lunes, 13 de febrero de 2023

De Madrid a Lisboa

DE MADRID A LISBOA

(Impresiones de un viaje)

Nicolás Díaz y Pérez

Mérida, Editora Regional de Extremadura, col Rescate, 2023, 389 págs.

Edición, introducción y notas de César Rina y Àlex Tarradellas.

   César Rina Simón (Cáceres, 1986), doctor en Historia, es actualmente profesor en las universidades de Extremadura y Nova de Lisboa. Se ha especializado en los procesos de nacionalización en la Península Ibérica, la frontera hispano-portuguesa y los mecanismos culturales de legitimación del poder en las sociedades modernas. Es autor de varias monografías, entre las que destacan: Los imaginarios franquistas y la religiosidad popular (Premio Arturo Barea, 2015); lberismos (Premio Enrique Fuentes Quintana, 2016) o Imaginar Iberia (2020). Ha traducido al castellano obras de Antero de Quental y Oliveira Martins.

   Licenciado en Humanidades, Álex Tarradellas (Barcelona, 1982) ha dedicado buena parte de su trayectoria intelectual a la traducción: junto con Rita Custódio, ha vertido al portugués autores catalanes como Josep Pla, Mercé Rodoreda o Joan Margarit, y otros como Cristina Rivera Garza o Valeria Luiselli. Ha traducido al castellano al angolano José Luandino Vieira y la mozambiqueña Paulina Chiziane. Forma parte de diferentes consejos editoriales y de revistas culturales y literarias; junto a Rita Custódio es autor también de varias guías de viaje sobre Portugal en general y Lisboa en particular.

   Ahora, la Editora Regional de Extremadura publica De Madrid a Lisboa de Nicolás Díaz y Pérez (Badajoz, 1841 – Madrid, 1902), cuya vida y trayectoria profesional trazan en un estudio riguroso César Rina y Álex Tarradellas. Inquieto y emprendedor, Díaz y Pérez se embarcó en innumerables empresas culturales como la fundación de periódicos republicanos, el liderazgo de logias masónicas, la conspiración antiborbónica y el cultivo de varios géneros literarios (poemas, novelas) y libros de historia, muchos de los cuales tuvieron como tema Extremadura: “Historia de Talavera la Real (1875); De Madrid a Lisboa (1877); Baños de Baños (1880); Catálogo de los objetos, libros y documentos de la provincia de Badajoz (1883); Influencia de Extremadura en la literatura española (1883); López de Ayala y Moreno Nieto (1883); Diccionario Histórico-Biográfico de extremeños ilustres (1884) —su obra más ambiciosa, tanto en extensión como en calado, iba a ser prologada por José Moreno Nieto pero falleció y se le encargó la apertura a Francisco Cañamaque—; Extremadura, sus monumentos y artes, su naturaleza e historia (1887); El Plutarco extremeño (1890) —obra destinada a las escuelas extremeñas, un resumen y selección del Diccionario Histórico-Biográfico con un perfil regionalista—; Reseña histórica de las fiestas celebradas en Badajoz (1899), entre otras, así como un sinfín de artículos en prensa” [Introducción, p. 17]. Reproducimos un fragmento del capítulo XXV (“De Mérida a Badajoz”)

 

   “Atónitos, con la boca abierta, dibujando Scott en su álbum, apuntando yo en mi libro de viajes, contemplamos, cerca de los colosales acueductos, que sobreviven a una posteridad de veinte siglos, el soberbio arco triunfal de sillería cortada, erigido por los emeritenses en honor a Trajano, benemérito español revestido de la púrpura imperial, que realizó su entrada en Mérida, al regreso de la brillante campaña de la Dacia, territorio sometido a Roma por sus invictas legiones.

   Al lado de aquel famoso arco triunfal, el hombre parece pequeño, porque aún se duda si aquel monumento es obra suya. Yo miraba aquella mole y le decía a Scott:

            —Buena portada de casa.

   Y el inglés me respondió secamente:

            —Para cuando los católicos edifiquen otra vez el cielo.

   Recorrimos unas cuantas calles, y vimos la hermosa columnata del templo de Diana, bajo cuyas bóvedas el pueblo pagano aplacaba con humanos sacrificios las iras de la Diosa, siempre venerada, como la que más, entre la multitud de Diosas que componían la animada teogonía de los romanos.

  Corrimos al extremo Norte para contemplar los ya casi perdidos fragmentos de argamasa y hormigón, donde se asentaba otra mansión religiosa consagrada a Júpiter; y en el Sudoeste se eleva a los aires las moles gigantescas del gran Circo, anfiteatro destinado a los espectáculos, en cuya arena los gladiadores luchaban, espada en mano, hasta perder la vida o arrancarla de sus adversarios. ¡En aquel círculo rodeado de escalinatas y arquería, cuántas víctimas sacrificadas a la barbarie! Los verdugos destrozaban el cuerpo de los malhechores y de los neófitos cristianos; las fieras, los feroces  leones de Numidia, los bravos leones del desierto, ensagrentaron en más de una ocasión sus garras, clavadas en las entrañas de un ser humano”. [pp. 243-244].

 

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