acabo de cortar y me los estoy comiendo. ¿No me ves, Aristipo? ¿Es que tus ojos ya sólo ven la comida si te la presentan cocinada en bandejas de plata?

ARISTIPO:

         Claro que te veo. Y me extraña mucho lo que estoy viendo. Veo al viejo Diógenes tirado en el suelo y con la boca tan llena de hierbas que hasta se le salen por la comisura de los labios. ¿Para qué te sirve la filosofía, Diógenes? Si aprendieses el arte del elogio, no tendrías que comer hierbas. Mírate, Diógenes. Más que un filósofo pareces un borrego hambriento.

DIÓGENES DE SINOPE:

         (Mirándole a los ojos). Si tú, Aristipo de Cirene, discípulo de Sócrates, que confundes el bien con el placer y afrentas a tu maestro mendigando favores innecesarios y exigiendo unas dracmas por filosofar en voz alta, si tú aprendieses a comer berros del arroyo, como hago yo, no tendrías que balar ante los ricos y poderosos. Mírate, Aristipo, ¿para qué te sirve la filosofía? Eres un borrego, un borrego cebado en vez de un filósofo. [pp. 35-36].

miércoles, 16 de diciembre de 2020

El Espejo


 EL ESPEJO

 Pilar Galán Rodríguez y Víctor M. Rodríguez Andrada [dirs]

Badajoz, Asociación de Escritores Extremeños, 2020, 112 págs.

    Acaba de ver la luz la duodécima entrega de la revista El espejo, de la Asociación de Escritores Extremeños, dedicado a la narrativa joven y al microrrelato. Tras unas “Palabras preliminares” de la actual presidenta de la Asociación, Susana Martín Gijón, siguen colaboraciones de Luz Sánchez Mellado (“Noches de chicas en Bol Nou”) como firma invitada, y Pilar Galán (“El lanzador de cuchillos”), Antonio Rivero Machina (“Composición nº 15”), Julia Lama (“Escritura terapéutica”), Sandra Benito Fernández (“La beatitud”), María Fernanda Sánchez (“El salón de té”), Hilario Martínez (“Mejía”), Ana Rodríguez Garrido (“Revólver de tinta” y Elena González (“Cara al chico de las canciones”).

   Rosa María Lencero recuerda a Manuel Pacheco en el centenario de su nacimiento (“Manuel Pacheco en su centenario”) y Antonio María Flórez se acerca la figura de Pedro Cieza de León (“Pedro Cieza de León. El Príncipe de los cronistas de Indias”). La entrevista es a Juan Ramón Santos, anterior presidente de la AEEX.

   A continuación se incluyen microrrelatos de José Antonio Llera, Mario Peloche, Emilia Oliva, José Juan Martínez Bueso, Montaña Campón, Xavier Rossel, Daniel Casado, Julio Alejandre, Adolfo Gómez Tomé, Josefa Montero López, Ángela Sayago Martínez, Mª José Fernández Sánchez, Andrésa Gutiérrez Morillo, Pepa Gómez y Bustamante, Efi Cubero, Víctor Valadés Paredes, Antonio María Flórez, Pilar Alcántar, Pilar López Ávila, Susana Martín Gijón, Vicente Rodríguez Lázaro, Chelo Sierra, Cora Ibáñez y Dionisio López.

   La entrega se cierra con notas de lectura sobre libros de Carmen Salas del Río, Faustino Lobato, José Cercas Domínguez, Julio Alejandre, Mariluz Carrillo, Rosa López Casero, Agustín Muñoz Sanz, Marino González Montero, Pepa Gómez Bustamante, Luis Sáez Delgado, David Casado Rabanal, Susana Martín Gijón,  Juan Carlos Rodríguez Búrdalo, Luciano Feria, José Antonio Zambrano, Pilar López Ávila, Paula Merlán, Concha Pasamar y Soledad García Garrido.

domingo, 29 de noviembre de 2020

Antígona / Hipólito

ANTÍGONA. SIGLO XXI

HIPÓLITO

 Isidro Timón / Emilio del Valle

Mérida, Editora Regional de Extremadura, Col. Escena Extremeña, 2020, 205 págs.

    Graduado en Dirección de Escena y Dramaturgia, Isidro Timón (Cáceres, 1961) ha dirigido instituciones como el Gran Teatro de Cáceres, festivales como el Teatro Cásico de Cáceres y diferentes proyectos de artes escénicas. Como dramaturgo, es autor de más de treinta textos teatrales desde Las extrañas vacaciones de Pal y Rolen (1985) hasta Neandertart (2002) y La maleta (2007).

   Emilio del Valle (Madrid, 1961) es licenciado en Dramaturgia por  la RESAD y Director artístico de Inconstantes Teatro. Ha montado textos de autores contemporáneos y dirigido textos propios como Cuando todo termine (2002) o Requiem (2016). Ha colaborado, asimismo, en proyectos colectivos, adaptaciones  libres y versiones de textos clásicos (de Rojas Zorrilla, Calderón de la Barca, Sófocles o Eurípides).

   Emilio del Valle e Isidro Timón estrenaron los textos que ahora ven la luz en el Festival Internacional del teatro Clásico de Mérida, Antígona. Siglo XXI en 2011, e Hipólito en 2018, protagonizadas ambas por caracteres femeninos muy marcados: Antígona, la heroína íntegra y firme que pone por encima de las leyes de los hombres sus deberes religiosos y familiares, y Fedra, la heroína cruel y despiadada (o un juguete en manos de Artemisa que la empuja a una pasión adúltera). Las dos, en fin, ejemplifican la concepción de la tragedia como un conflicto irresoluble a la vez que esa idea recurrente, que pasa de unas obras a otras, de que nadie debería considerarse feliz hasta un instante antes de su muerte pues en cualquier momento el cielo puede caer sobre todos.

   Reproducimos un fragmento en el que Antígona es sorprendida por los soldados arrojando polvo sobre el pecho de su hermano Polinices infringiendo la prohibición de Creonte (que ha amenazado con la pena de muerte a quien entierre su cuerpo).

 

CREONTE:

         ¿De dónde la traes?

GUARDIÁN:

         Estaba enterrando al muerto. (Empuja a Antígona al centro del espacio).

HEMÓN:

         ¡Trátala con respeto!

GUARDIÁN:

         ¡Estaba enterrando al muerto! No me pegues,  príncipe…

CREONTE:

         ¡Separadlos! (El coro les separa).

HEMÓN:

         No la vuelvas a tocar o te mato.

CREONTE:

         Cállate, Hemón. Tú no vas a matar a nadie. (Al guardián). Y tú, charlatán, mentiroso, embaucador, contesta con brevedad a mis preguntas, no disertes más allá de lo que te pida. ¿Te das cuenta del alcance de lo que afirmas?

GUARDIÁN:

         Sí.

CREONTE:

         ¿Estás seguro?

GUARDIÁN:

         La vi en el momento en que enterraba el cadáver.

HEMÓN:

         ¿La viste? ¿Cómo la viste? ¿Cómo cayó en tus manos?

CREONTE:

         Contesta.

GUARDIÁN:

         Cuando llegué sobrecogido por aquellas terribles amenazas que me dirigiste, limpié todo el polvo que cubría al muerto y lo puse bien al descubierto. El cadáver se estaba descomponiendo, nos sentamos en lo alto del muro al abrigo del viento, para evitar la peste. Cuando el sol se situó en medio del firmamento y despedía un calor insoportable, un remolino levantó del suelo una polvareda anunciando tormenta. Toda la llanura se llenó de ese polvo insidioso que se pega al sudor. Al cabo de un buen rato, el polvo se disipó y apareció esta…

HEMÓN:

         ¡Antígona, llámala por su nombre, estúpido!

CREONTE:

         ¡Termina tu relato!

GUARDIÁN:

         Aparece Antígona, gritando como un ave entristecida cuando ve el nido vacío, sin los polluelos. Exactamente así. (Silencio) Al ver limpio el cadáver, maldice contra los responsables de tal acción. Con las manos, colas uñas, arranca el polvo seco de la tierra dura, y lo echa sobre el pecho del muerto, sobre la cara, los brazos, las piernas, y, a falta de agua, le cumple el rito con su llanto. Nosotros, al verlo, nos abalanzamos y, entre todos, la apresamos. Ni ofreció resistencia ni parecía que le importara lo más mínimo. La acusamos de los dos enterramientos, también del anterior, como suele hacerse a falta de culpables, y ella no dejó los hechos. [pp. 60-62].

sábado, 28 de noviembre de 2020

Juan Ramón Santos sobre Fronteras


 

   Autor de una notable trayectoria poética y narrativa, Juan Ramón Santos (Plasencia, 1975) ha publicado en Plan VE una reseña de Fronteras, lúcida y amable, que, con su permiso, reproducimos.

ME ACUERDO

   El tiempo corre que se las pela, y con cada nuevo iPhone, y con el crecer imparable de los dígitos que acompañan a la G (3G, 4G, 5G) para nombrar las redes que nos catapultan, invisibles, al futuro, van quedando cada vez más atrás, cada vez más enterrados, modos de vida que durante siglos fueron nuestros, en los que nuestros abuelos nacieron, crecieron y prácticamente murieron, en los que muchos de nosotros llegamos, al menos en parte, a criarnos, modos de vida pegados a la tierra y a los cultivos, atentos al ciclo de las estaciones, temerosos de los azares de la meteorología, modos de vida duros, sí, muchas veces arrastrados, pero con los que la gente también lograba a ratos ―seguramente con no menos frecuencia que hoy― ser felices, y que acaban siendo por ello, aunque sólo sea por ello, dignos de nostalgia.

   Cuento esto porque nostalgia es lo que rezuman muchos de textos que componen Fronteras, el volumen que el crítico y escritor extremeño Simón Viola publicó hace algunas semanas en la colección de narrativa de la Diputación Provincial de Badajoz, nostalgia, pero también al deseo urgente de apuntalar la memoria con palabras justas, sobrias, sin afectación, como éstas del relato “Al oeste del Edén”, en el que con la enumeración de especies animales y silvestres, lejos de pretender construir (mucho menos reconstruir) quiméricas arcadias, parece querer recopilar —al modo, por ejemplo, de Bernardo Atxaga—términos que nombran una naturaleza de la que cada vez estamos más despegados y que por momentos parecen condenados a extinguirse: “la mancha, que rodeaba por todas partes la tierra de siembra, era una vieja maraña de encinas y carrascas, jaras y brezos, madroñeras y torvicos, charnecas y acebuches, transitada por estrechas veredas abiertas por jabalíes, ciervos y corzos. Él solía bajar por un camino paralelo al regato que daba, al fin, a un rincón sombrío de viejos alcornoques centenarios en donde el arroyo se remansaba entre fresnos, atarfes y zarzamoras. En sus orillas, siempre verdes, crecían la salvia, el poleo y la mejorana, y más al fondo había un depósito de agua, cubierto por completo por la vegetación, del que salía una tubería hacia un cortijo que se levantaba a lo lejos en el valle.”

   Estas enumeraciones, frecuentes en el libro, no sólo recogen palabras más o menos pegadas a la tierra, sino también, como sucede en el texto titulado —precisa y atinadamente— “Enumeraciones” (referido al año 1965), noticias, acontecimientos, tebeos, canciones, programas o anuncios de la radio, en un procedimiento que recuerda al del célebre Je me souviens de Georges Pérec y con el que el autor pretende, quizá, levantar del papel, con su simple enunciado, confiando, con la fe de un estudioso del Talmud, en el poder generador de la palabra, los contornos de un temps perdu, el de su infancia y su juventud en un territorio de frontera.

   Porque en su libro, Simón Viola recupera un tiempo, pero también un espacio, el de esa incierta tierra de nadie que es la Raia, un territorio que, por supuesto, existe, y persiste, pero cuyas señas de identidad acaso se estén perdiendo, un territorio con una identidad propia, que se extiende a ambos lados de la frontera y parece estar cerca y, al mismo tiempo, tremendamente lejos de los dos países, cuyos topónimos —La Codosera, el Marco, La Rabaça, La Lamparona, La Centena, La Varse— juegan al despiste lingüístico y con un idioma propio hecho con retazos de español y portugués que el autor recoge a menudo en su libro, como recoge también, con afán casi etnográfico, consejas, chascarrillos o “contos arraianos” que lo tiñen de magia y también, a ratos, de brujería, al evocar las prácticas de veedoras y curanderas.

   Un libro, pues, para viajar en el tiempo y en el espacio, cargado a menudo de humor —tanto de humor popular, el de los frecuentes chistes rayanos que el autor recoge, como literario, en pasajes como el del traslado, en el remolque de un tractor, de una piara de cerdos transformada en coro de ópera, en los que se sirve de una rica prosa para trasladar al lector la anécdota con toda su viveza—, un libro, en definitiva, que emociona, aunque sólo sea al comprobar cómo esa misma literatura que, como uno intuye en sus historias, sacó al autor de la humildad agrícola de la Raya portuguesa, le devuelve ahora, en estas esforzadas páginas, los destellos y contornos de aquel pasado huidizo.

 


viernes, 27 de noviembre de 2020

Actos de fe / Acciones concretas



 ACTOS DE FE / ACCIONES CONCRETAS

(JULIÁN RODRÍGUEZ. TIPÓGRAFO)

MUSEO EXTREMEÑO DE ARTE CONTEMPORÁNEO

BADAJOZ

18 noviembre

12 de enero

    ACTOS DE FE / ACCIONES CONCRETAS se puede visitar en el Museo Extremeño de Arte Contemporáneo de Badajoz desde el 18 de noviembre hasta el 12 de enero por iniciativa de la Consejería de Cultura, Turismo y Deportes de la Junta de Extremadura. Del comisariado y el cuidado tipográfico se ha ocupado Juan Luis López Espada. En su origen está la Editora Regional de Extremadura. Los textos pertenecen a Javier Rodríguez Marcos y Luis Sáez Delgado.

    Julián Rodríguez nació en Ceclavín (Cáceres) el 22 de agosto de 1968. Fue escritor, editor, galerista y diseñador gráfico. Fundó y dirigió las revistas Sub Rosa y La ronda de noche. También fue director artístico de la galería de arte Casa sin Fin —con sedes en Cáceres y Madrid— y director literario de la editorial Periférica, galardonada en 2008 con el Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural dentro del grupo de sellos independientes Contexto y con el Premio al Fomento de la Lectura en Extremadura en 2019.

    Fue autor del libro de poemas Nevada (Renacimiento), de la colección de cuentos Mujeres, manzanas (Editora Regional de Extremadura) y de las novelas Tiempo de invierno (Alba), Lo improbable, La sombra y la penumbra y Ninguna necesidad. Estas tres últimas quedaron reunidas en 2015 en el volumen Novelas (2001-2015) (Debolsillo).

   Es autor, asimismo, del ciclo autobiográfico formado por Unas vacaciones baratas en la miseria de los demás (Caballo de Troya) y Cultivos (Literatura Random House). Sus últimos libros fueron los relatos Santos que yo te pinte y Tríptico (ambos en Errata Naturae). Profesor invitado en el Máster de Edición de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, a lo largo de su vida fue galardonado con el Premio Cáceres de Novela Corta, el Premio Nuevo Talento Fnac y el Premio Ojo Crítico de Narrativa.

   Como diseñador desarrolló proyectos para la Editora Regional de Extremadura, restaurante Atrio, la Fundación Ortega Muñoz y la Fundación Helga de Alvear además de encargarse de la imagen de Periférica y Casa sin Fin. Murió en Colladillo (Segovia) el 28 de junio de 2019 mientras leía las galeradas de un libro de Periférica en el jardín de su casa de campo. Tenía 50 años […]

    Esa biografía material es la que recorre ACTOS DE FE / ACCIONES CONCRETAS, y sigue la pauta de su colaboraci6n con la Editora Regional de Extremadura, un momento prolongado donde consolida buena parte de su experiencia y corre paralelo a la creación de Periférica, su editorial, la galería Casa sin fin y a muchas aventuras más El reconocimiento de Julián Rodríguez es también el de la cultura en Extremadura y, sus obras, balizas que acompañan el desarrollo de la cultura en España durante cuatro décadas, desde los años ochenta a la segunda década del siglo XXI.