jueves, 29 de abril de 2021

El sueño es un espejo


EL SUEÑO ES UN ESPEJO

POEMAS ESCOGIDOS (1991-2017)

Rosa Lencero

Mérida, Editora Regional de Extremadura, Col. El pirata, nº 10, 2020, 62 págs.

    Definida como “Poesía extremeña ilustrada para jóvenes lectores”, El pirata es una colección de pequeñas antologías de autores regionales elaboradas en colaboración con el Grupo de investigación de literatura infantil y juvenil de la Universidad de Extremadura, destinadas a un público escolar. Ilustrada por Amanda León, licenciada en Bellas Ares por la Universidad de Salamanca, la selección recoge composiciones de Como amantes de Etruria (1991), El galo moribundo (2001), Mar de yerba (2002), además de un último bloque de poemas sueltos. Como en otros títulos de la colección, la antología se cierra con un apartado titulado “Sobre la autora y su obra”, en el que se considera: “Su estilo poético es intimista y busca la palabra precisa y cercana para escribir sobre la vida cotidiana de lo que nos rodea. Ha escrito en diversos géneros literarios. Por ejemplo, en narrativa La paz del lobo, sobre la posguerra extremeña; Encantadas de la vida, libro de relatos sobre la diversidad de visiones de las mujeres de hoy (algunos relatos traducidos al rumano). Típiritípiri, el duende sastre o Murci aprende inglés son cuentos para niños. Ha estrenado algunas obras de teatro como Nosotras mujeres y Amargas. En poesía destacan obras como Lo que fue una sombra, El galo moribundo, Como amantes de Etruria (traducido al italiano), El libro de los desposorios o Mar de yerba, entre otros. Dentro de su actividad están también varios recitales de poesía grecolatina en el Museo Nacional de Arte Romano de Mérida y el Artium, Centro-Museo Vasco de Arte Contemporáneo de Vitoria-Gasteiz”. [p. 61]. Reproducimos una de las composiciones.

 

NORBA CAESARINA (2017)

 Mi nombre es Herenia Severa.

Mis pasos retumbaron por estas losas

donde el oro del tiempo es polvo

que se esparce en luz perpetua.

Norba Caesarina, flor aromada

de recuerdos dulces como uvas maduras.


Cada piedra de la ciudad muestra la ebriedad

de los siglos como si fueran un día,

poderosos y de perfiles donde la Historia

batalla con titánicos resurgimientos.


Herenia fui por estos foros y murallas,

atravesé pórticos y gasté monedas

mientras el imperio se extendía por Hispania.

Ahora soy un nombre inscrito, apenas visible,

lacerada con lluvia y escarcha de muertos.


Si me buscas, hallarás en la orilla del tiempo

el rostro de Cáceres, la joven ciudad que habitas.

Hermosa muchacha cautiva de secretos

con una copa de luz en la mano: la eternidad.

miércoles, 28 de abril de 2021

El sol nuestro de cada día

EL SOL NUESTRO DE CADA DÍA

ANTOLOGÍA

Manuel Pacheco

Mérida, Editora Regional de Extremadura, Col. El pirata, nº 9, 2020, 72 págs.

    Definida como “Poesía extremeña ilustrada para jóvenes lectores”, El pirata es una colección de pequeñas antologías de autores regionales elaboradas en colaboración con el Grupo de investigación de literatura infantil y juvenil de la Universidad de Extremadura, destinadas a un público escolar. Ilustrada por Amanda León, licenciada en Bellas Ares por la Universidad de Salamanca, la selección recoge composiciones de Ausencia de mis manos (1949), El arcángel sonámbulo (1973), Nunca se ha vivido como se muere ahora. Antología (1977), Poesía en la tierra. Antología, 1949-1972 (1975), Presencia mía (1955), En la tierra del cáncer (1953), Todavía está todo todavía (1960), Poemas en forma de… (1962) y Poesía en la tierra. Antología (1970).

   “El sol nuestro de cada día, título de esta antología del poeta Manuel Pacheco (Olivenza 1920-Badajoz, 1998) es uno de sus versos 'más significativos y tiene mucho de apuesta, más allá de cualquier condición, por la luminosidad de la vida, por la aventura del ser humano y por la exigencia de una justicia que permita vivir en el más amplio sentido de la palabra. Así es la poesía de Manuel Pacheco, uno de los nombres imprescindibles de la literatura extremeña de la segunda mitad del siglo XX y acaso uno de los más rebeldes y reivindicativos de la literatura española de su tiempo. Marcado por una vida que inicia con singular dureza, sus versos están cerca del surrealismo, de la poesía social y de la celebración de la amistad versos que se extienden durante varias décadas y diferentes libros publicados dentro y fuera de Extremadura, hasta alcanzar una presencia destacada en España e Iberoamérica y en la memoria de todos quienes le conocieron en Badajoz, ciudad en la que residió la mayor parte de su vida” [Texto de solapa]. Reproducimos un poema de Poesía en la tierra. Antología (1970)

  

Qué propio está el paisaje con el árbol,

el sol, el agua y la casita.

Qué propio el bodegón con la perdiz,

qué propia la vasija.

Qué propio está el juez cuando condena,

qué propio está el poeta cuando rima,

qué propio está el tirano con el pueblo,

qué propio el hombre sembrador de hijos

y la mujer que al mundo multiplica.

Qué propio está el cadáver en el nicho,

la imagen en el templo

y el púlpito en la iglesia.

Qué propio está el soldado en el desfile,

el discurso en la boca del político

y la guerra en las manos del progreso.

Qué propio está el obrero en el tornillo,

la silla en la visita, la mano en el saludo,

la boca en el halago

y qué propia en el suelo la rodilla.

Qué fríamente propio está lo propio

ahogando el aire impropio de la vida.

 

martes, 27 de abril de 2021

Trío irlandés

 

TRÍO IRLANDÉS

 Juan Fernández Sánchez

Mérida, Editora Regional de Extremadura, Col. Geografías, 2020, 187 págs.

 Juan Fernández Sánchez (Zarza Capilla, Badajoz, 1958) es profesor de enseñanza secundaria. Como escritor ha sido galardonado con varios premios de relatos. Es autor de La sonrisa de Buster Keaton (un libro de cuentos publicado por la Editora Regional en 2007)) y de las novelas El canadiense (premio Carolina Coronado, ciudad de Almendralejo de 2008), y Entonces, antes, luego (Editora Regional, 2015). Con La silla vacía logró el XX premio Tiflos de Novela en 2018.

   Ahora la Editora Regional de Extremadura publica Trío irlandés construida sobre una idea sencilla, similar a la de una las muchas obras citadas en el texto, Tres hombres en un bote (1889) del novelista inglés Jerome K. Jerome. También aquí nos encontramos con un viaje, no por el Támesis, sino por Irlanda, con Dublín en el arranque y el cierre del trayecto. Tres profesores universitarios deciden viajar a Irlanda y trazar un recorrido circular (o semicircular) por varias ciudades y lugares de interés de la isla asociados a escritores irlandeses: Joyce y Keats, de Dublín, o Franz McCourt, de Limerick (el autor de Las cenizas de Ángela y El profesor), pero también por las carreteras sinuosas, los paisajes verdes bajo la lluvia, los acantilados, el Oratorio de Gallarus (una iglesia paleocristiana) y la torre Martelo (en cuya plataforma arranca el Ulises) y en cada aldea, los pubs con todas la variedades de cerveza irlandesa en torno a las cuales estos tres amigos, profesores universitarios, entablan conversaciones interminables sobre literatura, historia y filosofía. Narrada en primera persona por uno de ellos, el escritor extremeño Fernández (tres coincidencias entre narrador y autor), marcado por un ruptura amorosa y por las malas críticas a su reciente novela, vamos conociendo las personalidades, muy contrastadas, del filósofo castellano célibe, entusiasta de Wittgenstein, del vasco arrepentido tras cada infidelidad a su esposa, o la del narrador conturbado aún por emociones desoladas. El tono humorístico con el que se narran las pocas peripecias del viaje se carga con citas, constantes referencias culturales e intertextuales (procedimiento que recuerda al utilizado por Joyce en el Ulises), comentarios irónicos o sarcásticos sobre sus respectivas situaciones vitales, diálogos ebrios pero ingeniosos y muchas carcajadas “de muchas clases, tenebrosas como un caravaggio, festivas como un mozart, melancólicas como un palladio, armónicas como un donatello”. Pero todo ello (el viaje, la diversión, el humor, la amistad…) no consigue eludir para el narrador, como confirma el desenlace de la novela, el dolor de la ruptura, el rostro bronco del desamor y el presagio de una soledad futura.

    “Suena mi móvil, es ella, Inma, me pongo en lo peor, que cuándo voy a hacerle el ingreso, hablamos de cinco mil euros, la mitad del premio obtenido con Un verano en Alaska, el fallo se produjo antes de la firma de la separación, bienes gananciales, rebate ella, dispuesta a no hacer una mínima concesión, ningún gesto conciliador, es la guerra, me he asesorado, claro, y llevo todas las de perder, hay una justicia poética y otra prosaica. Te los envío a la vuelta, estoy fuera de España, me defiendo. Más te vale, maco. Y me cuelga. Qué lejos, me digo, de la joven hospitalaria que conocí, una excursión a Montserrat, de cuando mis años barceloneses, el azar conspirando a nuestro favor, los dos solos en lo alto de la montaña, el valle a nuestros pies, el diálogo atropellado de quienes lo tienen todo por decir, infinitas las casillas del crucigrama por rellenar, nulos los automatismos, cada palabra un hallazgo, un avance en el territorio inexplorado, los tímidos avances, la forma discreta en que ambos nos acomodamos en la hilera de sacos para dormir al raso la primera noche, cuerpos trémulos que se acurrucan para combatir el relente serrano, las primeras citas, el afán por desvelarnos mutuamente, por ir descubriendo y nombrando cada rincón de nuestras figuras inconclusas”. [pp. 15-16].


lunes, 26 de abril de 2021

Al mediar el día

AL MEDIAR EL DÍA

ANTOLOGÍA

 José María Gabriel y Galán

Mérida, Editora Regional de Extremadura, Col. El pirata, nº 7, 2020, 65 págs.

Ilustraciones de María Polán

    Definida como “Poesía extremeña ilustrada para jóvenes lectores”, El pirata es una colección de pequeñas antologías de autores regionales elaboradas en colaboración con el Grupo de investigación de literatura infantil y juvenil de la Universidad de Extremadura, destinadas a un público escolar. Ilustrada por María Polán (Cáceres, 1979), la selección recoge poemas de Castellanas (1902), Extremeñas (1902), Campesinas (1904), Religiosas (1905) y Miscelánea, para cerrarse con un sucinto estudio titulado “Sobre el autor y su obra”.

   “Para la tradición y durante mucho tiempo el nombre de Gabriel y Galán (Frades de la Sierra,1870 - Guijo de Granadilla/ 1905) se identificaba con la literatura extremeña más popular: su uso creativo de diferentes variedades de la lengua/ la facilidad de la versificación y la elección de temas que apelaban a la sentimentalidad de la memoria facilitaban esa condición de escritor por antonomasia, hasta el punto de que no ha sido infrecuente encontrar lectores que podrían recitar de memoria algunos de sus poemas más representativos.

   Hoy día Gabriel y Galán sigue vivo a partir de su relevancia como escritor del regionalismo, un movimiento que alcanza a toda la literatura española y que tiene conexiones con las tendencias estéticas e intelectuales de finales del siglo XIX y principios del XX, y como un autor en contacto con la naturaleza y sensible a las injusticias sociales. Estos rasgos son los que se quieren reflejar en la selección de versos que la antología Al mediar el día propone como iniciación a su lectura”. [Texto de solapa]. Reproducimos el arranque de una de las composiciones perteneciente a Extremeñas.

  

LOS POSTRES DE LA MERIENDA.

    El sol quemaba, y al mediar el día

interrumpió Francisco la faena:

una faena trabajosa y ruda,

menos propia de hombres que de bestias.

   Y laxos ya los músculos de acero,

medio asfixiado, con las fauces secas,

limpiándose los ojos escaldados

y mascando el polvillo de la tierra,

a la sombra candente de un olivo

se dispuso a comerse su merienda:

un pedazo de pan como caliza

y un trago de agua... si la hubiese cerca.

    -¡Y entavía a gruñí el amo! -meditaba-.

Pues no sé yo que más jacel se puea

que trabajal jasta que el cuerpo dici

que aunque quiera no pue jacer más juerza.

¡Y gruñí! Y pa ganal los cuatru realis

es menestel queal jecho una breva,

y estrozalsi la ropa, y no traelsi

ni un cacho tajaína pa merienda

pa que el cuerpo no diga que no puedi

y se abarranqui con la carga a cuestas.  […]

 

viernes, 23 de abril de 2021

La puerta de la traición


 LA PUERTA DE LA TRAICIÓN

Salvador Vaquero Montesino

Mérida, De la Luna Libros, Col. Lunas de Oriente, 2021, 125 págs.

   Salvador Vaquero Montesino (Plasencia, 1966), es Licenciado en Derecho por la Universidad de Extremadura y Diplomado en Gestión Inmobiliaria por el Instituto Europeo de Formación Empresarial Superior. Ha trabajado como redactor del diario Extremadura, corresponsal de ABC, abogado y director de Tiempo Libre. Tiene más de una veintena de premios literarios, entre los que destacan el Premio XXXVII Cáceres de Novela Corta, el Primer Premio del V Certamen Literario Hispano-Luso de Novela Corta "José Antonio de Saravia 2004" de Villanueva del Fresno, el primer premio de Novela Corta del XII Certamen Literario "La Cárcel", del Ayuntamiento de Totana (Murcia), y el segundo premio de Novela Corta "Ciudad de Mérida". Entre sus publicaciones se encuentran las novelas: Aprendiz de hombre (Dirección General de Promoción Cultural de la Junta de Extremadura, 2003), La fuerza de las espigas (G. Hache, 2005), El hombre olvidado (Diputación de Cáceres, 2013), Hombres sin fronteras, (Editora Regional de Extremadura, 2014), El Corregidor, (Norbanova, 2018) y La tierra donde acaban las mentiras, (G. Hache, 2019), y un libro de relatos cortos: La leyenda de la guadaña oxidada (Quazris, 2006).

   Ahora, la editorial emeritense De la Luna Libros publica en su colección Lunas de Oriente La puerta de la traición (una de las puertas de la Alcazaba de Badajoz denominada originariamente Puerta de  la Coraxa), cuya trama argumental se sitúa en la capital pacense y las ciudades portuguesas de Juromenha, Olivenza y Elvas durante los meses de enero y abril de 1652. Nos encontramos ante una novela histórica de aventuras que desarrolla de modo alterno dos líneas argumentales: la misteriosa aparición en los mercados de la ciudad de monedas falsas que han eliminado del anverso el escudo luso y un plan de ataque de los portugueses a la ciudad propiciado por la traición de dos sargentos (uno galleo y otro flamenco) de la guarnición pacense. Con un notable protagonismo femenino, los personajes, en un entorno fronterizo siempre amenazado por la incursión de tropas enemigas, se relacionan impulsados por la venalidad, una violencia extrema y constante y la traición que ha pasado al título. Reproducimos un fragmento descriptivo sobre el ambiente coral de la plaza del mercado de la ciudad.


    “La plaza del mercado era el corazón de la ciudad. Extramuros de la Alcazaba, se hallaba junto a la Puerta del Capitel, separada por un arco de la plaza de San Miguel, junto a la torre de Espantaperros, conocida así por el estridente sonido de su campana. Por allí pasaban desde regidores a mendigos, oficiales a soldados, hombres virtuosos a pícaros, amas de casa a mujeres de mal vivir y alguaciles de la Inquisición a curas y religiosas. Era un lugar donde las nuevas corrían de boca en boca. Catedral para charlatanes y alcahuetas que daban más importancia a que una doncella quedase preñada que a las noticias de la guerra.

   Isabel Ferrero deambulaba ante los cestos de mimbre alineados en el suelo, que ofrecían a los transeúntes toda suerte de productos, desde miel, granos o higos secos a telas teñidas de colores. Y es que pese a que la variedad de mercaderías había disminuido desde el inicio de la guerra y la desaparición del comercio legal con Portugal, la gran afluencia de refugiados procedentes de distintos pueblos y aldeas de la comarca, buscando la protección de la muralla de Badajoz, había provocado un aumento de los comerciantes que buscaban en aquellos viejos y nuevos vecinos a clientes con monedas en sus bolsas u objetos de algún valor para hacer trueque”. P. 31].

domingo, 18 de abril de 2021

Frontera, mi frontera

FRONTERA, MI FRONTERA

 Jaime Covarsí

Mérida, De la Luna Libros, Col. Lunas de Oriente. Relatos, 2021, 170 págs.

    Jaime Covarsi (Barcelona, 1975) es licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla, donde obtiene su doctorado cuyo trabajo, El roman de Flamenca: estudio y traducción de un tratado amoroso occitano, recibe el Premio Extraordinario de Tesis Doctoral (2005). En el año 2018 se doctora en Filosofía, también en la Universidad de Sevilla con la tesis Homo narrator: consideración ontológica de la condición narrativa del hombre en Ricardo Piglia, Es autor de novelas (El bastón de avellano, Confesiones del apócrifo Cervantes y El mal necesario). Destacan también libros de relatos (Mano a mano, Entrecalles), y de cartas literarias (Las cartas de Esquivias).

   Ahora, De la Luna Libros publica en su colección Lunas de Oriente La trama de Frontera, mi frontera que arranca con el regreso, tras décadas de ausencia, del general Antonio Gonçalvez a la estación de ferrocarril de Santa María del Cerro Alto. Será Carlos Premier, lugarteniente del general, albacea, y narrador de los hechos el que espere su llegada con unos caballos, sorprendido por su decisión (“Antonio Gonçalves retornaba para morir. Lo sabía; y si no, ¿a santo de qué iba a mencionar la frontera?”). Porque ese es el territorio en que nos encontramos, un entorno fronterizo indeterminado junto a un río purulento de aguas negras, que arruina la tierra y el carácter de los hombres, condenado a una violencia ciega y cíclica. Todo comenzó cuando el general con sus tropas arrasó la loma próxima a la aldea para construir su vivienda y la de los soldados en medio de asaltos y violaciones generalizadas, un episodio que da paso a la narración de unas vidas captadas en ese momento en que comienzan a convertirse en leyenda, como la de Aurelia Santos, la mujer que amamantó a todos los niños fruto de las violaciones, la de Antonio Leal, el sacerdote que mezcla teología y gramática en sermones que nadie comprende, la terrible muerte de Aurelio Mora a manos del general, que arrastrará su cadáver atado al arzón de su caballo por las calles de la aldea o la del propio narrador, Carlos Premier, casado con Paulina (la hija violada del general, que le pidió que le diera su apellido al nieto). Organizada en breves capítulos que con frecuencia se solapan para reiterar motivos recurrentes o atender a distintas perspectivas sobre un mismo episodio, la narración avanza, sobre una prosa eficaz y cadenciosa, entre la realidad y una fantasía túrbida. Reproducimos un fragmento que presenta al  nieto del general (que lleva un nombre portugués como lo es el apellido del abuelo).

 

   “Paulo fue el primero de todos. Las cuentas eran claras: en septiembre habían entrado las tropas del general en la villa; el martes veinte, para ser exactos. Aquella misma noche se quemaron los campos que rodeaban a las casas, incluida la colina que luego se convertiría en el bastión del general. Alrededor de su mansión, levantada en unos plazos inimaginables para la vieja ingeniería civil, se extendió un barrio entero que servía para dar cobijo a las necesidades de Antonio Gonçalves y sus hombres. Nueve meses después de la noche de marras, el veinticuatro de junio, vio la luz Paulo por primera vez. El desbarajuste de aquella noche fue de tal envergadura que no resultaba posible identificar a los diferentes progenitores, de modo que la generación de la «calumnia» (así la llamaban) acabó siendo de todos y de ninguno. Hoy no es difícil ver cómo los jóvenes utilizan el apelativo de «padre» para dirigirse a cualquier hombre mayor, especialmente tratándose de un excombatiente en las filas del general. A mí mismo muchos jóvenes me saludan así, y veo cómo después agachan la cabeza y escupen en la tierra seca antes de apresurar la marcha.

   Paulo también me ha llamado siempre ‘padre’. Al menos, los años que permaneció en la villa y, sobre todo, aquellos de su más tierna infancia en que su madre visitaba casi diariamente al general. En realidad, la relación que se estableció entre el  niño y yo se la debemos a Antonio Gonçalvez. Sus encuentros con Paulina desembocaban irremediablemente en los nuestros, así que Paulo se acostumbró a mi presencia cotidiana y pronto reconoció en mí los atributos paternos”  [p. 30].

 

martes, 13 de abril de 2021

Trasposiciones

TRASPOSICIONES

 Antonio Rivero Machina

Mérida, De la Luna Libros, Col. Lunas de Oriente. Relatos, 2021, 103 págs.

    Antonio Rivero Machina (Pamplona, 1987) es Doctor Internacional en Estudios Filológicos y Lingüísticos. Desde 2002 reside en Extremadura. Es autor de los poemarios Podría ser peor (Hiperión, 2013) y Contrafacta (La Isla de Siltolá, 2015), así como de la monografía Posguerra y poesía. Construcciones críticas y realidad histórica (Anthropos, 2017). Su obra ha sido incluida en antologías como Letras para crecer (Norbanova, 2013), Diva de mierda (Liliputienses, 2014), Piedra de toque (ERE, 2016) y La materia cambiante (ERE, 2019). Entre 2015 y 2020 dirigió la revista Heterónima y ha coeditado junto a Miguel Floriano la antología de poesía joven Nacer en otro tiempo (Renacimiento, 2016). Colabora ocasionalmente en revistas como Suroeste, El Cuaderno, Anáfora, Turia y Quimera. Ha impartido clases y conferencias en varias universidades de España, Italia y Portugal.

   Ahora la editorial emeritense De la Luna Libros publica en su colección Lunas de Oriente, dirigida por Elías Moro y Marino González Montero, Trasposiciones, un conjunto de ocho relatos emparentados por un procedimiento de composición similar de una notable originalidad: adosar los relatos, de un modo próximo o lejano, a otras obras literarias. El resultado es que “todo parece cambiado de lugar, como los protagonistas”. Y así “Funes” es un anciano contratado por varios servicios secretos cuando se descubre que puede oírlo todo. “El tercer hombre” narra la trayectoria de una amistad traicionada en un entorno policial. “Si esto es un hombre” presenta a los seres humanos en un futuro distópico esclavizados por una especie alienígena (como una proyección fantástica en la que los nazis hubieran ganado la guerra). Otras obras son los Cuentos de amor, de locura y de muerte (de Horacio Quiroga), El extranjero o De los delitos y las penas (de Cesare Beccaria). Reproducimos un fragmento del primer relato, “Cinco hora después”, en el que un matrimonio (tan parecido al protagonista de Cinco horas con Mario) acude a casa de Mario cuando este fallece y la esposa descubre en casa de Carmen una manera más decorativa de colocar los libros en los estantes de la librería.

    “Menos mal que al final me lo llevé a rastras hasta la casa del pobre Mario, que en paz descanse. Otro mentecato como mi marido. En fin. Al final no estuvo mal la tarde. Me lo pasé teta, con perdón. Y lo mejor fue lo de los libros. Qué ideaza, chica. Lo juro: me quedé muerta cuando lo vi, con perdón por el pobre Mario. Pero qué idea, chica. La Sotillo para esto sabe siempre lo se hace. En cuantis llegué a mi casa, me puse a ello, Mi Jose empezó a reírse de mí, pero como la cosa iba de veras y llevaba ya tres estantes completos, rompió a voces contra todos los muebles del salón. Estos hombres sabrán mucho de sus palabras huecas, pero no tienen ni pajolera de buen gusto y decoración. Me puse firme y se fue a la cama con el rabo entre las patas.  Si el pobre es un calzonazos después de todo. “Mañana me lo agradecerás”, le dije. El desagradecido no agradeció  nada, pero no dijo ni mu. De vez en cuando lo oía renegar, porque tardaba más de la cuenta en encontrar el libro  que estuviera buscando, per no se atrevía conmigo, el pobrecito” [pp. 9-10].

 

viernes, 26 de marzo de 2021

Cuentos y relatos de la literatura colombiana

CUENTOS Y RELATOS DE LA LITERATURA COLOMBIANA

TOMO III

 AAVV

Bogotá, Fondo de Cultura Económica, 2020, 463 págs

Selección y prólogo de Luz Mary Giraldo

    Nacida en Ibagué (Colombia) en 1950, Luz Mary Giraldo es licenciada en Filosofía y Letras por la Universidad Javeriana de Bogotá, en la que posteriormente ha impartido clases, poeta, crítica literaria y ensayista. Autora de una numerosa y notable obra en todos estos campos, sobresalen, por su relación con la obra que comentamos, sus antologías de cuentos: Ellas cuentan. Relatos de escritoras colombianas de la colonia a nuestros días (Seix Barral, 1998), Cuentos de fin de siglo (Seix Barral, 1999), Cuentos caníbales (Alfaguara, 2000), Una ciudad partida por un río. Cuentos en Medellín (2018), Cuentan. Relatos de narradoras contemporáneas (Hombre nuevo, 2010) o los dos tomos de Cuentos y relatos de la literatura colombiana, publicado por Fondo de Cultura Económica en 1905). El año pasado la misma editorial publicó el tercer tomo de esta vasta selección del género en la literatura colombiana, en una ordenación que atiende tanto a criterios cronológicos como temáticos, pues los relatos se agrupan en sucesivos bloques torno a motivos como la familia, los animales, el terror, el suspense, el humor, el amor, el viaje o, la reflexión sobre la propia escritura. “Toda antología –afirma en el prólogo- es una invitación a un viaje en el que se recorren lugares y escenarios; se reconocen personajes y situaciones; se experimentan emociones y sensaciones, es decir, maneras de afrontar la existencia. Si en esta travesía el lector acepta el mapa sugerido, la guía temática del viaje que, arbitrariamente, estructura el libro, se encontrará con una mirada con cierto orden estético y, por lo tanto, crítico. Si, en cambio, prefiere recorrer su propio camino, las rutas que elija lo conducirán a un territorio literario también desconocido y le permitirán construir un mapa personal y establecer otra geografía imaginaria del cuento. De todas maneras, el lector estará oscilando entre lo bello y lo horroroso de la existencia y encontrará en algunos de estos cuentos matices de lo que resuena dentro de él. El diálogo profundo entre el yo que escribe y el yo que lee supone una vibración, una resonancia, un encuentro o un distanciamiento”. [Prólogo, p. 7]. Reproducimos tres composiciones del último bloque que recoge cinco microrrelatos (“Letras mínimas”).

 

MARÍA DEL ROSARIO LAVERDE

Mi madre tiene los ojos cerrados

 Mi madre tiene los ojos cerrados, es la tercera vez que asisto a la dilatación su pupila. Me pide que al menos le converse mientras esperamos. Está muy incómoda. Yo cuento cualquier anécdota pero no puedo dejar de verla, tan mayor, tan distante, tan desconocida. Ella pone un par de dedos sobre mi mano y los empieza a mover como intentando pequeñas caricias, siento que me paraliza porque no recuerdo una sola caricia suya. Ella no deja de mover su mano y pregunta bruscamente qué está tocando, mi mano, le respondo, y retira la suya aún más bruscamente. Le digo que por un momento pensé que me estaba acariciando, y ella me contesta que le parece una severa huevonada acariciarnos estas alturas de la vida, que ella cuando yo era niña ya me acarició suficiente. Yo la sigo viendo tan mayor, tan distante, tan desconocida.

  

ORLANDO MEJÍA RIVERA

Fruto prohibido

 A sus ocho años de edad, mientras recogía del suelo un curioso "fruto” que nunca había visto antes, y que encontró al lado de un aguacatal de la finca vecina, ella descubrió, con la misma inocencia de los ángeles, que todavía quedaban "frutos prohibidos" esparcidos por la inmensidad de los campos de su patria. Cuando le explotó en la palma y alcanzó a ver que los deditos de su mano derecha ya no estaban, no pudo evitar recordar, antes de perder el conocimiento, las lecturas bíblicas de su abuelita, esas historias que hablaban del árbol del bien y del mal, y de la manzana roja que destrozó, para siempre, el paraíso del corazón de los hombres.

 

LUZ TERESA VALDERRAMA

Duelos

 Atravesó sin lágrimas por todas esas muertes.

   Sólo lloró, vencida, cuando vio en las noticias a una terca gaviota insistiendo en liberarse con el pico de su espesa mortaja de petróleo.

 

miércoles, 24 de marzo de 2021

Versos, ¡a los pupitres!

VERSOS, ¡A LOS PUPITRES!

Granada Farrona Farrona

Badajoz, Editamás, 2017, 68 págs.

Prólogo de Manuel Pecellín Lancharro

Ilustraciones de Belén Benegasi Carmona

    Nacida en Llerena en 1952, Granada Farrona se traslada con su familia a Monesterio cuando la escritora tiene doce años. A los estudios elementales cursados en su pueblo natal le sucedieron el bachiller en el Colegio Santo Ángel de Badajoz y los cursos de Magisterio en la Escuela Normal de esta ciudad. Tras sus años de formación, Granada ejerció la docencia en localidades como Monesterio, Villar del Rey, Fregenal de la Sierra, Alburquerque y, finalmente, Badajoz, en uno de cuyos centros, el Colegio Luis de Morales, enseñó hasta su jubilación.

   En 2016 publicó Versos chiquininos, un conjunto de nanas, homenajes amistosos y villancicos que tienen su origen (y su destinatario) en el mundo infantil. Un año más tarde ve la luz Versos, ¡a los pupitres!, que incluye composiciones de varia factura: fábulas de animales y de frutas, adivinanzas, villancicos, greguerías, jeroglíficos… pensados todos, como sugiere el título, para su uso escolar, pues como señala el prologuista: “Ahí, en la escuela, reside el origen de este libro. Seguramente se lo calificará como ‘literatura infantil’, aunque también los  adultos disfruten con sus versos. En función de los destinatarios, que un día se liberarán de las imposiciones métricas, la autora recurre a la rima según hacen espontáneamente los niños. De ahí ese aire ingenuo que impregna la obra. Pero entre las asonancias y consonancias más o menos fáciles, se perciben magníficos hallazgos, metáforas espléndidas” [p. 8]. Reproducimos una de las composiciones.

 

¿DÓNDE ESTÁ LA A?

 ¡Mamá, mamá,

mira donde está la A!

-¿Dónde, mi cielo?

-En el borde de la Luna.

 

-Dile que se baje

que se va a matar.

 

-Si se baja no habrá Luna

y a mí me dan miedo

las noches oscuras,

¿quién las alumbrará?

¿quién llevará hasta el mar

su colcha de plata?

¿Quién peinará

la erizada melena

de la vieja encina

en la noche invernal?

 

¡Déjala, mamá,

deja que en la Luna

se quede la A!

 

viernes, 19 de marzo de 2021

Peccata mundi

PECCATA MUNDI

 José A. Ramírez Lozano

Valencia, Pre-Textos, 2021, 72 págs.

XXXIV Premio Internacional de Poesía Antonio Oliver Belmás

    José A. Ramírez Lozano (Nogales, Badajoz, 1950) es autor de más de setenta obras en prosa y verso, premiadas muchas de ellas con galardones prestigiosos (Azorín, Claudio Rodríguez, Juan Ramón Jiménez, José Hierro, Blas de Otero, Ricardo Molina o los extremeños Ciudad de Badajoz, Felipe Trigo o Cáceres de novela corta). Su obra poética arranca con Canciones a cara y cruz (Sevilla, 1974), libro al que siguieron otros muchos títulos, muchos de ellos también premiados. Sus últimos libros de versos son Corambo (2007), Cuarto creciente (2007), Caliches (2009), Copa de sombras (2009), Raíz de la materia (2011), Rosas profanas (2012), Las islas malabares (2012), Ropa tendida (2013), Elegía de Yuste (2013), Discurso de anatomía (2014), Vaca de España (2014), A cara de perro (2017), Bestiario del cabildo (reedición de 2018), Epifanías (2018), La sílaba de ónice (2019) y La patria de los náufragos (2020).

   Ahora, La editorial valenciana Pre-Textos publica Peccata Mundi, ganador del XXXIV premio internacional de poesía Antonio Oliver Belmás, que agrupa los poemas en dos bloques, “Veniales” y “Mortales”. Situados en la aldea de Torales, los poemas, con un claro sesgo narrativo, relatan episodios y casos prodigiosos, más allá de cualquier verosimilitud o realismo, con un enfoque esperpéntico, en la estela de Quevedo o Valle Inclán pero sin su acritud, y una gozosa imaginación (las citas recogidas en el libro pertenecen al más crítico Machado de Campos de Castilla, a Valle Inclán y a Cunqueiro) en la que no falta un humor lúdico. Nos encontramos entonces con las ranas bautizadas que “croan en Dios”, con el pastor poseído por el demonio que se duerme contando diablos, con la talla de madera de San Armillo que, oculta en un macetón, enraizó convertido en un melocotonero… En el segundo bloque, “Mortales”, las visiones son más tétricas: borrachos en la taberna, procesiones grotescas, penitentes, cuerdas de hospicianos y la presencia ubicua del diablo que agria las leches de las cabras, envenena las parras “y siembra en las macetas / puñaditos de ortigas”. Reproducimos una de las composiciones del primer bloque, caracterizada, como las demás, por la eficacia de un lenguaje popular y levemente arcaizante.

FANIO

 Fanio, el enterrador, cría gallinas

que campan sueltas por el cementerio

y picotean sobre las tumbas

las matas de magarzas y los ramos

de rosas que les traen

los deudos al difunto por noviembre.

 

Tres pollitas habadas con un gallo

que llama Avisador, porque semeja

con su canto la horrible

trompeta que algún día sonará cuando el Juicio.

 

Los huevos de las pollas son tan negros

como el café que Fanio

calienta en el anafre a eso del alba.

Los ponen en los nichos vacíos y son huevos

no son de freír, que sólo valen

porque traen, si los cascas, dentro un papel escrito

con la misiva del difunto.

 

Ni día ni noche rige aquí, Fermina.

Sácame de este fuego.

Eso le dijo un día el abuelo.

Y la abuela vino a gastarse en misas

lo que en pan en un mes

y las ganancias de la montanera.