viernes, 13 de mayo de 2022

El Holocausto y la España de Franco

EL HOLOCAUSTO Y LA ESPAÑA DE FRANCO

Enrique Moradiellos, Santiago López Rodríguez y César Rina

Madrid, Ed. Turner, 2022, 316 págs.

Introducción de Enrique Moradiellos

 

   El Holocausto y la España de Franco reúne estudios de Enrique Moradiellos (catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Extremadura y miembro de la Real Academia de Historia; investigador en la University of London y profesor en la Universidad Complutense de Madrid), Santiago López Rodríguez (investigador en el centro Hugo Valentin de la Universidad de Uppsala; doctor por la Universidad de Extremadura e investigador visitante en la École des Hautes Études en Sciences Sociales de París) y César Rina Simón (profesor de la Universidad de Extremadura e investigador del grupo Use of the Past de la Universidad de Lisboa). El volumen acoge ensayos de Moradiellos (“El odio más antiguo y versátil”, “Franco ante la ‘cuestión judía’”), López Rodríguez (“La diplomacia española durante el Holocausto”, “La España de Franco y el descubrimiento del Holocausto”) y Rina Simón (“’Ya los encontraremos’. Judeofobia y antisemitismo en Extremadura (1931-1950)”.

   Reproducimos un fragmento de este último estudio que arranca de con una pregunta sorprendente: “¿Cómo pudo extenderse el antijudaísmo durante dos décadas en la prensa de una región tan periférica y que no contaba con apenas población judía? La intensa propaganda contra este enemigo inexistente solo se puede comprender tomando en consideración un recurso imaginario que condensaba fobias de largo recorrido histórico y que hacía presente lo invisible” [p. 228]

    “El antijudaísmo se recrudeció en la campaña electoral que dio la victoria al Frente Popular, presentada tanto en la prensa regional como en la nacional como un plebiscito entre las dos Españas: la patriótica y católica y la revolucionaria "atada a Moscú, la esclava del judaísmo la que chilla en ateo". Los políticos del Frente Popular "son de Moscú, son masas movidas por resortes judíos". Este plebiscito nacional adquiría tintes apocalípticos, encarnados en los cuatro jinetes: "judaísmo, comunismo, muerte y masonería". Se trataba de una guerra d civilizaciones: "El judaísmo que odia [...] cuanto ostenta influencia cristiana hace dos mil años que aprovecha todas las coyunturas que se le ofrecen para sustraerse al castigo que acarreó sobre sí, ante el banco de Pilatos, pidiendo la muerte del justo, y como el pueblo eternamente errante no encuentra otro procedimiento que borrar del mundo hasta el nombre cristiano, a este objeto satánico ordena todos sus embates". Los judíos empleaban una acción política determinada: "la calumnia, la injuria, la persecución y el asesinato siempre que se les brinda ocasión propicia". Ocasión que habían encontrado con la Revolución rusa, "donde ocupan los cargos más influyentes".

   En febrero de 1934, Extremadura. Diario Católico, publicó un artículo de Oscar Pérez Solís donde se relacionaba la República con el judaísmo y la masonería; "poder que busca las sombras y el misterio, como si no fuera capaz de resistir la luz y la mirada de todos [...]". Por su parte, en las páginas de Hoy, Medina Gata incidía en que Marx "fue ante todo un judío. Por eso no podrá ser nunca español. España es esencialmente antijudía". Además de "moro" y "rifeño", Marx era el `prototipo de judío errante, sin hogar y sin patria, agrio, displicente r duro [...]. No es un hombre". [pp. 240-241].

 

 

 

 

Länder


 LÄNDER

Rosell Mendo, Xavier

Mérida, Editora Regional de Extremadura, Col. Poesía, 2022, 72 págs.

    Xavier Rossell (Badajoz, 1990) es integrador social y desarrolla su trabajo en proyectos de atención a infancia y adolescencia y colectivos en riesgo de exclusión social. Ha publicado los poemarios La forja del elefante (1987, 2018) y Huir (2019). Textos suyos se encuentran en antologías como Diáspora: poetas extremeños en el "exilio" (2019). Participante en proyectos de mail art, coordina, junto a Leonor López de Carrión, la Asociación Cafuné. Es asimismo participante en proyectos de mail art. Ahora la Editora Regional de Extremadura publica Länder (países, territorios), que agrupa los poemas en cinco bloques (“Palazuelo”, “Espacios del hogar añil”, “Madres”, “La ciudad” y “Estación de enlace”), en los que confluyen motivos como la naturaleza y la ciudad, el viaje, los territorios de los seres más próximos y de la naturaleza en textos breves de expresión precisa y original Reproducimos una de las composiciones del tercer apartado.

 

lo invade todo el aceite crudo, la música de los bosques

con su cáscara de nogal; boletus escoltándote entre pinos

compartiendo sustratos con la sábana del musgo

 

no muy lejos de donde te escribo la soledad ha repartido

suerte: nacen nuevos madroños, segundos cerezos y

posiblemente en su fruto se halle otra oportunidad.

                                                                  [el valle]

miércoles, 11 de mayo de 2022

La muerte del Pinflói

 LA MUERTE DEL PINFLÓI

Juan Ramón Santos

Tenerife, Ed. Baile del Sol, 2022, 194 págs.

   Licenciado en Derecho y en Ciencias Políticas, Juan Ramón Santos (Plasencia, 1975) trabaja como gestor cultural en su ciudad, donde coordina con Nicanor Gil el Aula de Literatura "José Antonio Gabriel y Galán". Entre 2015 y 2019 fue presidente de la Asociación de Escritores Extremeños. Es autor de los libros Cortometrajes y Cuaderno escolar, con los quedó finalista del Premio Setenil al mejor libro de relatos publicado en España en sus ediciones de 2005 y 2009, así como de El círculo de Viena, Palabras menores y Perder el tiempo, también de cuentos. Ha publicado, además, las novelas Biblia apócrifa de Aracia, El tesoro de la Isla, El verano del Endocrino (con la que, bajo el título de Fuera de órbita, quedó finalista del Premio Nadal en 2018), y El síndrome de Diógenes, Premio Felipe Trigo en la modalidad de narración corta en 2019, así como dos libros de poemas, Cicerone y Aire de familia. En 2021 ganó el XXIX Premio Edebé de Literatura Infantil con el libro El Club de las Cuatro Emes. Ha traducido del portugués las novelas Lo invisible, de Rui Lage, y Las primeras cosas, de Bruno Vieira Amaral, y la obra de teatro El testimonio de Alabad, de Nuno Pino Custódio. Mantiene una sección dedicada a la reseña y recomendación de libros en la web www.planvex.es bajo el título "Con VE de libro".

   Emparentada temática y formalmente con narraciones anteriores, La muerte del Pinflói, que ahora publica la editorial tinerfeña Baile del sol, inicia su trama con la aparición junto al pantano del río Cárdeno del cuerpo de un hombre de Labriegos (Paulino, conocido por todos con el apodo de Pinflói) sin aparentes muestras de violencia. A partir de este episodio, la novela se adosa intencionadamente a la estructura de la novela policial, un género mayoritariamente urbano que en este caso se localiza en una “geografía de autor” familiar para cualquier lector del escritor, Aracia, Labriegos, Pomares, Aldeacárdena, el río Cárdeno… , tan familiares como algunos de los principales personajes de esta narración, el maestro Constante (narrador una vez  más  de la historia), el Endocrino, Jero…, que habían aparecido en una novela anterior, El verano del Endocrino (en que el protagonista desvela algunos episodios enigmáticos sucedidos en el pueblo, como si en ellos radicara el germen de esta novela). Se suceden episodios tomados del género elegido como modelo: el Endocrino y Constante aceptan el encargo de la madre de Paulino para que descubran quién lo ha asesinado, se enfrentan al rechazo del sargento Blázquez aferrado a la expeditiva teoría de que ha muerto de un infarto o de que se ha suicidado (y no hay nada que investigar), buscan pistas en donde apareció el cuerpo, interrogan a familiares y conocidos, se aproximan a los entornos degradados en los que vivió el personaje (drogadictos que deambulan por los arrabales más degradados de Pomares) hasta ir reconstruyendo durante dos semanas de primavera los últimos momentos de la vida de un buen muchacho pervertido por malas compañías (como cree su madre), de “un infeliz y un desgraciado” (según cree su hermano Román) o un pobre ingenuo hundido en el turbio mundo de la cultura del rock y del consumo de estupefacientes. Porque frente al enigma propio del género (¿Cómo murió?) va aflorando de modo progresivo otra incógnita (¿quién fue?). Y es que sobre el andamiaje estructural de una narración policial (al fin, una muestra más de una novela lúdica) nos encontramos ante una novela existencial centrada en la enigmática naturaleza de la condición humana, pues ese pobre diablo  (muerto de una sobredosis, de un infarto o por un ajuste de cuentas) está condenado (como todos nosotros) a convertirse en un “relato” de versiones vagas y contradictorias durante un corto periodo de tiempo antes de ser engullido por un olvido definitivo. Reproducimos un fragmento en que se una de las variantes de de la deriva vital del Pinflói,  la que da el maestro de escuela. 

   “Al llegar abrimos dos cervezas, nos acomodamos en el sofá y lo primero que le conté fue que una vez a alguien se le ocurrió decir que el Pinflói había nacido en Melilla y no en Labriegos, y que, aunque lo había dicho en broma, en realidad no le había faltado razón, pues hasta ese momento, hasta que el Estado se acordó de que existía y lo llamó a filas, el Pinflói no había sido más que Paulino, un muchacho difícil de distinguir de los muchos otros muchachos que, en aquellos años, que todavía eran de esplendor —tiempos de agricultura, en los que el campo aún era el campo y en los que se estaba construyendo la prometedora presa sobre el Cárdeno—, pululábamos por Labriegos, un muchacho de liga, de garulla, de chato de vino peleón a escondidas el día de San Antonio, y luego, más adelante, cuando empezaban a brotarnos los granos y la pelusa del bigote, de baile agarrado por la tarde en la verbena y paja fugaz por la noche en la era, después de arrimarse sin disimulo a las muchachas en la plaza, un muchacho, en definitiva, sin atributos, sin ningún signo distintivo, que se marchó a África a hacer la mili y volvió no me atrevería yo a decir que hecho un hombre, pero sí con nombre propio, el de Pinflói, incluso con una cierta personalidad, por más que fuese una especie de personalidad en negativo, construida casi por omisión, a fuerza de no querer ser nada ni hacer nada, un muchacho que volvió para siempre ido, absorto, estupefacto de tanto y tanto abusar de estupefacientes, un chaval, en definitiva, que no regresó nunca del todo, permaneciendo para los restos en un mundo no sé si de sexo, pero sí al menos de drogas y rock & roll”. [pp. 17-18].

 

miércoles, 4 de mayo de 2022

Los caballos bermejos del simún

LOS CABALLOS BERMEJOS DEL SIMÚN

Leandro Pozas

Mérida, De la Luna Libros, Col. Lunas de Oriente, 2022, 88 págs. 

   Nacido en Cáceres en 1951, Leandro Pozas es actor, periodista, dramaturgo y docente en la Escuela de Arte Dramático de Extremadura, que ha publicado y estrenado diversas obras como Historias con música (2000), La espada del teatro (1997), La urdimbre (1995), Aventuras de Dick el Parisien, pirata de oficio (1998), Un tal Amorfo...), la novela Crónica oficiosa de la Paca la Coja (2001) y también ha colaborado en libros de carácter colectivo con ficciones narrativas, teatrales, ensayos y ha firmado artículos de opinión en prensa sobre cine y teatro. Ahora, la editora emeritense De la Luna Libros publica Los caballos bermejos del simún, un conjunto de diez relatos de perfil temático y formal muy distintos, por cuya superficie deambulan damas de la caridad fascinadas por el joven obispo, políticos mendaces, niños que exigen obsequios disparatados, amenazas fantasmales, un extraño viaje de placer a Polonia, un sepelio propio del realismo mágico o unos caballos celestes. Reproducimos un fragmento de uno de los relatos, “El tren de Alemania”, con los tonos del realismo social y un propósito documental y de denuncia de una España que expulsa a sus habitantes al extranjero, en el que una leve crítica (“¡Esto es España, sí señor! ¡La España una, grande y libre, camino de Alemania”) es contestada con la amenaza falangista de rigor (“Da la cara, cabrón”).

 

   “-Padre, ¿por qué se quiere ir usted a Alemania?

—Yo no me quiero ir a Alemania. No me quiero ir, hijo.

—Entonces, ¿por qué se va usted?

—Porque..., porque... Es igual, no lo entenderías... Cuando seas mayor.

—Pero, yo, quiero entenderlo... Y el padre, apurado:

—Porque tenemos que comer tu madre, tú y yo.

—Pero si aquí, en España, hay mucha comida.

   El padre lo mira. Ya no sabe qué responder. Se sume en una remota y triste mudez, como eterna, una mudez que parece traspasar las generaciones.

   De repente la multitud sufre una sacudida y oscila con comedida violencia hacia la izquierda del andén, luego a la derecha. Pero con rapidez, todo y todos recuperan el equilibrio.

   El hijo contempla curioso el vaivén y parece olvidarse de la conversación.

   Un niño de teta llora con desesperación entre el gentío. Tiene hambre o es una forma de protesta por el inesperado movimiento. Luego se calla.

   En medio de la noche, en la deteriorada carretera que corre paralela a la vía del tren, surge una carreta tirada por dos bueyes apenas iluminada por la luz del apeadero. Un hombre enjuto y moreno, prematuramente avejentado, las guía valiéndose de una vara de mimbre. Si se pudiera ver su ropa se podría observar que está hecha de remiendos superpuestos, como los harapos de los primeros Arlequines.

—¡Torcazo!, ¡Pachucho!, les grita a los bueyes que, cansados y cansinos, tiran con desgana vacuna de la destartalada y chirriante carreta. —¡Quieeetos...!, grita el hombre. Los bueyes paran en seco, aliviados tal vez. El hombre observa con curiosidad y tristeza la escena del andén. Suelta una maldición y escupe lejos un gargajo”. [pp. 40-42].

 

martes, 3 de mayo de 2022

Estampas. Literatura y periodismo de vanguardia

 ESTAMPAS

Literatura y periodismo de vanguardia

Antonio Núñez de Herrera

Sevilla, Cicus, Biblioteca de autores meridionales, 2018, 487 págs.

Edición de David González Romero, César Rina y José María Rondón

Prólogo de David González Romero 

   Antonio Núñez de Herrera (Campanario, 199 – Montegordo, Portugal, 1935) es una notable figura, oscurecida por completo tras su temprana muerte, del panorama periodístico y literario de los años 20 y 30. Tras colaborar en su juventud en los diarios pacenses, Núñez Herrera (su segundo apellido era Cabezas de Herrera) se traslada a Sevilla integrándose desde sus comienzos en el grupo literario reunido en torno a la revista Mediodía (junto a nombres como Romero Murube, Collantes de Terán o Rafael Laffón), una de los grandes órganos de creación de la generación del veintisiete y colaborando en numerosas iniciativas culturales. A la llegada de la II República se involucra en la política municipal sevillana dirigiendo dos proyectos periodísticos de corta vida, el semanario republicano Crítica y El pueblo. Diario Republicano de Andalucía. Desde 1932 y hasta su muerte estuvo al frente de la hemeroteca municipal hispalense y en 1934 apareció un volumen de artículos periodísticos, Sevilla. Teoría y realidad de la Semana Santa. Durante su estancia en Extremadura (fue empleado de correos en varias ciudades pacenses) colaboró con artículos en Correo de la mañana y en La libertad y es mencionado por Ernesto Giménez Caballero como uno de los jóvenes literatos de vanguardia junto con Enrique Segura Otaño, Antonio Otero Seco o Francisco Valdés. Todos estos datos proceden de la cuidada edición que David González Romero, César Rina y José María Rondón prepararon para la Biblioteca de autores meridionales dependiente de la Universidad de Sevilla. Además de reproducir el texto de la única obra publicada por el escritor, los autores incorporan numerosos artículos clasificados temáticamente en “estampas”, “estampas políticas”, “crítica literaria”, “crónicas, reportajes y entrevistas”… Reproducimos un fragmento de un artículo aparecido en La libertad (9 de julio de 1927) titulado “Las desacreditadas musas” en el que con su característico tono humorístico y zumbón enfrenta la “vieja poesía” (modernista y neorromántica) con la poesía de la generación a la que por fecha de nacimiento y relaciones literarias el escritor pertenece.

    “El escritor de inspiración, el poeta del siglo pasado y principios del presente, sultán y gallo de las nueve musas; este poeta soplado que decimos —que tenía acaso en la pringue decorativa con que exornaba sus malandanzas toda la sustancia de su estro trashumante— leía poco —¿para qué habiendo musas?- quizás no conocía ni aun a los poetas más apropósitos para su plectro atribulado y tristón: Leopardi, Ausias March, Verlaine…

   Era bohemio antes que nada, y la necesidad de cultura no constituía, entre tantas, una primera necesidad. La inspiración, tan socorrida, era su «comodín» y su panacea; como Rocinante, su metafísica acaso era su ayuno, sus ansias cósmicas, ganas de comer.

   Sus musas, frecuentemente, vestían de luto riguroso; y aun alguna de ellas, deshonesta cariátide de todas las esquinas, ostentaba su liviandad en vanos y retumbantes versos.

   Ahora, el poeta actual, atildado y pulcro, si no desdeña enteramente la inspiración y el sentimiento, en cambio está más preparado; ha leído mucho, es culto, tiene en los estantes de su biblioteca la mitad de las musas encuadernadas; vive bien sin aditamentos de melenas crespas ni encrespadas chalinas, sabe un poco de humanidades y un mucho de literaturas extranjeras —francesa sobre todo—; ha templado su lira en la filosofía —la ha enfriado más bien—; no va como el bohemio, de funerales objetivos, a través de una literatura atormentada, y no precisa de las musas como tanguistas para las fiestas líricas de su mundo interior. No se ha hecho en las tabernas si no en las aulas; a lo sensiblero deshilachado y pocho quiere sustituir lo vigoroso y lo brillante, y busca en las formas clásicas gentiles prisiones a su expandido y suelto pensamiento”.  [pp.23-24].

 

miércoles, 20 de abril de 2022

A propósito de Cora

A PROPÓSITO DE CORA

David Narganes

Mérida, De la Luna Libros, Col. Lunas de Oriente, 2022, 83 págs.

    David Narganes nace en Peñarroya-Pueblonuevo (Córdoba), pero vive en Cáceres desde su infancia. Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Extremadura y profesor de Enseñanza Secundaria ha publicado diversos artículos y libros de investigación sobre literatura y cultura en Extremadura, como El teatro en Cáceres. Archivos y documentación (1586-1926), con la colaboración documental de Fernando Jiménez Berrocal, o Crítica y críticos teatrales en la prensa cacereña del siglo XX. Como creador, ha publicado relatos novelas como De la sangre de un dios, La torre de arena, Una de comediantes, Los fantasmas del páramo y El hombre que amaba Rita Hayworth.

   A propósito de Cora, que ahora publica De la Luna Libros, sitúa su trama durante los años 70 (con un salto atrás a la década anterior) en Ática, trasunto bastante fiel, como en novelas anteriores, de la ciudad de Cáceres (las referencias a espacios reales son numerosas) y su estructura es coral. Un narrador externo introduce en campo a los personajes sin descripciones iniciales registrando su comportamiento en mucha mayor medida que su interioridad. El resultado es un “friso” de seres humildes cuyas vidas van tejiendo una red de relaciones para componer una “epopeya de la gente corriente”. Todas estas características son propias del “realismo social de posguerra”, pero reflejar la realidad suele llevar inseminado el propósito de proponer un cambio, de denunciar un estado de cosas, de modo que la elección de unos personajes y unos episodios se ponen al servicio de una “intención”. Es relevante recordar el episodio en que Cora (el nombre del personaje que ha pasado al título), tras ser forzada a besar a un joven, es calumniada, denunciada por comportamiento  indecente, detenida e ingresada en un Reformatorio en donde será sometida a repugnantes métodos de “reeducación moral”. Y es que el destino de esta pobre muchacha, estigmatizada por todos, puede muy bien representar al de las demás mujeres de la novela, dominadas por una violencia masculina, una tradición cultural misógina y una sociedad lastrada por una ética de las apariencias. Reproducimos un fragmento que relata un encuentro de dos personajes de la novela en un interior perfectamente documentado y descrito.

    “El comercio donde Alberto trabaja de aprendiz es un viejo edificio que en tiempos más prósperos sirvió de soberbio almacén de pescado donde se amontaban las cajas de sardinas y bacalao seco. Todavía, cuando el tiempo se revuelve, las paredes despiden un fuerte olor a amoniaco. Como suele hacer todos los días, nada más llegar al trabajo, abre la puerta y las ventanas para ventilar el local, sortea los sacos de harina, de garbanzos, de lentejas y los rulos blancos de manteca envueltos en papel de estraza que se mezclan indiscriminadamente en el suelo, se pone el delantal que cuelga de un percha y ocupa su puesto tras el mostrador de mármol, en cuyo extremo descansa una romana. Tras él unas estanterías cerradas por cristales protegen los productos más caros del deseo de los cleptómanos: las latas de arenques y sardinas, los botes de leche condensada y las tabletas de chocolate. A un lado cuelga una cortina que oculta una habitación que hace las veces de almacén y cuarto de estar, donde come cualquier cosa cuando el volumen de trabajo le impide volver a su casa. Los clientes no suelen madrugar mucho, así que, después de comprobar que todo está en orden, dedica el tiempo de espera a leer con voracidad, una tras otra, las novelas del oeste que cambia en un quiosco que hay en la Plaza Mayor, sobre todo de Marcial Lafuente Estefanía y Silver Kane. Alberto sueña con escribir algún día novelas de vaqueros y ser tan famoso como ellos. Esa mañana le saca de la lectura un ruido que proviene de la calle. Ve entrar a Cora, una joven morena y delgada que tiene los ojos grandes, de color café. Lleva el pelo recogido y un pañuelo de lunares al cuello. No está bien peinada. Pero a Alberto Cora le parece guapa de todos modos.

         —¿Qué quieres? —le pregunta, amable.

         —Necesito fideos. Son para mi madre. Un cuarto —responde ella”. [pp. 37-38].

 

martes, 19 de abril de 2022

Las posibilidades

LAS POSIBILIDADES

David Eloy Rodríguez

Mérida, De la Luna Libros, Col. Lunas de Oriente, 2022, 118 págs.

    David Eloy Rodríguez (Cáceres, 1976). Autor de una veintena de libros publicados: poesía, literatura infantil, álbumes ilustrados, libro-disco, novela gráfica... Premiado en numerosas ocasiones, traducido a otros idiomas, interpreta su obra en distintos espectáculos artísticos multi-disciplinares, lo que le ha llevado a actuar en diversos países. Escribe también letras flamencas y de canciones, es profesor de escritura creativa, forma parte del colectivo la Palabra Itinerante y conduce la editorial Libros de la Herida. Ahora, la editorial emeritense De la Luna Libros publica Las posibilidades, un conjunto cincuenta textos narrativos de perfil muy variado (relatos y microrrelatos con frecuencia muy concisos) y distintos motivos que versan sobre “el azar,  la fatalidad, las pasiones, los sueños de escapar, las enigmáticas derivas del arte y del amor” [texto de contraportada]. Hallazgos intuitivos, remates imprevistos, paradojas (“En la isla ideada por Tomás Moro en su Utopía, la tolerancia era un valor esencias. Tanto era así que los intolerantes eran desterrados”, Tolerancia) son algunos de los procedimientos formales con que se tejen estas notables narraciones. Reproducimos uno de los textos.

 DELETE

    Te dije: «No aprietes el botón, por Dios, no aprietes botón», pero lo apretaste, tú eres así, te gusta llevar a contraria, debería haberlo pensado antes, y ahora estamos aquí, sufriendo las consecuencias.

   Era el botón de borrar todo. DELETE. Acababa de enseñarte dónde estaba, te había explicado el peligro.

   Y se borró todo.

   Se borró nuestra casa, se borró nuestro tiempo, nuestro milagro, se borró nuestro lenguaje íntimo y cómplice, único.

   Se borró el aire y ya no se puede respirar.

   Y ahora, te decía, estamos aquí, mirándonos sin vernos, buscándonos sin reconocernos, hablando por no callar, en mitad de un laberinto de desiertos.

   Y no hay nada, amor, nada”. [p. 101]

 

lunes, 18 de abril de 2022

El enemigo del hombre

EL ENEMIGO DEL HOMBRE

Montaña Campón

Mérida, De la Luna Libros, col. Lunas de Oriente, 2022, 114 págs.

    Montaña Campón (Cáceres, 1971) se licenció en Derecho por la Universidad de Extremadura. Colaboradora en revistas literarias, antologías de relatos y publicaciones colectivas, es autora de El secreto del coronel (Luhu editorial, 2013), Trece (Cuatro hojas, 2017), El bombo de Tomás (Norbanova, 2018) y Lisboa, Moscú, Madrid (Editora Regional de Extremadura, Orbital, 2021). Sus relatos han sido reconocidos a nivel nacional e internacional con numerosos premios y menciones: I Premio del VII Certamen de Cuentos Villa de Moraleja, con el relato Bea y el dinosaurio, II Premio en el III Certamen de Novela Corta Giralda (Sevilla) con El secreto del coronel, I Premio del X Certamen de Relato Corto José Luis Gallego de Aluche (Madrid) con Rojo vivo, III Premio en el XIII Certamen Víctor Chamorro de Hervás con El camino de las langostas, I Premio II Certamen de Relatos sobre Discapacidad del Centro Benito Menni, Valladolid, con La guerra de mamá, I Premio LII Certamen Casino Obrero de Béjar (Salamanca) con Summertime. El enemigo del hombre, que ahora publica De la Luna Libros, es una “nouvelle” que, en capítulos alternos, localiza su trama en dos espacios muy contrastados: la ciudad de Sarajevo, sitiada y asolada por los bombardeos, y un entorno rural de Utah. Si en la primera Amy, la protagonista, ejerce como fotógrafa de guerra (mientras busca a su amiga Maddison) en un escenario de ruinas y violencia extrema, en la segunda se dedica a elaborar un reportaje sobre las aves del entorno al tiempo que trata de sobreponerse a su experiencia bélica. Pero no es cierto que este segundo ámbito sea un medio de paz (frente a la locura bélica de los Balcanes), pues “el enemigo del hombre” (esto es, el propio hombre) envenena de violencia cualquier espacio sea la razón el nacionalismo fanático o la codicia. Reproducimos un fragmento que presenta a la protagonista en un escenario de ruinas.

   “Amy se desplazaba sigilosamente, de hendidura de puerta a hendidura de puerta, tratando de evitar balas perdidas que silbaban en la calle, intentando no ser descubierta por el niño que arrastraba el carrito y que se había enfrentado a ella la noche anterior. Algunas casas centelleaban en llamas y otras estaban completamente destruidas por las bombas. Apestaba a carne quemada y Amy se retiró el casco y tapó la cara con su pañuelo, para pasar desapercibida y evitar el vómito. El niño callejeaba ligero, el carro traqueteaba vacío y parecía conocer cada paso para sortear los cascotes, los cristales, los muertos. Amy, sin embargo, iba haciendo equilibrio sobre sus zapatos, para no pisar en el lugar equivocado y caer sobre los adoquines amontonados o un charco sanguinolento. El niño dobló la esquina y desapareció en el interior de una casa que era un armazón de ladrillo y barras de hierro retorcido. No tenía tejado, las habitaciones habían vertido sus paredes en el suelo y la madera se había convertido en cenizas. Amy se quedó parada en el centro de lo que parecía una cocina, mirando al cielo abierto recortado por un trozo de tela que venteaba como una bandera sin patria”. [p. 78].

 

domingo, 10 de abril de 2022

Cuentos de la generación de fin de siglo

   El pasado sábado Ángel Borreguero publicaba en “Trazos”, el suplemento del diario Hoy una reseña sobre Cuentos de la generación de Fin de Siglo (1890 – 1915), que con su permiso reproducimos.

 Manuel Simón Viola (edición, introducción y notas): Cuentos de la generación de Fin de Siglo (1890 – 1915). Mérida: Editora Regional de Extremadura, 2021, 224 páginas. 13 euros.

    Se hacía necesaria una antología que pusiera en valor esta literatura oculta o sistemáticamente despreciada, narraciones realistas y por lo general de temática campesina de los autores extremeños de finales del diecinueve. La ha hecho, con una introducción inteligente y atractiva, nada convencional, Manuel Simón Viola (La Codosera, Badajoz, 1955), autor de antologías y volúmenes críticos como ‘Medio siglo de literatura en Extremadura’, ‘La narración corta en Extremadura a finales de siglo’ o el segundo tomo, dedicado a la narrativa, de ‘Literatura en Extremadura (1984-2009)’.

   Abren el volumen los relatos del cacereño Publio Hurtado: ‘Culantrillo el curandero’, entre la alegoría y la denuncia, y ‘Las plumas del ganso’, de personajes más definidos y acción particularizada, que narra los amores contrariados entre Mariquilla, hija de un orgulloso menestral extremeño, y Antonio, escribano sin fortuna. Llama la atención en este relato de ecos románticos la prosa justa y simpática de Hurtado, entreverada de localismos que no la manchan ni la hacen cazurra o novelera, como quizá sí le ocurre en ocasiones al alburquerqueño Rodríguez Varo, también incluido en la antología. Los relatos de Varo son menos sutiles y más retóricos pero no están exentos de virtudes, como el sombrío humor de ‘Simila similibus’ o la aguda crítica social de ‘La cuerda’.

   También tienen cabida en el libro el naturalismo radical de Felipe Trigo y la escritura algo torpona y mazacote de Grande Baudesson, autor del breve relato de tema amoroso ‘Rosa la cortijera’ y del más largo ‘El fantasmón’. El primero de los textos incluidos de Trigo, ‘La primera conquista’, relato luminoso y juvenil, parece dar la impresión de pertenecer a un texto de mayor extensión, y Viola lo emparenta con ‘En la carrera’, quizá la novela más animosa y emocionante del escritor y médico villanovense.  Hay en estos relatos de Trigo poca sicalipsis, que es lo que uno espera siempre de él (“los pornos”, llamaba Umbral a Felipe Trigo y discípulos). En ‘Jugar con el fuego’, relato de esgrimidores y duelistas, Trigo ridiculiza la obsesión que por la honra siguen demostrando algunos caballeros de su época.

   Sigue el volumen con los relatos arcádicos y nutritivos de Gabriel y Galán, deliciosos en su defensa ingenua de la vida rural. En ‘Majadablanca’, el tío Pelao manda a su hijo Pelinos a estudiar a la capital, y de allí vuelve amarillo y desmandado, afecto a todos los vicios y maldades. La cosa corrompida del mozo capitalino acabará imponiéndose a la grandeza espiritual de los campesinos. En ‘Quijotada’ tenemos la historia de una pobre cabrera fea (“más fea que Dios”, p. 119) a la que llaman así, la Fea. Su madre le compra ropas nuevas y lujosas para presentarla en sociedad, pero a la postre sigue resultando fea (“vistiose la ropa nueva, que todo lo cubrió, menos la cara, que era tantas veces fea. […] Parecía un dibujo a pluma de los que hacen los chiquillos en la escuela, o a lo más, una caricatura disecada por el lápiz de un dibujante travieso” (p. 118). En el baile de la plaza del pueblo se ríen de ella, que tiene que volver humillada al monte: es la maldad de las gentes destruidas por el progreso, que han abandonado la sencillez de la vida campesina, parece decir Gabriel y Galán.

   Completan esta antología los relatos de Diego María Crehuet, ya cercano a la sensibilidad de los del 98, Javier Sancho y González, costumbrista conservador y elegante, y Antonio Reyes Huertas, a quien ya editó con brillantez Viola en el servicio de publicaciones de la Diputación de Badajoz.

   Son estos ‘Cuentos de la generación de Fin de Siglo’ un libro necesario, lleno de aciertos críticos, ilustrador de un panorama poco o nada tratado por la crítica más reciente.

 

viernes, 25 de marzo de 2022

Juan Ramón Santos en Don Benito




   Con la presencia del Alcalde de Don Benito, José Luis Quintana, recibimos en el salón noble del Museo Etnográfico de Don Benito la visita de Juan Ramón Santos (Plasencia, 1975) con la que se cierra la actividad del Aula Literaria Guadiana este curso académico (le precedieron Efi Cubero y Juan Bonilla). Reciente ganador del XXIX Premio Edebé de literatura infantil con El club de las Cuatro Emes, Juan Ramón Santos es autor de notable trayectoria literaria en géneros como la poesía, el relato o la novela. En su intervención de la noche del jueves, el escritor recordó  los inicios de su vocación literaria que ligó a los relatos orales de sus familiares y a las lecturas infantiles y juveniles, una vocación consolidada con lecturas en su etapa universitaria y en su paso por el taller del relato y la poesía de Plasencia cuyo ponente fue por entonces Gonzalo Hidalgo Bayal. En los coloquios posteriores a este acto y al del día siguiente en el IES Cuatro Caminos, alternó la lectura de textos con comentarios sobre su génesis y sus propósitos además de contestar a las numerosas cuestiones planteadas en los dos actos.