viernes, 15 de marzo de 2019

Partes de guerra


PARTES DE GUERRA
  
Ramón J. Soria Breña
Mérida, De la Luna Libros, Col. Lunas de Oriente, 2018, 116 págs.


   Ramón J. Soria Breña (Jarandilla de la Vera, 1965) es escritor y sociólogo. Además de varios trabajos de sus especialidad, ha publicado el libro de relatos Los dientes del corazón (Baile del sol, 2015) y las novelas Los últimos hijos del lince (2010) y El barco canival (2018), con la que obtuvo el premio Ciudad de Salamanca de 2017. Ahora, la editorial emeritense De la Luna Libros publica Partes de guerra, una compilación de diez relatos que si bien permiten una lectura independiente entrelazan sus tramas por la relación, íntima o casual, de sus protagonistas. Relacionados por un episodio común (unas impúdicas cartas de Teresa de Cepeda encontradas en el uniforme de un miliciano caído en la Ciudad Universitaria de Madrid), los relatos, localizados en una España en guerra y una Europa amenazada por el Golem nazi, nos llevan por Madrid, defendido por  los brigadistas internacionales (adonde llegará Ariadna Salom siguiendo a su amante), en Praga en donde André Salom esconde y logra salvar de este modo las cartas de la devastación alemana, en Berlín en donde Hans Wolf prueba nuevos modelos de aviones de combate, en Melilla en donde los legionarios fusilan a los oficiales que no se suman a la sublevación, en las cárceles franquistas de posguerra (en las que es torturada Ariadna y las presas pierden a sus hijos)… Entre la rigurosa documentación sobre este periodo histórico y una intencionada libertad de invención, los relatos acogen a numerosos protagonistas reales, como dirigentes españoles y alemanes, militares, pero también hay referencias al capitán Virgilio Leret, fusilado en el 36, y a su esposa Carlota O’Neill, encarcelada durante cinco años, o a Dulce Chacón que, por mediación, de su nieta entrevista a Ariadna para La voz dormida. Reproducimos un fragmento en que se traza el destino de uno de los personajes bajo el yugo nazi.

   “Unos meses después André Salom comprende. Su hijo mayor asesinado, sus amigos desaparecidos, sus casas arrasadas. El tren no se para. Cada vez hace más frío dentro de los vagones de mercancías y sin embargo la gente no protesta, no habla. Él ya se siente anciano y no teme a la muerte a pesar de tener sesenta y cuatro años y muy buena salud. La noche antes de que tuviera que presentarse en la estación envolvió con cuidado las cartas y las escondió tras las obras completas de Alexander von Humboldt. Pensó primero esconderlas bajo sus ropas. Después recordó que en una esquina del salón había un listón de la tarima que podía levantarse, pero consideró que estaban más seguras allí, entre otros libros. Si se han salvado del fuego durante tantos siglos será que algo las protege. Pensó para sí. La última carta de Ariadna no dejaba lugar a dudas: la guerra en España estaba ya perdida. Pero ella seguía allí aunque sus hermanos desde los Estados Unidos le rogaban que viniera con ellos antes de que fuera demasiado tarde. Al menos  la chiquilla no estaba aquí, en Praga, no vería lo que estaban haciendo ya los nazis con su ciudad y con su gente” [pp. 53-54].

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