jueves, 2 de diciembre de 2021

Entorno claro

  

ENTORNO CLARO

Haikus, Jaiquillas

Carlos Medrano

Mérida, Editora Regional, Col. Poesía, 2021, 73 págs.

    La vida de Carlos Medrano (Salamanca, 1961) ha transcurrido entre Extremadura -su tierra de formación vital y literaria-, Valladolid y Mallorca donde reside desde hace 25 años y es profesor de secundaria. Ha publicado algunos libros: un inicial Corro (Badajoz, 1987), Las horas próximas (Badajoz, 1989), los cuadernos o plaquettes A lo breve (Mérida, 1991) e Imágenes, encuentros (Valladolid, 1996). Tras un cierto periodo de silencio creativo y desconexión insular, en septiembre de 2010 abre un blog llamado Isla de lápices donde ha ido recogiendo su nueva obra escrita desde entonces y otros materiales anteriores. Al margen de otras colaboraciones previas, en los últimos años ha participado en una antología de poetas vallisoletanos, Sentados y de pie, 9 poetas en su sitio (Fundación Jorge Guillén, 2013) y publicado en edición no venal Donde poder volver (Don Benito, 2016). Entorno claro, que ahora publica la Editora Regional de Extremadura, recoge una serie de breves poemas situados en una tradición de la que el poeta da cuenta en un epílogo. En él cita referentes como Antonio Piedra, Francisco Pino o los tankas de Ángel Campos que recogen, con una expresión minimalista (aquella que no puede ser mejorada por la eliminación de algún componente), textos sucintos que captan una mirada a la naturaleza asociada a una emoción tácita o expresa. La naturaleza recogida en los poemas de Carlos Medrano pertenecen a lugares en que vivió (Valladolid, Soria, Yuste y la Vera y Artà, en Mallorca), casi siempre radiante, pero también destructora (tormentas y riadas, seísmos, tsunamis…), que pueden leerse en ocasiones como textos francos (“Ondean penachos / amarillos de juncos / altivos, libres”), pero con mayor frecuencia aparecen hilvanados trazando un sutil desarrollo lineal, pues “la particularidad de este libro consiste en que los poemas que lo forman van escritos en haikus enlazados. Es decir, en un momento dado surgió escribirlos en una sucesión que permitía un poema con un desarrollo mayor al de la imagen puntual contenida en tres versos, capaz así de albergar una reflexión, una pintura más amplia, una escena lograda con una suma en varios tiempos” [Epílogo, pp. 70-71]. Partiendo siempre de la contemplación de la naturaleza (que Guillén condesó en un pentasílabo: “Mira. ¿Ves? Basta”), el poema se abre así a un abanico de sensaciones personales o reflexiones íntimas. Reproducimos uno de los poemas en que ocho haikus enlazados “relatan” la subida a la cima de una montaña y el descenso (subes, cima, altura, “Otro es quien baja”).

CITA

Sin la montaña

no podría la nube

rozar la hierba.

 

Cuando a ella subes

el aire que te envuelve

es la memoria.

 

Y es más profunda

el ala hacia adentro

toca y te abisma.

 

Desde la cima

la mirada descubre

cada minucia.

 

En ti se unen

la senda y el aroma

de lo que vibra.

 

La voz callada

que en esta lejanía

la altura atiende.

 

La luz persiste

en el trazo imprevisto

de la palabra.

 

Otro es quien baja

y recibe en silencio

la transparencia.

 

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