domingo, 7 de abril de 2013
miércoles, 3 de abril de 2013
Literatura del dolor
LITERATURA DEL
DOLOR. POÉTICA DE LA BONDAD
Eugenio Fuentes
Mérida, Editora
Regional de Extremadura, Col Plural, 2013, 217 págs.
Eugenio Fuentes (Montehermoso, 1958) ha cultivado géneros literarios como el artículo periodístico o el ensayo (La mitad de Occidente, 2003; Tierras de fuentes, 2010), pero es en la novela donde ha destacado desde la publicación en 1999 de El interior del bosque (Alba Ediciones, reeditado por Tusquets en 2008) que lo convirtió, a medida que se sucedían títulos publicados por las misma editorial barcelonesa, en uno de los autores de novela negra más reconocidos y traducido a otros idiomas. Ahora, la Editora Regional de Extremadura publica Literatura del dolor. Poética de la bondad, una recopilación de ensayos sobre el dolor y la bondad en la creación literaria, que da título al volumen, sobre la evolución de los géneros literarios y sobre la esencia del que él cultiva (seguidos de una aproximación a autores de muy diversa condición como Chesterton, García Pavón, Francisco González Ledesma, el cubano Leonardo Padura, Stieg Larson o Vázquez Montalbán). Reproducimos el arranque de uno de los capítulos (“Otra vuelta de tuerca: la novela negra”) en que aborda, con singular lucidez, la naturaleza de este escurridizo género narrativo.
“La novela negra es un género híbrido, hijo
de la novela realista del siglo XIX, que surge cuando a una historia propia de
lo que antes he llamado literatura del
dolor se le da una nueva vuelta de tuerca para complicarla con dos
ingredientes característicos: el enigma
y el daño.
El enigma,
el misterio, nace de la aplicación de un violento hipérbaton en su estructura
narrativa, como afirma Vargas Llosa. El orden tradicional de la narración en
tres partes –planteamiento, nudo y desenlace- es alterado y se oculta al lector
un dato fundamental que, sucedido cronológicamente al inicio, solo se revelará
en el desenlace, para provocar curiosidad, interés, inquietud. Una novela de
misterio comienza in media res, una vez causada la muerte, cometido el delito o
surgida la sospecha.
El otro ingrediente es la creencia razonable
de que ha habito intencionalidad al
provocar el dolor.
A veces basta una sola de estas dos características:
en Los crímenes de la rue Morgue sólo
hay enigma, no hay voluntad consciente y racional de hacer daño; y en otras
obras sólo hay daño, no hay enigma, desde el principio se conoce todo lo
ocurrido, quién es inocente y quién es culpable. Se trata de localizar a este
último, o de explicarlo, o de vencerlo: El
talento de Mr. Ripley, de Patricia Highsmith.
Es decir, una novela negra no sólo pretende
describir el dolor, también se pregunta por su causa y sus circunstancias,
quiere averiguar quién, cómo y por qué ha sido causado” [pp. 66-67]
martes, 26 de marzo de 2013
Junto al Gévora
Cuando
voy unos días a La Codosera suelo dar un paseo mañanero por las afueras del
pueblo siguiendo la carretera de San Vicente de Alcántara hasta llegar al río
Gévora, cuyas aguas, límpidas y frías, bajan cantarinas desde Portugal a la
sombra de los alisos (es el único río pacense en que las truchas pueden
sobrevivir, aunque no reproducirse). El pasado domingo me crucé con un vejete
que caminaba ligeramente inclinado hacia adelante con las manos cogidas a la
espalda. Como en la zona de la raya es obligado saludar a los desconocidos, sopesé
varias fórmulas de cortesía (Con Dios, A la paz de Dios, Buenas…) y opté finalmente
por la más laica, “¡Vamos allá!”. El hombre me miró y contestó sonriendo con
sorna: “Eu nao vou; eu já venho” (No voy; yo ya vengo).
Seguí mi camino preguntándome por qué había
sonreído de aquel modo hasta que di con la respuesta. ¡El muy tunante había hecho una trampa
en el juego! En vez de responder al sentido de la fórmula de saludo (que, como
todas las demás, es una expresión lexicalizada), había contestado al
significado literal de mis palabras (tal vez porque en portugués “¡Vamos allá!” no sea propiamente un saludo). Es decir, se había burlado de mí
y sonreía satisfecho de su travesura.
Pero más tarde caí en la cuenta de que,
además, me había contestado en verso (cuando yo me había dirigido a él en
prosa), así que reproduzcamos el "poema" como Dios manda.
“Eu nao vou;
eu já venho”.
Como puede verse, se trata de un pareado de
tetrasílabos blancos (“vou” es una palabra tónica y hay que sumar una sílaba;
los portugueses, más perezosos que nosotros, cuentan hasta la última sílaba
tónica del verso e ignoran la terminación aguda, llana o esdrújula del mismo.
Para ellos, por tanto, estos versos son trisílabos). Una mirada más atenta
permite descubrir que en esas ocho sílabas (al otro lado de las sierras cercanas de la frontera, recordemos, sólo seis) utilizó una anáfora (ambos versos
comienzan con la misma palabra), un paralelismo (las estructuras sintácticas
son similares) y una antítesis (entre “vou” y “venho”). Por último, el texto,
como aconsejaba Antonio Machado, permite una lectura “de frente” (yo ya regreso
del paseo) y otra “al sesgo” (soy un anciano y ya vengo de vuelta).
La anécdota que cuento ejemplifica lo fácil que
es extralimitarse comentando un texto: es evidente que el anciano ignora
absolutamente todo lo que llevamos dicho y se sorprendería mucho del comentario
(puedo imaginarlo llevándose un dedo a la sien y sonriendo, una vez más, con sorna). Ahora
bien, el hecho de que los recursos empleados en un texto sean inconscientes o
involuntarios ¿desvirtúa o entorpece su eficacia? No estoy seguro de que sea buena
idea preguntárselo a él cuando vuelva a verlo.
viernes, 22 de marzo de 2013
Átomos y galaxias
No acaba uno de acostumbrarse a la extraordinaria
gama de posibilidades que ofrecen las distintas herramientas de Internet. Leí
en el blog de José Luis García Martín, Crisis de papel, una reseña sobre el
último libro publicado por Miguel d’Ors (Santiago de Compostela, 1946), Átomos
y galaxias (Sevilla, Renacimiento, 2013). Un día más tarde, Álvaro Valverde
colgaba en su blog otra reseña del libro con un enlace a un lugar en facebook
que recogía varios poemas de la obra. Allí encontré esta décima.
AVECEDARIO
La golondrina, aguzada
como un flechazo de Amor;
el mirlo madrugador,
gayarre de la enramada;
la tórtola que, enlutada, [5]
borbota su desconsuelo
en Fontefrida; el mochuelo
dando ejemplo de atención.
Y los gorriones, que son
la calderilla del cielo.
Me pareció que el texto, además de su
indudable calidad, era muy apropiado para un examen, así que le añadí un
repertorio de preguntas y lo colgué en un blog destinado a mis alumnos de
literatura universal de segundo de bachiller. No podían preguntarme nada sobre
el poema, pero sí podían consultar cualquier duda en internet (yo ya había
comprobado que era posible encontrar fácilmente todas las respuestas). Mientras,
cada uno frente a su ordenador, hacía el examen abrí mi correo y allí, solo un
día más tarde de subir el texto, tenía un mensaje del escritor en que me decía: “tengo
la sensación de que nos hemos conocido personalmente, quizá con ocasión de una
tesis, una conferencia, una oposición o una lectura poética en Extremadura. Sea
como sea, quiero agradecerte el honor que me haces al dedicar tan simpática y
sabia atención a mi "Avecedario" en tu blog. Pocas veces me he
sentido tan bien comprendido por un lector. Gracias y un cordial saludo. Miguel
d'Ors”.
En
efecto, Miguel d'Ors formó parte del tribunal ante el que leí mi tesis doctoral, dirigida por Gregorio Torres Nebrera. Eso sucedió el 11 de julio de 1997, una
tarde de calor sofocante en Cáceres, con todos anonadados por la amenaza de ETA
de asesinar a Miguel Ángel Blanco, cosa que haría al día siguiente.
El resultado del examen, como era de esperar, fue
variopinto. No me resisto a reproducir las respuestas a una de las preguntas: “¿Por
qué crees que el poeta habrá identificado a los gorriones con un sustantivo
colectivo como “calderilla” (“conjunto de
monedas de escaso valor”)? Contestaron: porque
son muchos y pequeños, por su gran número y porque no son diferentes, debido al
vuelo de los gorriones en bandadas, porque son abundantes como la calderilla,
porque son aves muy comunes, porque son muy simples y no tienen ninguna
cualidad específica, porque son pájaros pequeños y fáciles de apresar (?),
porque hay muchos y todos son iguales.
Nota
En cierto momento del examen los interrumpí
para leerles el correo del poeta. Al terminar, les pregunté: “¿No os parece
todo esto mágico?” Me miraron muy sorprendidos, un poco como el mochuelo del
poema, y contestaron a coro: “No”.
jueves, 21 de marzo de 2013
domingo, 17 de marzo de 2013
lunes, 11 de marzo de 2013
sábado, 9 de marzo de 2013
La leyenda negra
LA LEYENDA NEGRA
Historia natural y moral de una
catástrofe ecológica
[1492-1592]
Agustín Muñoz Sanz
Mérida, Editora Regional de
Extremadura, Col. Estudio, 2012, 252 págs.
Jefe de la
unidad de patología infecciosa del Hospital Infanta Cristina de Badajoz y
profesor de la Universidad de Extremadura, Agustín Muñoz Sanz (Valle de la
Serena, 1953) es autor de novelas (O
Yacoi, 1994), Venturas y desventuras
de un pícaro sueco, 1997), Aunque
sean soberanos los empeños, 2009), libro de relatos (La dehesa de los Bidasoa, 1992), libros viajes (En busca de Ítaca, 1992), además de
varios libros de ensayo, dos obras de teatro y numerosos artículos
periodísticos. Ahora la Editora Regionalde Extremadura publica Leyenda negra.
Historia natural y moral de una catástrofe ecológica, un estudio dividido
en tres bloques: “El escenario y los actores de la tragedia”, “Los aderezos
ecológicos del desastre” y “Las epidemias que asolaron el otro medio mundo”
para cerrarse con un epílogo titulado “Alegato bien probado sobre la leyenda
negra”. Reproducimos un fragmento del Prólogo.
“Sorprende que
un bulo –se trata de una leyenda, no de un mito- de tamaña categoría, al que no
hay forma de ponerle origen, ni autoría, ni base científica historiográfica que
lo sustente, tenga una vigencia de cinco siglos y siga siendo motivo de polémica
entre expertos y aficionados. Y de sustento curricular e ideológico e
determinados sectores de la inteligentzia
universitaria, mediática y política anglosajona (sobre todo inglesa, aunque
también norteamericana, europea y, cosas veredes, amigo Sancho, española), amén
de ser la teta inagotable que nutre de agria leche el rencor irremisible, el
afán de venganza y el revisionismo de no pocos ciudadanos nacidos en (y
habitantes de) lo que se conoce hoy como Iberoamérica” [p. 15]
lunes, 4 de marzo de 2013
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