jueves, 18 de marzo de 2021

Expón, que algo queda

EXPÓN, QUE ALGO QUEDA

 Eduardo Moga

Madrid, Ed. Polibea, Col. La espada en el ágata, 2021, 240 págs.

Prólogo (“Eduardo Moga en el museo”) de Jesús Aguado

    Eduardo Moga (Barcelona, 1963) es autor de una notable y dilatada trayectoria poética que arranca con Ángel mortal (1994) y La luz oída («Premio Adonáis», 1996) y ha sido recogida en una antología reciente El corazón, la nada (Antología poética 1994-2014), con prólogo de Jordi Doce. En prosa, el escritor ha cultivado géneros como el libro de viajes, con títulos como La pasión de escribil (La isla de Siltolá, 2013) y El mundo es ancho y diverso (Baile del sol, 2017), y los diarios: Corónicas de Ingalaterra. Un año en Londres (con algunas estancias en España) (La isla de Siltolá, 2015), Corónicas de Ingalaterra. Unavisión crítica de Londres (Vasarek Ediciones, 2016). Esta trayectoria como creador ha ido acompasada de una tarea crítica que ha ejercido en revistas como Letras Libres, Cuadernos Hispanoamericanos, Revista de Occidente, Ínsula, Turia o Quimera y ha recogido en volúmenes como De asuntos literarios (2004), Lecturas nómadas (2007), La poesía de Basilio Fernández: el esplendor y la amargura (2011), La disección de la rosa (2015), Apuntes de un español sobre poetas de América (y algunos otros sitios) (2017), Homo legens (2017) El sonido absoluto (2019), El oro de la sintaxis (2020) o la edición (fue codirector de la colección de poesía de DVD Ediciones desde 2003 hasta 2012). Recientemente, ha visto la luz El paraíso difícil (2020) que recoge las entradas de su blog sobre nuestra comunidad.

   Expón, que algo queda recoge reseñas, aparecidas su blog, de sus visitas a museos de Londres, ciudad en la que residió durante años, Extremadura (una visita al museo de Bellas Ares de Badajoz y otra de poemas-objeto de Juan Ricardo Montaña, celebrada en el espacio cultural Rufino Mendoza de Villanueva de la Serena), Barcelona y Madrid. Predominan los artículos que comentan obras pictóricas (los Brueghel, Picasso, Sorolla, Caravaggio, Goya, Constable, Matisse…), pero también recoge exposiciones sobre escritores (Galdós, los Machado, autores del exilio español en Inglaterra), o hechos históricos (Auschwitz, los celtas, los vikingos). “Lo que más me gusta de la exposiciones -comenta en una entrada de su blog- no es lo que me enseñan sobre lo expuesto, con ser mucho, sino lo que me enseñan sobre mí: cómo desafían lo que creía saber y cómo cuestionan los mecanismos psicológicos que me habían llevado a creer que lo sabía”.

   En el prólogo, Jesús Aguado considera: “En él los cuadros, las esculturas y los objetos que ha ido encontrando y analizando en sus salas han acabado chisporroteando (como virutas unos, como troncos otros: cada cual según su tamaño, su peso y su poder ignífugo) en el gran horno de su inteligencia […] Inteligente y resolutivo …, sabe que tiene que ganar una apuesta, quizá la de llegar a tiempo a sí mismo (coincidir con uno mismo es, da igual cómo se enfoque esto, el objetivo de la mayoría de las filosofías y religiones), y que para ello no hay segundos que perder ni pertrechos de los que no merezca la pena deshacerse” [Prólogo, pp. 8-9] Reproducimos un fragmento del artículo dedicado al pintor Turner que viene a confirmar cómo la contemplación de unos cuadros puede ser un soporte sobre el que erigir un texto literario de notable calidad.

 TURNER

    “Los paisajes se dilatan en un encadenamiento de manchas sin entramado, en un tumulto de claridades inexactas. Los crepúsculos se enzarzan en rosas y amarillos deshilachados, en esplendores oleosos. En las marinas, abundantes, el agua y el cielo se abrazan en explosiones laxas, mientras, en sus laberintos, advertimos siluetas que podrían ser de barcos veloces o de barcos naufragados. Hasta la noche pierde su rotundidad tenebrosa: su extensión se matiza de fulgores y transparencias, de objetos en movimiento, de oquedades irradiantes. Y esto es lo que refleja la polícroma difuminación de Turner: el movimiento, el hacerse de los seres, de los hechos, en el flujo indetenible de la realidad. Su inconcreción tiene, pues, un sentido moral: el de la relativización de lo evidente, el de la captación de lo que cambia, el de la comprensión de la incomprensibilidad de todo. Sus latigazos de luz, dispersos, y las heridas que infligen a los óleos, prefiguran a los impresionistas y, con ellos, a la pintura contemporánea. Turner se percibe como irremediablemente moderno, como el Greco, como El Bosco, como Goya, contemporáneo suyo: como todos aquellos que desdeñaron las exigencias estéticas de su tiempo, para incorporar a su obra una percepción singular, una psicología propia. Turner transforma la realidad en la realidad vista, o, mejor, sentida, por Turner. Lo que vemos en sus cuadros no es la naturaleza, sino su alma cabalgando a la naturaleza, o penetrándola”. [pp. 232-233].

 

miércoles, 17 de marzo de 2021

Especie

ESPECIE

 Susana Martín Gijón

Madrid, Alfaguara, 2021, 462 págs.

    Nacida en Sevilla en 1981, Susana Martín Gijón fue Asesora jurídica especializada en relaciones internacionales y derechos humanos, Directora del Instituto de la Juventud de Extremadura y Presidenta del Comité contra el Racismo, la Xenofobia y la Intolerancia. Ha publicado una trilogía de novelas extensas bajo el epígrafe del primer título, Más que cuerpos (2013), Desde la eternidad (2014),  Vino y pólvora (2016),  y otra trilogía de narraciones cortas: Pensión Salamanca (2016), Destino Gijón (2017) y Expediente Medellín (2017, premio Cubelles Noir de 2018), todos ellos pertenecientes a la saga protagonizada por la policía Annika Kaunda. Con su novela corta Náufragos (2015), publicada por la Editora Regional de Extremadura, resultó finalista del Premio de Novela Corta Felipe Trigo. Sus relatos han sido seleccionados para su publicación en varias antologías, como La mar y sus gentes o Vacaciones de verano inolvidables.

   Con Progenie (Madrid, Alfaguara, 2020) inició un nuevo ciclo narrativo protagonizado por la inspectora Camino Vargas, jefa de Homicidios en una comisaría de Sevilla por la baja laboral de su jefe, Francisco Arenas. En esta segunda entrega, a las órdenes de la comisaria Ángeles Mora y al frente de un equipo de miembros ya conocidos (el subinspector Alcalá, los oficiales molina y Casas…) y nuevas incorporaciones (como la novata Evita Gallego, cuyo protagonismo será esencial), la inspectora se enfrenta en unos pocos días de un otoño sevillano de sofocante calor y chaparrones repentinos a una serie de muertes demenciales: en la Sevilla más vieja y céntrica (plaza de la Alfalfa, Alameda de Hércules…) aparecen tres cuerpos que han sido salvajemente torturados (uno de ellos decapitado y con las extremidades amputadas, otro golpeado hasta que han quebrado todos sus huesos, otro alimentado a la fuerza hasta provocarle un paro cardiaco). Todos han sido trasladados desde otro lugar y eso es lo único que en apariencia tienen en común. Pero pronto alguien hará caer en la cuenta al equipo que parecen “recreaciones” de los modos de masacrar ciertos animales en la industria cárnica y cosmética, lo que pone a la asociación de defensa de derechos de los animales en el punto de mira de las sospechas, pero ¿es posible que uno de esos jóvenes idealistas que denuncian el maltrato animal haya sido el autor de esas horribles muertes? Liderado por la inspectora Camino, el equipo se irá envolviendo en una trama compleja con derivaciones imprevistas (¿estará relacionado este caso con otros similares, ocurridos en Florencia y en Nueva York) y nuevas desapariciones, que llevaran al lector en volandas hasta un desenlace a la vez verosímil y sorprendente.

   Comunicada con una prosa eficaz y una estructura de secuencias narrativas breves y ágiles, la autora logra mantener el suspense hasta los últimos capítulos, pero también denunciar alguna de las lacras de nuestro presente. Reproducimos un capítulo que presenta a dos de las víctimas en el cubil del monstruo.

    “Poco a poco el efecto del narcótico se ha ido diluyendo y la claridad regresa a su mente, aunque hubiera preferido que no lo hiciera. Sigue encajado en esa jaula de cuatro paredes, solo que ahora no está en la camioneta, sino en una habitación de unos cinco metros cuadrados junto a una mujer aprisionada. La cadena continúa atenazándole el cuello y los grilletes aprisionando muñecas y tobillos. Paco oye cómo sus huesos crujen al cambiar de postura en el espacio minúsculo al que ha sido confinado. Está furioso por haberse dejado atrapar como un novato.

   Piensa en el destino que tendrá reservado para él, y no le resulta difícil intuir por dónde irá. Le gustaría creer que se equivoca, pero ha matado a demasiados animales en su vida como para que ahora ese monstruo no se lo haga pagar en su propia piel.

   Mira a la mujer frente a él. Una cucaracha le sube hasta la cara, que está enclaustrada entre barrotes. Parece que el bicho va a metérsele en los ojos, pero en el último momento se da la vuelta y desciende cuello abajo. Paco siente una repugnancia terrible. Sin embargo, a ella parece darle igual. Sabe que conserva algún jirón de vida, porque ha notado un débil subir y bajar rítmico en la caja torácica. La resignación por la que se ha dejado llevar es tan admirable como terrorífica. Él no quiere eso. No quiere perder toda esperanza y quedarse aguardando a que la Parca venga a por él. No lo hizo en el pasado y no lo hará ahora.

   Trata de pensar en algo agradable. Evoca las últimas cenas con Camino. El adobo, los serranitos, las cervezas, sus carcajadas frescas, la compenetración trabajando juntos. Su olor y la forma en que frunce la frente cuando algo no le cuadra. O la ceja que enarca cuando sabe que le está tomando el pelo. Su mirada seria, nerviosa, el instante en que él la tomó por los hombros y acercó sus labios a los de ella. Casi, casi la besa. Pero se achantó. Nadie sabe cuánto se arrepiente” [pp. 347-348].

 

Madres e hijos

MADRES E HIJOS

Theodor Kallifatides

Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2020, 173 págs.

Traducción de Selma Alcira

   Nacido en Moloai (Laconia, Grecia) en 1938, Theodor Kallifatides emigró a Suecia en 1964, en donde se licencia en Filosofía por la Universidad de Estocolmo, en la que ejercería como profesor. Autor de libros de poemas, novelas, libros de viaje y obras de teatro, ha realizado una notable de traductor de literatura griega al sueco y viceversa. Sus narraciones, premiadas varias veces en los dos países, destacan por una marcada biográfica, algo patente una vez más en su última novela, Madres e hijos, que alterna dos narraciones desarrolladas de modo alterno. La primera de ellas se abre con el viaje del autor, que relata los episodios en primera persona, desde Estocolmo (en cuyo aeropuerto sufre la recriminación de emigrantes griegos por la mala imagen que da de Grecia en sus novelas) a Atenas para visitar a su familia, la madre viuda, una persona nuclear en su vida, y su hermano con su esposa y los sobrinos. Esta trama, que se nutre de numerosos recuerdos familiares de la madre, se ve interrumpida con la lectura de una biografía de su padre, hijo de una familia necesitada que consigue terminar una sencilla carrera de magisterio, en la que narra una vida zarandeada por las dos guerras mundiales en las que fue una más de las numerosas víctimas inocentes de la locura bélica: deportado de Turquía tras 1918 (como padecieron las minorías étnicas griega y armenia), obligado a combatir en las filas alemanas, perseguido por fascistas griegos acusado de comunista, expulsado de numerosos destinos como maestro de escuela, encarcelado y condenado a muerte en Esparta… Reproducimos el arranque de la novela en el que ya puede percibirse la implicación emocional del autor con unos personajes sacudidos por la vesania homicida de las dos guerras mundiales.    

 

Punto de partida

    Cuando era niño pensaba que moriría antes que mi madre, de acuerdo con el principio aquel de que el árbol sobrevive a su fruto.

   Con el tiempo entendí el orden lógico o por lo menos natural de las cosas, y entonces tuve otro problema: ¿acaso podía causarle a mi madre una tristeza tan grande como mi muerte?

   Ese pensamiento me hizo ser prudente y cauteloso. Mis juegos nunca fueron especialmente osados; por lo general procuraba estar cerca de ella, algo que ella me recuerda con frecuencia, cuando la llamo por teléfono los sábados.

   Ella vive en Atenas. Yo vivo en Estocolmo desde hace alrededor de cuarenta y tres años.

   Esas llamadas telefónicas son un ritual entre nosotros. Lo mejor es hacerlas por la mañana, cuando ya se ha levantado de cama y está sentada abrazando su café. Suele ponerse la taza en la barriga. Se bebe el café a sorbos pequeñitos pequeñitos por miedo a que pueda estar amargo. Tres cucharaditas de azúcar es lo mínimo.

         —Hola, mamá, soy yo —digo cuando levanta el auricular. Si está de buen humor me responde con alguna rima. Si no está de buen humor, se pone de buen humor.

         —¡Qué alegría oír a mi hijito, el pequeñito, el que vive en el extranjero y llama a su mamá, ahora anciana ya!

   Alguien podría pensar que siempre canturrea la misma tonada, pero no es así. A sus noventa y dos años conserva la capacidad de jugar con las palabras. Inmediatamente después, expresa su pesar.

         -Tú, que no te separabas de mi falda, te fuiste tan lejos.

   No es una recriminación, simplemente no lo entiende. Tampoco yo lo he entendido. Me fui de mi país, pero ¿qué quería dejar atrás?

   No hablamos más de eso. Las cosas son como son. Mi madre lo sabe. Siempre lo supo. No está en su espinazo. Esto es su espinazo: el estoicismo heredado, el talento de permitir a las pequeñas alegrías paliar las grandes tristezas. La taza calentita de café que reposa sobre su barriga es un inmenso consuelo, y sobre todo si tiene cuatro cucharaditas de azúcar.

   En pocas palabras, como ambos sabemos que las cosas son así, hablamos de otros temas”. [pp. 7-8].

lunes, 15 de marzo de 2021

Otra mirada sobre Simón Bolívar



 SIMÓN BOLÍVAR. LA MÁS GRANDE MENTIRA DE LA HISTORIA

Adalberto Agudelo Duque

Manizales, Banco de la República-Biblioteca Luis deArango, 2020, 114 págs. 

   Autor de libros de cuentos, poemarios, y novelas, Adalberto Agudelo Duque (Manizales, Caldas, 1943) ha sido premiado en Colombia (es el escritor más premiado del país), México y Estados Unidos. Como novelista, su trayectoria arranca en 1967 con Suicidio por reflexión, a la que siguieron otros títulos como De rumba corrida (1999, premio nacional de novela Tierra de promisión), Abajo en la 31 (2007), Toque de queda (2008), Pelota de trapo (2009, premio nacional de novela Ciudad de Bogotá) y Little Beach (2019, premio Ciudad de Pereira). Tanto sus poemas como sus relatos han sido recogidos en numerosas antologías. Pero Agudelo ha cultivado también el ensayo en títulos como Efectos Möebiius en la literatura colombiana (2003), Del ensayo o del saber para ser (2003), Caldensidad. Historia y literatura (2018) o Simón Bolívar. La más grande mentira de la historia (2020), un ensayo histórico documentado que se propone ya desde el título debatir con una corriente historiográfica unánime en la idealización de una figura convertida en héroe oficial de la independencia de la Gran Colombia (más tarde dividida en Venezuela, Colombia, Perú y Ecuador). Tampoco la independencia colonial se ajusta a la imagen que suele dar de ella la historia académica: “…conviene que se sepa que la independencia fue impopular en la generalidad de la población; que las clases elevadas fueron las que iniciaron la revolución; que los ejércitos españoles se componían en cuatro quintas partes de los hijos del país; que los indios en general fueron tenaces defensores del rey como que presentían que tributarios eran más felices que lo que serían como ciudadanos de la república”. Por lo que respecta a la figura del Libertador la imagen oficializada  contrasta notablemente con la opinión popular expresa veladamente en anécdotas y coplas: “En el imaginario popular, Bolívar no es el personaje que concita reverencias y reconocimiento: Simón Bolívar nació en Caracas en un potrero lleno de vacas, se comió  las gordas y dejó las flacas. La copla, aprendida en mi ya más remota infancia, irreverente, herética, heredada por generaciones, dice mucho del escepticismo o de la sabiduría de las gentes. Las entre líneas de la burla cuentan una historia diferente a la oficial o, al menos, plantean preguntas clave para entenderlo como un hombre, producto de un destino indeseable, que se oculta detrás de una máscara o a quien, por razones políticas, no históricas, le pusieron una máscara” [p. 65]. La serie de falsificaciones hagiográficas comienza ya en el relato de sus orígenes.

    “El proceso de ocultamientos, deformaciones y máscaras no se queda solamente en los aspectos militar y político. Mienten también sus ancestros, sus orígenes. En efecto, Bolívar era de sangre africana e indígena: descendiente de Francisco Fajardo y una aborigen de la etnia Roraima, tesis creíble si se acepta que los indígenas eran esclavos de curas, alcaldes y terratenientes y las adolescentes madreadas en total impunidad. Y Juan de Bolívar, uno de sus abuelos, casado con Petronila Ponte, hija de Josefa, negra, "tiene relaciones" con Francisco Marín de Narváez, tercer abuelo del amo de Caracas. De hecho, una de las muchas tierras que heredó provenía de esta cepa. ¿En qué momento deciden blanquearlo, hacerlo más convincente? Pues no se puede ocultar que el retrato del joven Simón, Madrid 1800, refleja a un afrodescendiente de pelo ensortijado y oscuro, pómulos salientes, nariz achatada, labios gruesos. Como un anverso de moneda, ya aparece con los cabellos lacios, rubios, boca delgada y ojos pequeños en una pinacotipia de 1804, es decir, al arribo de su mayoría de edad. Y en 1812 aparece ya blanqueado, nariz aguileña, mentón partido, mejillas alargadas, tez blanca o casi blanca... También la mascarilla facial tomada en su lecho de muerte que circula en textos de historia, biografías y ensayos, describe definidamente a un hombre de color”. [p. 28].

jueves, 11 de marzo de 2021

Autosugestión. Poesía completa

AUTOSUGESTIÓN

POESÍA COMPLETA

 José Antonio Cáceres

Mérida, Editora Regional de Extremadura, 2020. 560 págs (Tomo I) y 576 págs (Tomo II)

Edición, introducción (“La imaginación simbólica de lo cotidiano”) y notas de Emilia Oliva

    José A. Cáceres Peña (Zarza de Granadilla, Cáceres, 1941), artista plástico y poeta, ha sido profesor en diferentes universidades europeas; cierra este periodo de docencia en la Universidad de Extremadura como profesor de italiano. Vinculado a los movimientos de la poesía experimental, formó parte del grupo Poesía Concreta en los años sesenta del pasado siglo, así como del grupo de poesía experimental N.O. Ha expuesto y publicado en revistas,  muestras individuales y antológicas en Europa, Hispanoamérica o Estados Unidos. Autor de una extensa obra como poeta visual y discursivo, de esta última -agrupada unitariamente como Autosugestión- ha publicado Libro de Horas (2004) y Elegías y envíos (1995-1996) (2010), Moradas (1988-1989) (Editora Regional de Extremadura, 2011). En 2020 han aparecido con estudios de Emilia Oliva, Figuras, primer libro experimental, y Susurros (revista Eguiar Aldizkaria, 2020), último libro de experimentación poética. José Antonio Cáceres. La conciencia del ser, en edición de Emilia Oliva, constituye el primer estudio monográfico de su obra.

   Emilia Oliva, responsable de la edición, introducción y notas, es poeta, profesora y traductora y ha dedicado buena parte de su trayectoria al estudio de la obra de José Antonio Cáceres. Es editora de la revista En Sentido Figurado. Con una amplia obra publicada: (re)fracciones (1997) premio de poesía Ciudad de Zaragoza, torSión (1999), Figuraciones 7/77 (2000), Los ecos y las sombras. Música para un instante antes de morir (2007), Quien habita el fondo (2010)) IX Premio León Felipe, Cifras de una fracción periódica (2013) y Cuerpo sin voz (2018) Premio García de la Huerta.

   En gran parte aún inédita hasta ahora, su extensa obra poética discursiva, que ahora publica la Editora Regional de Extremadura, está marcada tanto por la tradición como por la experimentación: “Desde el punto de vista de la poética que emerge de su obra, asistimos, por un lado, a la fusión de poesía y pintura y, por otro, a una fusión entre mística y poesía. La obra de JAC es excepcional en España en tanto en cuanto constituye el eslabón experimental que, sin embargo, no desconecta de la tradición más auténtica de la exploración poética. La que procede de la concepción mística del lenguaje, la capacidad de iluminación poética que encarna en Juan de la Cruz, Teresa de Ávila, Juan Ramón Jiménez, María Zambrano y que retomará José Ángel Valente” [Introducción, p. 21]. Reproducimos el poema que cierra uno de sus libros, Cuenco vacío (2004-2006).

 

ULISES VUELVE A LAS ISLAS

 

I

Las horas naufragadas

me dejaron

en la tranquila orilla.

Adiós, adiós,

digo al pasado,

y no me desvanezco. El gozo

está templando el aire para mí.

 

II

Las laderas

flamean de hojas

rojas y amarillas. Verde

alfombra sobre la fértil tierra

se extiende aquí y allá.

 

Se acerca el invierno (nieve en la montaña)

y un cálido sol de otoño

templa el aire inmóvil.

 

III

Qué larga ausencia

me alejó de ti,

Ítaca,

perdido en el laberinto de las islas

y del piélago helado.

 

Pensaba que no había salida

y sólo un paso

me separaba de ti.

                            13 de noviembre de 2008

 

martes, 9 de marzo de 2021

El mordedor de alfombras


EL MORDEDOR DE ALFOMBRAS

Eladio Pascual

Mérida, Editora Regional de Extremadura, 2020, 88 págs.

                                    Ilustraciones de Rafael Fatuarte

   Nacido en Tetuán pero extremeño de adopción, Eladio Pascual es doctor en Derecho, funcionario de la Agencia Tributaria, profesor de Universidad y autor de numerosos libros de su especialidad, en su mayoría de contabilidad. El mordedor de alfombras forma parte de una colección más amplia en la que figuran relatos infantiles que aparecerán próximamente.

   Rafael Fatuarte (Badajoz, 1962) es ingeniero industrial. Ha Trabajado en el mundo de las Artes Gráficas realizando tareas de impresor, maquetador y diseñador. Sus ilustraciones se han publicado en varios libros, como Obras para guiñol, de Mª Carmen Gonsálvez„ Internet, para la colección Manual Imprescindible de la Ed. Anaya, y en los libros de la colección sobre informática Al día en una hora, también de Ed. Anaya y Grupo Ros. Es autor del libro Imágenes con ordenador de esa misma colección. Este libro de cuentos es el primero que ilustra íntegramente.

   El mordedor de alfombras se compone de treinta y tres narraciones breves agrupadas en cinco bloques temáticos emparentados entre sí, en los que predomina a veces la fabulación (el viaje “exitoso” del Titanic desde Southampton a Nueva York, una visita de Kafka, Hitler contemplando El gran dictador de Chaplin), la realidad creada por las palabras, el mundo de lo cotidiano y los recuerdos más íntimos del entorno familiar: de la madre (cuando dolía una herida: “Eso es que se está curando”), del padre (y su frase repetida y, al fin, premonitoria: “El día que yo falte me vais a echar de menos”), de los superhéroes de la niñez, de los compañeros de colegio. “Estamos hechos de recuerdos” afirma el autor recordando una cita de Borges (“Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo / de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos”) y del recuerdo arrancan unas composiciones marcadas por la nostalgia y por una mirada melancólica y apacible, comunicada en una prosa transparente y sencilla (en consonancia con las imágenes) incluso cuando se narran episodios dolorosos (el anciano recordando a su esposa fallecida, el joven tímido y callado abandonado por la novia), con una marcada predilección por los paisajes interiores, pues como afirma Herman Hesse en una de las citas del libro: “No hay más realidad que la que tenemos dentro”. Reproducimos una de las composiciones incluida en al apartado “El universo de lo cotidiano”. 

CALLE NOSTALGIA S/N 

¡Qué bien le viene al corazón su primer nido!

¡Parece que en un trueque de pasión,

el corazón se trae, roto, el nido,

que se queda en el nido, roto, el corazón!

                                                                           Juan Ramón Jiménez

    En realidad no es una casa, es un castillo. No tiene foso, ni puente levadizo. Tampoco torres o almenas. Pero tiene su princesa y otros personajes inmortales, pasadizos secretos, sorpresas escondidas. Estaba en un alto, y allí continúa, imperturbable, donde la vida, que se reinventa cada mañana, no está hecha de tiempo.

   En mi castillo los techos son muy altos, por eso en el ambiente pululan tantas historias y aventuras, como nubes de peces de colores. El suelo está frío y decorado con infinitos dibujos de cuerdas, tirachinas, canicas, cuentos y algún juguete destrozado, como si hubiera intentado llegar hasta su corazón. Las paredes están empapeladas de fábulas imposibles, y el largo pasillo está cuesta abajo para lanzarse con la bicicleta, sin importar el final. No hay ordenadores, ni miedos, ni dudas, ni cosas prohibidas. Solo se oyen risas olvidadas y besos dormidos. Y el silencio que produce un gran reloj desarmado que marca las horas que no pasan y los segundos que no vuelven, ese silencio que solo es posible cuando el tiempo se queda en vilo.

   La terraza del castillo es grande, casi tanto como mis ojos de asombro. Está plagada de blancos fantasmas con un curioso olor a ropa limpia. Están sujetos a unos alambres para evitar que deambulen a su antojo y asusten a los niños. En esa terraza cayó la primera nevada de la historia, y también la primera vez que se apagaron todas las luces y se asomó la luna de la esperanza, y las estrellas se echaron a la calle cogidas de la mano.

   Mi madre, la princesa, intenta peinarme con poco éxito. Huele a agua de colonia y a ternura. Me apresura para que no llegue tarde al colegio. Me da un beso calentito y me despide en la puerta con su sonrisa que reconforta. Me voy alejando. Me alejo. Me convierto en el héroe desterrado.

   La conciencia de la espontaneidad y de la pureza solo se adquiere cuando se pierde.

lunes, 8 de marzo de 2021

La insurrección revolucionaria del sargento Sopena

 

LA INSURRECCIÓN REVOLUCIONARIA DEL SARGENTO SOPENA

VILLANUEVA DE LA SERENA, 1933

 Antonio Molina Cascos

Mérida, Editora Regional de Extremadura, Col. La memoria, 202º, 244 págs.

Introducción del autor

  Licenciado en Geografía e Historia y profesor de Enseñanza Secundaria, Antonio Molina Cascos ha impartido docencia también en la Universidad de Mayores de la Universidad de Extremadura. Como docente e investigador ha participado en numerosos congresos, jornadas y mesas redondas relacionadas con la historia contemporánea de Extremadura y el patrimonio arquitectónico de la región. Fruto de esas líneas de investigación son, junto a diferentes artículos en revistas especializadas, monografías como La fábrica de jabones Gallardo (2013), Banca Pueyo. 125 años de historia (2014) y Aníbal González y su influencia en la arquitectura de la provincia de Badajoz (201 8), así como textos redactados con otros autores, como La comarca de La Serena como herramienta pedagógica (2011) y Siglo y medio de tren en Extremadura, 1886-2016. La línea Ciudad Real-Badajoz (2016).

   “En los días 9, 10 y 11 de diciembre de 1933 tuvieron lugar los hechos. Comenzaron el sábado por la noche cuando los rebeldes se dirigen al cuartel militar [la Caja de Reclutas nº 7] y privan de libertad a todos los soldados que se encontraban en su interior. Son retenidos y pasan a controlar este estratégico lugar. No se ha disparado ni una sola bala, el factor sorpresa ha sido determinante para acabar con éxito el objetivo deseado. Fue en la mañana del día siguiente, domingo 10, cuando los acontecimientos se precipitan. A las diez de la mañana ya se había disparado la espiral de violencia y un tétrico bagaje: dos guardias civiles han fallecido. A partir de aquí, la contraofensiva o se hará esperar: a la Benemérita se le une los guardias de asalto y, posteriormente, el ejército. La consigna está clara: hay que acabar con el movimiento insurreccional” [Introducción, p. 17]

   Estos son sustancialmente los hechos iniciales de La insurrección revolucionaria del sargento Sopena, un título preciso pues nadie más, ni el Ayuntamiento, ni el pueblo, ni partidos, ni sindicatos apoyaron una empresa insensata que no pasaría de una anécdota histórica de no ser por el alto número de víctimas que ocasionó (sólo hubo un superviviente entre los insurrectos) y por la desproporcionada y contundente respuesta de las fuerzas de seguridad (guardia civil, guardias de asalto, tropas del ejército).    Sólidamente documentado, el trabajo se apoya en recuerdos de testigos, comunicado del Gobierno Civil de Badajoz, informes periodísticos en un primer momento censurados y debates parlamentarios en los que Juan-Simeón Vidarte, diputado socialista, reprocha al gobierno la reacción desmesurada de las autoridades (“¿Por qué ese alarde de fuerza? ¿Por qué ese deseo de acabar inmediatamente con una sublevación, pasara lo que pasara, si no había peligro de que la rebelión se extendiera, si aquellos hombres allí refugiados no tenían más remedio que rendirse a los pocos instantes?”) y el acoso a sus dirigentes a pesar de que en ningún momento se habían adherido a la rebelión.

viernes, 5 de marzo de 2021

Textos autobiográficos


 TEXTOS AUTOBIOGRÁFICOS DEL PINTOR ISAÍAS DÍAZ GÓMEZ

 Isaías Díaz Gómez

Badajoz, Diputación Provincia, 2020, 268 págs

Presentación y preparación de Román Hernández Nieves

    Isaías Díaz Gómez (Romangordo, 1898 – Madrid, 1989) nace en el seno de una familia campesina que decide vender su patrimonio y marcharse a Madrid. Obrero, con estudios de magisterio y profesor de dibujo en varios centros educativos, trabajó también en un par de periódicos madrileños. Como pintor se formó en la Academia de San Fernando (en donde coincide con Salvador Dalí) y fue discípulo de Vázquez Díaz además de frecuentar los círculos artísticos de la capital por esos años (Círculo de Bellas Artes, tertulias, Ateneo…). La obra que ahora ve la luz recoge textos autobiográficos que no llegan a configurar una obra unitaria y que el preparador agrupa en cinco bloques. Del quinto de ellos reproducimos un fragmento.

 [Personas famosas que conoció en El Sol. Es herido en la defensa de Madrid]

 El Sol

    “Conocí en El Sol a Ramón Sánchez, buen escritor pero como persona un tanto original, también a Fernando Vela, secretario de La Revista de Occidente, y a Pepín Fernández [asturiano], que le tocó ir a África, hizo una novela de su estancia allí, Blocao, que tuvo un buen éxito y le valió su biografía en el Espasa, un poco antes que la mía en el orden alfabético. También conocí a Adolfo Salazar, crítico de música, a Rodolfo Halter, buen músico, tan bueno como su hermano Ernesto o mejor según el criterio de los más entendidos. Por cierto, nos quedamos sin hacer el ballet Boda de rumbo y es que la Guerra Civil nuestra acabó con tantas cosas, que a poco acaba con nosotros. Desde el 4-1-1937 [sic] arrastro un tiro en la pierna derecha que me dieron con mucha suerte…, me partieron el fémur en Majadahonda donde les cortamos el paso, para por el Pardo a Fuencarral, por donde querían cortar el agua a Madrid. De todas maneras, me hubiera quedado en el Jarama o en Guadalajara, según me contaban los compañeros de la Primera Brigada Móvil de Choque, que era el cuerpo en que estaba, cuando venía alguno de ellos herido al Hospital Obrero de Cuatro Caminos, que es donde estaba hospitalizado y estuve unos cinco meses en que fui trasladado para dejar la cama libre para otras posibles bajas que pudiera haber, pues se iba a operar en la Casa de Campo y se calculaba en muchas bajas que podía haber” [pp. 198-199].

jueves, 4 de marzo de 2021

Little Beach

LITTLE BEACH

 Adalberto Agudelo Duque

Pereira, Secretaria de Cultura, 2019, 152 págs.

Premio Nacional de Novela Aniversario Ciudad de Pereira

    Autor de libros de cuentos, poemarios, ensayos  y novelas, Adalberto Agudelo Duque (Manizales, Caldas, 1943) ha sido premiado en Colombia (es el escritor más premiado del país), México y Estados Unidos. Como novelista, su trayectoria arranca en 1967 con Suicidio por reflexión, a la que siguieron otros títulos como De rumba corrida (1999, premio nacional de novela Tierra de promisión), Abajo en la 31 (2007), Toque de queda (2008), Pelota de trapo (2009, premio nacional de novela Ciudad de Bogotá). Tanto sus poemas como sus relatos han sido recogidos en numerosas antologías, entre ellas una en la que tuve ocasión de colaborar (Estrechando círculos, una antología de narradores extremeños y caldenses aparecida en 1999) y en 2009 uno de los títulos citados, Toque de queda apareció en Transmutaciones, antología de literatura colombiana al cuidado de Antonio María Flórez aparecida en la Editora Regional de Extremadura.

   En 2019, la Secretaría de Cultura de la ciudad de Pereira publicó la novela ganadora del concurso “Aniversario Ciudad de Pereria”, Littel Beach, cuya trama arranca cuando el protagonista, Blind Horse, montado en su caballo White Wind, llega a un villorio (Little Beach) que asciende por la ladera de una montaña (el Big Hill), con una playa fluvial junto a un río represado. En la calle principal hay un saloon, una herrería, el tugurio del enterrador, el despacho del sheriff con calabozo adjunto para borrachos y cuatreros, el casino, pistoleros armados con winchesters y Colts 45, un periódico (The Homeland)… Su misión es rescatar a un hombre encarcelado en la jail de la aldea. Nos encontramos, por lo dicho, en un territorio conocido por todos, el western, que ha llegado a todas partes en una paraliteratura de consumo popular, en las películas de Hollywood y en el cómic. ¿Nos encontramos, por tanto, ante un remake de una novela (o un guion) del western? De ninguna manera. El escritor parte del esquema de estas historias de consumo popular durante décadas, es cierto, pero para ennoblecerlas con una narración de una notable originalidad y una notabilísima calidad literaria (como también hicieron Cormac McCarthy, Morris o los hermanos Coen, por citar autores de la literatura, el cómic o el cine), pero, además, sus propósitos son otros. Ya es significativo que la naturaleza que se describe poco tenga que ver con las desiertos páramos del oeste americano (o con la estepa castellana y el desierto almeriense donde se rodaron docenas de películas), sino con la exuberante y violenta naturaleza colombiana y que los indios que deambulan por las calles sean “indígenas de la Nación Chiba” (oriundos de Colombia). No. Las operaciones de destacamentos del ejército, los enfrentamientos con bandas de pistoleros, las emboscadas, las balaceras, las prostitutas asesinabas por una vaga acusación de delación, el asesinato de testigos camuflado de suicidio, el fraude electoral, la amenaza a la prensa… están apuntando a la realidad colombiana. Comprendemos que el escritor ha recurrido a un género literario popular como estructura narrativa sobre la que montar una novela que denuncia el ejercicio casi impune de la violencia que ha contaminado a todos los niveles del poder político. Consigue con ello, como aconsejaban los formalistas rusos, un efecto de extrañamiento (una de las características de la “literariedad”), que actúa agrandando el tiempo de percepción del mundo narrado y potencia la eficacia de la denuncia, pues narra una historia y oculta otra que el lector debe reconstruir en la lectura.

   La dedicatoria inicial, “A todos los periodistas asesinados  por decir su verdad, especialmente a Orlando Sierra Hernández” (subdirector del periódico La patria, de Manizales, asesinado por un sicario) y la nota final “Entonces se desató la matanza” remiten a un caso real que conmocionó a Colombia (con numerosos asesinatos ordenados por poderosos para obstaculizar el proceso) y enriquece la solidez de una trama que, al fin, se ajusta a una realidad terrible y sangrienta. Reproducimos uno de los capítulos, que parece interrumpir con anacronismos el desarrollo de la trama (los caballos  de repente han sido sustituidos por motocicletas de gran cilindrada y monovolúmenes de lunas tintadas), pero que vienen a confirmar el sentido “contemporáneo” de lo narrado.    

  

   “Vinieron en manada, montados en sus motos, metiendo miedo con el ruido y la algarabía. A dos de ellos los sacaron de sus camas, a empellones, a golpes, a gritos. Más que obligarlos a vestirse los vistieron a la fuerza con los trapos que tenían a la mano. Los subieron de parrilleros en los aparatos y se perdieron con ellos noche adentro.

   A otro lo recogieron en los extramuros huyendo por callejones oscuros, escondiéndose en los porches, buscando el agujero más negro donde nadie lo reconociera. Resistió varios días hasta que lo cazaron durmiendo entre mendigos, drogadictos, asaltantes... Lo metieron en una Trooper reluciente, negra, de vidrios polarizados, siempre presente, siempre lista.

   A uno más lo siguieron durante meses. Lo rastrearon en una cantinucha de mala muerte y buena vida, ahíto de fugas, fatigado de beber y de matar.

   Los encontraron cerca de Fisher Point en una gran explanada que llaman Grassing Placea Asesinados. Torturados hasta el último aliento. Estaban atados con alambres de púa, de dos en dos, espalda con espalda. Formaron con ellos un solo cuerpo de horror y sevicia apenas imaginable en la mente de un loco. Al primero le arrancaron los ojos. Al segundo le cosieron los labios. Al tercero le cercenaron las orejas y al cuarto le facturaron las tibias y los peronés de ambas piernas. No tenían, como dijeron, un cartel que señalara responsables, castigos y causas. ¿Para qué más avisos? No vea. No hable. No oiga. No huya. Al fin de cuentas todos en el condado son prisioneros en sus propios ranchos” [cap. VI, pp. 73-74].

 

martes, 2 de marzo de 2021

Más azul, más silencio


MÁS AZUL, MÁS SILENCIO

Antología

Ana Mercedes Vivas

Bogotá, Departamento de Publicaciones de la Universidad Externado, Col. Un libro por centavos, 2020, 75 págs.

Selección y cuidado de la autora

    Nacida en Cali en 1960, Ana Mercedes Vivas es Comunicadora Social con estudios en Alta Gerencia y un Diplomado en narrativa desde Las Víctimas para Construcción de la Memoria Histórica. Además, ha sido periodista en diversos medios y gerente de comunicaciones y asuntos corporativos en agencia de publicidad. Como poeta, publicó su primer libro, Verso a verso, en 1986, al que siguieron Las trampas del amor (1991), La noche del girasol (1996), Material de guerra y otros materiales (2001), Entre la espada y la pared (2009) y Corazón de pájaro (2020). En 1996 recibió el Premio Nacional de Poesía Carlos Saavedra por los poemas de Cartas de la nostalgia.

   Ahora, la Universidad Externado de Colombia publica una antología de su obra en la colección Un libro por centavos que, con tiradas muy altas y entrega gratuita con la revista El Malpensante, distribuye también por bibliotecas públicas, casas de cultura, colegio, universidades, cárceles. Los ejemplares pueden encontrarse en las universidades de Stanford, Yale y Harvard. Más azul, más silencio, que reúne poemas de  los títulos citados, transita por temas universales como la familia, el amor, el viaje (Nueva York, Londres, Granada), abierta asimismo al compromiso y a la denuncia, como los textos que reflejan la ciega violencia de organizaciones criminales (“Las sirenas de las ambulancias gritan / la enfermedad que nos desahucia”. Calle 43, Cra. 15), el asesinato político (“Tenemos miedo / por nuestra carne, / por la del otro, / el que encontraron / al borde la carretera”. Un sueño nuevo de las escalinatas), la incesante guerra civil (“Llegaron flotando por el río. / Eran los ‘NN’ de la guerra”. Los sin nombre), las víctimas inocentes del conflicto (“Vienen del llanto y del dolor / de los muertos no encontrados, / de todo lo perdido”. Las mujeres de la guerra), pero también la irrupción de terrores que creíamos olvidados como es la sensación de indefensión ante una peste avasalladora (“-“Tan inermes, / como entonces / tan doblegados por el miedo”. Más azul, más silencio). Reproducimos una de estas composiciones comprometidas con el terrible destino de los más desfavorecidos.

 

INMIGRANTES

    Llegan por el mar como la espuma

o como los maderos de un velero rendido

         al embate de las olas.

Son el naufragio mismo.

 

         La marea baja

que arrastra y nos cuestiona

nuestra propia humanidad,

la sal de todas las lágrimas

que deberíamos derramar.

 

Con sus labios evocan

         pasados presurosos,

y dátiles y flores en medio del desierto

tienen en la mirada un solo destino:

         La playa de ese continente

         donde puedan estar a salvo.

Allí, donde el niño pueda crecer

y los ojos de las mujeres

no se vistan de pánico,

debajo de los velos.

 

Son “Ramy”,

¿sabíamos que quiere decir

            viento gentil?

O Layan, ¿que es el nombre árabe para

            amable y tierno?

O Layan, el que amado por todos

         no pudo llegar

y dejó su pequeño corazón

en las orillas de la esperanza.

 

Tienen nombres, tienen sueños,

son más que una cifra de repetición:

         Pido rosas, ¡rosas!

Y no alambre de púas

                   para ellos.